La Ley y el dogma

Por: Jesús M. Silveyra

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Recientemente, el senador Miguel Ángel Pichetto, le ha pedido tolerancia a la Iglesia Católica para con quienes piensan distinto respecto a la legalización del aborto en Argentina y afirmó que la Ley está por encima del dogma.

Valdría la pena recordarle al senador una serie de puntos a tener en cuenta antes de hacer tales aseveraciones:

En primer lugar, no es sólo la Iglesia Católica la que se opone a su legalización, sino también otras iglesias cristianas, miembros de distintas confesiones religiosas y ciudadanos sin profesión de fe alguna.

En segundo lugar, que la legalización del aborto es contraria a lo que dispone el artículo 19 del nuevo Código Civil y Comercial, aprobado en 2014 y que el senador votó a favor, que dice: "La existencia de la persona humana comienza con la concepción”.

En tercer lugar, que su aprobación pareciera ser anticonstitucional, toda vez que contradice el Pacto de San José de Costa Rica, al que adhiere nuestra Constitución Nacional, que reconoce el derecho a la vida a partir del momento de la concepción.

Asimismo, el senador debería recordar que el preámbulo de la Constitución Argentina, reconoce a Dios como fuente de toda razón y justicia.

Por otra parte, si el artículo 2 de la Constitución señala que el Gobierno federal sostiene el culto católico, ello no debe ser interpretado como algo meramente material, sino como algo sustancial hundido en nuestro ser nacional y en las raíces de la historia. En tal sentido, no se puede desconocer el pensamiento de la Iglesia Católica como para que no se expida en un tema de esta índole.

Por último, desconociendo las creencias del senador y con todo respeto, para que entienda por qué razón, para los católicos, Dios está por encima de todo, le referiría dos simples ejemplos.
El del apóstol Pedro, frente al Sanedrín, que pretendía juzgarlo por hablar de Jesucristo y curar en su nombre, respondiéndoles: "Juzguen ustedes si es justo delante de Dios obedecerlos a ustedes antes que a Dios".
O el de un gran hombre político, como santo Tomás Moro, quien fue decapitado por no obedecer las órdenes del rey Enrique VIII, quien antes de que el verdugo lo ejecutara dijo: "Muero siendo fiel siervo del rey, pero primero de Dios".

Quiera Dios que el senador no confunda la vida con un dogma religioso, la Ley como un texto desligado de la justicia y su marco de referencia, ni la libertad de conciencia como una transgresión a las normas.

Jesús María Silveyra
Escritor
silveyraj@gmail.com

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