Miércoles 19.12.2018

El culto mariano a días de la Navidad

Por: Felipe Medina

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“Si Dios quiere y la Virgen”, es una de las expresiones populares más utilizadas en nuestro lenguaje cotidiano, Tal vez  por herencia de la conquista española y la evangelización con una fuerte impronta de la Contrarreforma, hemos atribuido a la Virgen María un rol casi como diosa, ya que interviene en la decisiones divinas. Se elaboró una teología de la mediación de María en todo lo referente a lo que Dios concede. Esta maternidad divina  de María tuvo un receptáculo importante en el corazón de nuestro pueblo que,  antes de la llegada de los conquistadores y las primeras órdenes religiosas, veneraba  a la madre tierra y exaltaba la figura y el rol de la mujer madre y compañera de camino, sumada al trabajo cotidiano y otras faenas de la comunidad con una natural espontaneidad. 
 
En estos días previos a la navidad, coincidiendo con la fiesta de la Inmaculada Concepción, contemplamos en los caminos y rutas, un ir y venir de gente de todas las edades en peregrinación, por las celebraciones de la  Virgen del Valle. El culto mariano es un distintivo de la fe católica de Latinoamérica que ha sido destacado en innumerables documentos, no solo religiosos, sino como un fenómeno social donde juegan muchos elementos de las disciplinas humanísticas como la psicología, la antropología y la sociología. La Virgen María fue propuesta como modelo de mujer, de madre y esposa, y la religiosidad popular la ha llevado a un lugar destacado que ennoblece la imagen de la mujer, sobre todo su maternidad.  Si bien, lo religioso, que está arraigado en el ethos más profundo de la cultura argentina  y no está tan cuestionado como la institución católica, emerge hoy una generación de adolescentes y jóvenes que sostienen un ideario muy distante del dominante y clásico pensamiento cristiano. Un verdadero ejército de militantes que han sumado a su natural rebeldía, otras causas vinculadas a la violencia contra la mujer, abusos de menores, manipulación de conciencia,  la desnutrición intrauterina y la de los niños en situación de extrema pobreza, junto a una gran conciencia ecológica, además de las causas de los movimientos feministas. 

Curiosamente, en ambos extremos las preocupaciones no son diferentes, entre los creyentes y las feministas; lo diferente es el modo de encarar la lucha. Y dentro de estos estilos,  las corrientes más conservadoras y religiosas apuestan a mantener todo como  estaba, y los sectores más extremos no reconocen  la realidad y los cambios sociales que han sufrido en los últimos tiempos los paradigmas vinculados a la familia y el rol de la mujer en la construcción de la sociedad. Niegan la necesidad de la educación sexual, tan importante  para una generación que aprende más y no siempre de la mejor manera por las redes sociales o la televisión al alcance de cualquier edad y sector social. 

En el otro extremos están los movimientos feministas que ven en las instituciones religiosas un obstáculo para concretar los planes organizados a partir de sus propias dogmas, y se expresan con violencia contra lo que consideran una institución patriarcal y destructiva de la mujer. En el medio de estas disputas,  se mueven los jóvenes y adolescentes seducidos por sus discursos emotivos que llaman a la guerra social, la quema de las iglesias y los cortes de ruta.

Los que desconocen los cambios en la sociedad y la necesidad de acompañar la formación y el desarrollo de las nuevas generaciones en todo los referente al valor de la vida y la sexualidad;  y los que convocan a una violencia desconocida en nuestra cultura en pos de los derechos de la mujer y de las minorías,  llevan esta justa causa hacia un abismo preocupante, que profundiza la grieta social y fomenta el odio como motivador de los procesos de búsqueda de la justicia y el respeto a los derechos.

Las conquistas sociales no se lograron nunca sin lucha, pero se pueden plantear desde una lucha pacífica, uniendo voluntades, escuchándose y dialogando. El objetivo que debe fijarse es el bien de la Nación, el bien de las nuevas generaciones, de los niños, jóvenes y adolescentes, no el objetivo de las ideologías, sobre todo las que vienen de afuera, escondiendo el mezquino interés de los logros económicos, que a la larga usan y abusan de la energía y la pasión de la juventud, para luego descartarlos como a tantos ancianos o pobres que son objeto de desprecio y van quedando tendidos en el camino de la vida.

La Virgen María es un arquetipo de mujer y de persona humana, no solo una persona para el culto religioso, sino el prototipo de la mujer que se convierte en servidora de la humanidad, al permitir, para los cristianos, la llegada del Mesías, y más allá del concepto confesional, se muestra en los relatos bíblicos como madre prudente, valiente y enérgica, sin perder la serenidad, aún el extremo sufrimiento,  producto de un silencio activo.

Urge un encuentro social plural y sincero, cara a cara, con objetivos claros y sin chicanas, porque la lucha por la mujer es una necesidad, desterrar de nuestra cultura la violencia de género, sea contra la mujer o contra el hombre, es imperiosa; educar en la sexualidad es una obligación moral de la familia y el estado. Un encuentro abierto y en paz. Hoy la Patria nos demanda un cambio en las posturas extremas buscando una posición diferente,  o lamentablemente, comenzaremos a transitar un camino de retorno a los  autoritarismos de los peores tiempos del país.

* El autor es Licenciado en Ciencias Religiosas

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