Los jesuitas se renuevan

Por: Revista Criterio

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La Compañía de Jesús, fundada por san Ignacio de Loyola en 1540, ha realizado su 36º Congregación o Capítulo General en Roma, en octubre de 2016. Podemos preguntarnos qué pasos se han dado para responder mejor a los desafíos actuales.

Un primer desafío al que se hace frente desde la Compañía de Jesús es el de la globalización. Los jesuitas, en el mundo, somos unos 16 mil. De éstos, casi cuatro mil, es decir, una cuarta parte, están en la India. Por ese motivo, los delegados de ese país, en la reciente Congregación, eran muy numerosos. Sin embargo, no hacían pesar su número para bloquear o aprobar documentos, excepto en cuestiones muy particulares que los afectan directamente. En algunos Estados de la India hay gobiernos muy anticristianos, así como fanáticos que persiguen a los cristianos. Ahora bien, si la Compañía de Jesús mostrara arrepentimiento, en forma pública, por los abusos de menores cometidos por jesuitas en todo el mundo, esos gobernantes anticristianos se basarían en tales declaraciones para señalarlos a todos como corruptores de menores. Preferían entonces, los delegados de la India, que se hablara del tema con discreción. No era una cuestión de principios, sino de lenguaje.
Vemos así cómo ha evolucionado en la India la posición de toda la Iglesia.

Antes de la descolonización, era considerada un país “de misión”, como se decía entonces. Muchos sacerdotes, religiosos y religiosas del mundo “occidental” se ofrecían para ir como misioneros a la India. Obtenida la independencia, los gobernantes comenzaron a poner trabas al ingreso de misioneros. Permitían la entrada de profesionales, como médicos o ingenieros, llamados desde una institución para trabajar en un hospital, una universidad o una empresa, pero no simplemente a religiosos que pretendieran ingresar para evangelizar.

Esas restricciones alarmaron en el primer momento, pero motivaron a la Iglesia en la India a buscar su autoabastecimiento, sin depender de los extranjeros. Y fue tan eficiente la reacción que hoy la India es un país evangelizador, con miles de sacerdotes indios que trabajan en otros países, sobre todo en los de África de lengua inglesa. Y se los ve también en todo el mundo. Nos vamos aproximando a la elección de un Papa proveniente de la India.

Más allá de la Europa cristiana

Otro rasgo característico de la renovación de los jesuitas es haber elegido como superior general a un venezolano, el padre Arturo Sosa, el primero no europeo en los casi cinco siglos de la orden. Junto con sus cualidades personales, Sosa aporta la riqueza de la piedad latinoamericana. Posee además una experiencia universal, ya que pasó sus últimos años en Roma, encargado de las casas internacionales de la Compañía. Venezuela está padeciendo un proceso cultural y político muy delicado, de modo que la elección del padre Sosa puede ser vista también como un apoyo a la Iglesia en la misión de promover el diálogo entre el gobierno y la oposición, diálogo que resulta muy esquivo. Es estar en las fronteras existenciales, en frase del Papa.
En realidad, los tres últimos superiores generales, aunque habían nacido en Europa, habían trabajado la mayor parte de su vida en regiones distantes. El padre Pedro Arrupe estaba celebrando misa en Hiroshima cuando la explosión de la bomba atómica lo arrojó al suelo. El padre Peter Hans Kolvenbach vivió en el Líbano, donde se especializó en literatura armenia y un cañonazo destruyó su habitación cuando había salido de la casa. El padre Adolfo Nicolás vivió en Japón y después en Filipinas durante casi medio siglo. La Compañía de Jesús venía acentuando la globalización cultural.

Sacerdotes y laicos

Otro aspecto novedoso es la participación otorgada a los Hermanos en esta magna asamblea. La Compañía de Jesús nació como una orden sacerdotal. Los primeros jesuitas eran todos sacerdotes y después se fueron admitiendo Hermanos. Los franciscanos, en cambio, comenzaron como una congregación de frailes (es decir, hermanos) y pronto fueron ingresando otros para el sacerdocio. San Francisco de Asís no era sacerdote. Los Hermanos no sienten la vocación para el sacerdocio pero sí para la vida religiosa y el apostolado. Lo importante es que unos y otros viven y trabajan en comunidad fraternal. En nuestra reciente Congregación General participaron por primera vez algunos Hermanos, con voz y con voto, elegidos de diferentes continentes.

El Hermano no es un jesuita de segunda categoría. El padre Guillermo Furlong, en sus libros sobre nuestra época colonial, recuerda a la legión de Hermanos que habían sido arquitectos antes de hacerse jesuitas. El hermano Juan Bautista Prímoli, venido de Milán en 1718, construyó la catedral de Córdoba y otros templos. En Buenos Aires edificó las iglesias de San Francisco, Pilar y La Merced y, sobre todo, el histórico Cabildo. Con él han pasado a la historia de nuestra arquitectura otros famosos, como el hermano Giovanni Andrea Bianchi. Por eso, el admitir a Hermanos en la actual Congregación General constituye un reconocimiento de la vocación de religiosos que han trabajado y trabajan en el anuncio del Evangelio. Uno de los elegidos ahora es el actual Director del Observatorio Vaticano, autor de varios libros, interesado en la relación de ciencia y fe. Pero no se promueve sólo a científicos destacados. Otro de los elegidos trabaja en África en el servicio a los refugiados.

Periferias culturales

La Compañía de Jesús publica todos los años un Anuario con el que da a conocer su labor en todo el mundo. El de 2017, con 150 páginas, está dedicado en particular al compromiso de la orden con las comunidades y culturas indígenas. Ya el padre Jerónimo Nadal, compañero de san Ignacio, decía “El mundo es nuestra casa”. Como se explica en el Anuario, los pueblos indígenas “nos invitan a una reflexión más profunda sobre lo que significa estar en las periferias, y optar por los pobres, no como mesías sino como compañeros de peregrinación, haciendo camino”. Se incluyen testimonios de jesuitas que trabajan en diferentes rincones del mundo: defendiendo a los aborígenes en Australia, ayudando a comunidades campesinas en Bolivia, promoviendo las identidades tribales de la India, ofreciendo educación a comunidades remotas de Zimbabue, etc. En síntesis, la Compañía de Jesús mide el desarrollo de la familia humana a partir de los que se encuentran más abajo o más apartados.

Ahora bien, están en la “periferia existencial” no sólo los abandonados por la sociedad, como los de pueblos indígenas, sino también los que se apartan voluntariamente de la vida social, quebrantando las leyes, es decir los delincuentes. De los primeros, los inocentes, nos compadecemos, y procuramos ser solidarios con ellos. De los segundos, en cambio, de los culpables, deseamos por lo general que cumplan su castigo, que paguen su deuda con la sociedad. Sin embargo, Jesús dijo: “Estuve en la cárcel y me visitaron”. Todos hemos ayudado a algún pobre. Sin embargo, casi nadie ayuda a un encarcelado ni lo visita, fuera de sus familiares. En parte por desinterés, pero sobre todo por no saber cómo actuar en tales situaciones. Sin embargo los capellanes, entre los que se encuentran jesuitas, se han animado a la tarea de evangelizar a los delincuentes. Van más allá de las apariencias. Trascienden la realidad y descubren en ella el misterio de un amor mayor que habita hasta en los rincones más recónditos y oscuros.

Ministerio silencioso

San Ignacio y los primeros jesuitas practicaron esta obra de misericordia en las cárceles, ministerio continuado por sus sucesores. Consolaban a los presos y los acompañaban en su camino de restauración personal. Como dice el director de Promotio iustitiae (Promoción de la Justicia), publicación de la Compañía de Jesús, este servicio ocupa también hoy un lugar significativo para el encuentro con el “Dios presente y activo en todas las cosas” (Cf. Ejercicios Espirituales, Contemplación para alcanzar amor). Servir a la humanidad sufriente y contemplar al Señor presente en ella han sido dos componentes clave en la vida de los jesuitas. A diferencia de la mayoría de las tareas, constituye éste un “ministerio silencioso”.

Jesuitas y laicos que se dedican a este ministerio desarrollan programas especiales para menores, en el campo de la prevención, y apoyan a las personas que salen de la cárcel.

El proyecto del actual Gobierno argentino de bajar la edad de imputabilidad de los 16 a los 14 años ha despertado diversidad de opiniones, a favor y en contra de ese cambio. Dirigentes de la Iglesia católica han manifestado en general una oposición a dicho proyecto, con el lema de “no bajar la edad de imputabilidad sino subir el grado de responsabilidad” de la sociedad respecto de los menores. Como vemos, lo importante es sentirse movido por un corazón solidario respecto de los delincuentes, pero con un afecto que esté guiado por la reflexión serena y el discernimiento.

El legado de los Ejercicios

Suele presentarse a la Compañía de Jesús como una orden de estilo militar, ya que san Ignacio habló de la “obediencia ciega”, como si las órdenes no se discutieran. En realidad se refería al estar ciegos ante los engaños y tentaciones que experimentamos. Podemos decir que el legado de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio es el carisma del discernimiento para encontrar la voluntad de Dios. Antes del Concilio se ponía el acento en el que realizaban los superiores. Después del Concilio se nos recuerda que el discernimiento es un carisma de toda la comunidad y no sólo de sus dirigentes. El papa Francisco, jesuita porteño, nos da el ejemplo. Su documento sobre el Sínodo de la Familia contiene reflexiones que son interpretadas de modos diferentes, como en el caso de los divorciados y vueltos a casar. La Iglesia, en su conjunto, comenzando por los obispos y los teólogos, está haciendo un discernimiento. Francisco prefiere esperar a que el tema madure, y no exigir una “obediencia ciega” a las líneas que para él constituyen un camino pastoral más acorde con el Evangelio.

Ignacio Pérez del Viso.
Profesor en la Facultad de Teología de San Miguel.

Hace 80 años, Pío XI publicaba una encíclica contra los nazis

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