Miércoles 21.02.2018

El camino del ecumenismo en la Argentina

Por: Revista Criterio

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Por Norberto Padilla

La Iglesia católica emprendió con el Concilio Vaticano II el camino del ecumenismo. El director de CRITERIO, Pbro. Jorge Mejía, perito conciliar, con sus crónicas desde Roma y los contactos con observadores no católicos, hizo que muchos aprendiéramos a conocer, amar y hacer propio lo que el Espíritu decía a la Iglesia, a la toma de conciencia y difusión de la urgencia por el restablecimiento de la unidad plena de los que creen en Cristo “para que el mundo crea”. Tomemos como ejemplo algunos nombres de colaboradores de la revista a lo largo de 1965, en la que existía ya una sección de Ecumenismo: los católicos Ángel Centeno, Carmelo Giaquinta y Antonio Quarracino, metodistas como José Miguez Bonino, observador en el Concilio, y Sante U. Barbieri, y el luterano Rodolfo Obermüller. Se sumaban, en colaboraciones del exterior, los grandes nombres de Lukas Vischer, Visser t´Hoft, Paul Evdokimov, Oscar Cullmann y Georges Cottier, entre otros que abordaban temas de ecumenismo y la etapa posconciliar que se abría. Se reflejaban, también, los primeros encuentros de la Iglesia católica con el Consejo Mundial de Iglesias, los patriarcados ortodoxos y, a nivel de la Santa Sede o de Iglesias particulares, con el mundo evangélico. Después de siglos de separación, desconocimiento y hostilidad, se asumía como irreversible el compromiso ecuménico.
En 1967 el CELAM, y, luego, la arquidiócesis de Buenos Aires crearon comisiones de ecumenismo, al frente de las cuales estuvo Jorge Mejía. Sacerdotes, religiosos y laicos fuimos convocados como signo de que la unidad de los cristianos es un compromiso de todo el Pueblo de Dios. En 1971, el episcopado creó el Secretariado Nacional de Ecumenismo con monseñor Antonio Quarracino como director del mismo. Fueron sus integrantes Fr. Martín de Elizalde OSB, los Pbros. Osvaldo Santagada –miembro de CRITERIO– y José M. Arancibia –luego arzobispo–|, María Luisa Luna, Angélica Arias, la Hna. Orfilia Bedacarratz CDM, yo mismo, y, más tarde, el Pbro. Juan Carlos Leardi.
Un eje de la labor del Secretariado fue la semana de oración por la unidad de los cristianos, que se preparaba en conjunto con ortodoxos y evangélicos y se celebraba, alternativamente, en templos de cada una de las tradiciones. CRITERIO recogió, durante muchos años, textos y crónicas de la Semana.
El Secretariado encaró, también, la formación ecuménica especialmente en seminarios sacerdotales y catequísticos, en especial por Santagada y Leardi.
En 1978, monseñor Mario Serra, obispo auxiliar de Buenos Aires, sucedió a Quarracino como presidente del Secretariado Nacional de Ecumenismo. De gran bondad, afectuoso, sencillo y cercano en el trato, asumió con gran dedicación la labor pionera de su predecesor (1).

Diálogo y encuentro

El ecumenismo no siempre era comprendido en medios católicos y en los evangélicos. Pero se avanzaba: citamos los encuentros sobre “Eucaristía y Matrimonio”, la unificación de la fecha de la Pascua y “El Espíritu Santo en la Vida de la Iglesia”, con participantes y disertantes de diversas confesiones, entre ellos el pentecostal Juan Carlos Ortiz, quien ofreció su iglesia para una predicación de Mejía, un gesto profético.
En 1981, el Patriarcado de Moscú invitó a Serra y a integrantes del Secretariado a una peregrinación y privilegiada inmersión en la vida y espiritualidad de la Iglesia Ortodoxa Rusa sobre la que escribí en CRITERIO (2).
Cuando en 1983 se cumplieron 500 años de su nacimiento, la Comisión mixta luterano-católica elaboró el documento sobre “Martín Lutero, testigo de Jesucristo”, que CRITERIO publicó, al igual que la carta de Juan Pablo II al cardenal Willebrands (3). El documento de Lima “Bautismo, Eucaristía, Ministerio”, que esta revista publicó íntegramente tuvo eco en reuniones conjuntas de estudio, y respuestas de la Facultad de Teología y del ISEDET (evangélica), y sirvió de punto de partida para subsiguientes trabajos (4).

El diálogo luterano-católico

En todo este tiempo, hubo fructuosas reuniones entre miembros del Secretariado, de las Iglesias Evangélica Luterana Unida y del Río de la Plata. El Código de Derecho Canónico, en la parte sobre matrimonios mixtos y la dispensa de forma canónica, dio lugar a un intercambio que se reflejó en la guía para la preparación del expediente matrimonial publicada poco más tarde.
En 1984 se formó una Comisión Ante Preparatoria de Diálogo. Fruto de la reflexión sobre el principio de la unidad cristiana en 1987 la comisión presentó un proyecto de Declaración conjunta de reconocimiento mutuo del sacramento del Bautismo, cuyos firmantes fueron los pastores David Calvo, Augusto Fernández Arlt y Ricardo Pietrantonio, el Pbro. Juan Carlos Maccarone, monseñor Osvaldo Santagada, el padre Remigio Paramio OSA y el suscripto. Con la aprobación de las respectivas autoridades, es el primer documento de diálogo oficial de la Argentina y, me atrevo a decir, de América latina, a la que la Iglesia Metodista Argentina también adhirió (5).
El siguiente tema fue el de la Eucaristía, plasmado en otro documento de 1993, nuevamente con importante trabajo de Santagada en la redacción. La Comisión de Fe y Cultura de la CEA y las otras dos Iglesias le dieron aprobación como instrumento útil para proseguir el diálogo doctrinal.
Un hecho relevante fue la visita del presidente de la Federación Luterana Mundial, obispo Christian Krause, recibido el 20 de abril de 1998 por la cúpula del episcopado, a cuyo frente estaba monseñor Estanislao Karlic. Fue “una hora por reloj de intensa comunión… de verdadero diálogo y de encuentro fraterno, lejos del simple protocolo, expresión del compromiso ecuménico que nuestro episcopado ha asumido en los últimos tiempos con decisión” (6). La trascendental Declaración sobre la Justificación, en proceso de aprobación por ambas confesiones, fue tema central de la conversación.

Juan Pablo II en la Argentina

La visita pastoral de Juan Pablo II en 1987 tuvo, como característica propia en la Argentina, tres reuniones en la nunciatura apostólica con musulmanes, con judíos y ecuménica, antes de la misa del Domingo de Ramos (7). En la última, el Papa aludió a “todos los esfuerzos que se llevan a cabo –también en la Argentina– en el campo del diálogo teológico, de la colaboración en tantas facetas de la vida eclesial, del testimonio común en lo que ya estamos unidos y, sobre todo, nuestra confiada plegaria”. Tras saludar y conversar con cada uno, el Papa se detuvo a escuchar un canto litúrgico entonado por el arzobispo ortodoxo del Patriarcado de Antioquía (8).

La CEICA

A partir de 1982, el presidente del Secretariado de Ecumenismo y los obispos y pastores que preparaban la Semana de oración por la unidad de los cristianos comenzaron a reunirse periódicamente, surgiendo la voluntad de darse una estructura permanente. En 1988 se aprobó el reglamento de la Comisión ecuménica de Iglesias cristianas en la Argentina (CEICA) con el obispo católico como presidente, por pedido de los ortodoxos.
El sucesor de Serra, monseñor Juan José Iriarte, arzobispo de Resistencia, produjo un cambio importante: “Si éste es un grupo ecuménico –dijo–, el presidente no puede ser siempre de una misma confesión”, por lo que fue elegido el obispo anglicano David Leake y así alternativamente hasta el presente.
Pasado, y celebrado, el cuarto de siglo, su valor reside en que es único como espacio compartido por católicos, ortodoxos y evangélicos para el encuentro y el diálogo.

La dimensión nacional del ecumenismo

Monseñor Iriarte, de enérgicos 75 años, colaborador de CRITERIO, con el impulso de la encíclica Ut Unum Sint de 1995, se propuso que el ecumenismo tomara una dimensión que incluyera a delegados diocesanos de todo el país; desde entonces anualmente testimonia que el ecumenismo y el diálogo interreligioso han permeado a las bases.
Cuando nos acercábamos al Tercer Milenio, se dio un fenómeno bifronte, relacionado con la relación que tenía la Iglesia católica con los otros cristianos. Por un lado, las Iglesias originalmente interlocutoras, con feligresías en disminución, tuvieron una presencia más acotada que en décadas anteriores. Hubo prevenciones recíprocas respecto al alineamiento de las Iglesias históricas, o su dirigencia, con la Teología de la Liberación en sus varias expresiones.
Cuando se sancionaron leyes de salud sexual y reproductiva, las Iglesias evangélicas históricas les dieron fuerte respaldo, contrastando con las posiciones de evangélicos libres y católicos. Pero, más allá de los nubarrones, nunca se afectó sustancialmente la relación de los primeros interlocutores del ecumenismo.
Si bien, ya en 1985, había comenzado el diálogo entre católicos y bautistas en Roma y los Estados Unidos, fue en la Argentina, una década después, que, a nivel local, se produjo el descubrimiento recíproco y un “cambio de mirada” en ocasión de la asamblea de la Alianza Mundial Bautista, que contó con un delegado fraterno de Roma. En 2001, el cardenal Walter Kasper y Denton Lotz, Secretario de la Alianza Bautista Mundial, se reunieron con teólogos latinoamericanos en el Seminario Internacional Bautista en Buenos Aires. El cardenal Kasper señaló que tras siglos de separación y conflicto ambas confesiones podían reunirse de una nueva forma y mantener conversaciones serias con un largo camino por recorrer. El dirigente bautista, en una entrevista, señaló el reconocimiento común de Cristo y su obra salvadora y los intereses sociales compartidos: la unidad de la familia, la oposición al aborto, a la corrupción de los gobiernos, el apoyo a la justicia (la social en particular) y la reconciliación en un mundo dividido. Y agregó que, sin desconocer lo que nos separa, “el conflicto no es entre nosotros sino frente al secularismo, que dice que el hombre puede vivir sin Dios” (9).
En octubre de 2007, se llevó a cabo el Seminario “La búsqueda de la unidad de los cristianos en la actualidad”, organizado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y la Conferencia Episcopal Argentina, con obispos de países del Cono Sur, teólogos, los delegados diocesanos de ecumenismo y, como uno de los oradores, el pastor pentecostal Norberto Saracco. El cardenal Kasper se refirió a los “nuevos desafíos del ecumenismo” y caracterizó el concepto de sectas desde una perspectiva cualitativa antes que cuantitativa; y se atendió al movimiento pentecostal, en rigor el eje del seminario por su crecimiento en el continente. Al concluir su intervención enfatizó que “el ecumenismo es una de las bases fundamentales sobre la que se construye la Iglesia del futuro, una Iglesia que, entre las tensiones y las colisiones culturales y entre las naciones, es un signo y un instrumento de reconciliación, de paz y de unidad”.
Expresión de la incorporación de nuevos participantes en la relación ecuménica fue el “Compromiso por la vida” firmado en 2011 por dirigentes católicos, bautistas, pentecostales, iglesias libres, menonitas, presbiteriana, en una de sus ramas, y ortodoxos y orientales, más otras que adhirieron posteriormente (10).
Desde 2004 se celebraron en el estadio del Luna Park los encuentros de CRECES, convergencia entre católicos y evangélicos pentecostales y bautistas de la renovación carismática, unidos en el reconocimiento del Bautismo del Espíritu Santo y su acción real y actual sobre la vida de las personas y las Iglesias (11). Hoy, obispos y pastores intercambian gestos de lavados de pies y se reúnen para proclamar a Jesucristo en el conurbano bonaerense.
El cardenal Jorge Bergoglio asistía a los primeros encuentros como uno más, pero en el de 2006 fue invitado a pasar al estrado. Sucedió entonces lo que nadie esperaba: tras pedir que rezaran por él, se puso de rodillas y todos extendieron sus manos sobre él en bendición mientras un pastor hacía la oración en voz alta (12). Pocos meses después del encuentro de 2012 en que los pastores oraban por la continuidad de la obra de Bergoglio en la arquidiócesis, ellos extendían sus manos en bendición sobre su amigo Francisco, obispo de Roma.
El actual pontificado ha dado nuevo énfasis a las relaciones con los grupos evangélicos libres y los pentecostales. A la vez se ha ratificado el compromiso de diálogo con la Comunión Anglicana, el Oriente cristiano y las Iglesias surgidas de la Reforma. Es oportuno destacar su presencia en la ciudad sueca de Lund para la apertura de la conmemoración de los 500 años y de los 50 años de diálogo luterano-católico, un camino que andamos “del conflicto a la comunión” (13).

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