Dios no ama la violencia ni la guerra

Por: Felipe Medina

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Vivimos un momento de excesiva tensión en el mundo,  con graves paradojas. Por un lado hablamos todo el tiempo de paz y de la necesidad de justicia, pero nos debatimos entre las tensiones de guerra y las campañas de ayuda a refugiados, hambrientos y niños abandonados.

Vivimos en un tiempo de gran avance tecnológico que nos permite saber en tiempo real lo que acontece en cada lugar del mundo y comunicarnos de un extremo a otro del planeta, pero padecemos una cruel enfermedad urbana llamada soledad y depresión. Cuando creímos haber superado la mentalidad de las cruzadas o de las conquistas religiosas, surgen nuevos fanatismos de creyentes que levantan sus armas en nombre de Dios.

Proclamamos la fraternidad universal y no nos toleramos entre nosotros, comenzando por la propia familia o comunidad, sea civil, política o religiosa, fomentando la fragmentación.

Es necesario poner en práctica verdaderamente la virtud de la cordialidad. Dejar que se exprese el corazón. Todos los buenos y positivos pensamientos que tenemos, deben encontrar un eco en el corazón. Pasar de la razón, del “entender”  al “sentir”, y del sentir al “hacer”.

Los encuentros ecuménicos son necesarios y urgentes para nuestro tiempo. Las iglesias cristianas, si son coherentes con su anuncio, deben buscar caminos de unidad. La novedad que trajo Jesucristo, a partir de su Pascua, es el amor, la unidad, la paz y la alegría. El mismo exclamó, “que todos sean uno. Como tú Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn. 17, 21)

Ecumenismo es volver a casa. No a una iglesia o confesión  determinada, sino a la unidad del Cuerpo Místico de Cristo, del Cristo vivo en su pueblo. El Papa Francisco pronunció un discurso en el que, a partir de la segunda carta de San Pablo a los Corintios, señaló que el camino hacia la unidad de los cristianos debe sustentarse en la humildad y en la misericordia. No alcanza con juntarse a rezar, es necesario compartir las inquietudes a favor de los más necesitados, de los que sufren enfermedades, soledad, pobreza y miseria. Es necesario y urgente crear un clima de paz, de colaboración y de diálogo entre los cristianos. Sin miedos y con gran entrega y confianza.  Sin abandonar las propias convicciones de cada credo se puede vivir en armonía construyendo la unidad en la diversidad.

Es importante orar desde la interreligiosidad. Los distintos credos, sean o no cristianos, reconocen a un Dios Vivo que actúa en el mundo e interactúa con las personas y las comunidades. Dios nunca llama a la guerra o a la violencia, mucho menos a la intolerancia. Por es necesario y urgente el “encuentro”, buscar momentos de oración y compartir las preocupaciones por el hombre y el mundo. Realizar tareas comunes al servicio de la comunidad social.

Las guerras de religión fueron, son y serán una escandalosa contradicción en sí mismas, y son la expresión de  extrema crueldad hacia toda la humanidad.
Es necesario volver a las fuentes, somos habitantes de un planeta que se nos ha prestado por tiempo que dura nuestra existencia en él. Debemos dejar esta tierra mejor de lo que la hemos encontrado. Reconocemos a Dios como Padre, y por lo tanto, nos sabemos hermanos humanos entre nosotros.

Un gran desafío para nuestro tiempo es, como dice el Papa Francisco, “mantener viva en el mundo la sed de absoluto" para que el hombre no quede reducido a lo que produce y consume; debemos seguir adelante en el camino del diálogo ecuménico para que pueda alcanzarse la unidad de los cristianos; y debemos promover la amistad con las demás religiones para defender la dignidad de todo ser humano”.

Si ésta no es la misión de las religiones, el elevar la dignidad del hombre y mostrarle su destino trascendente, por favor, que algún pastor, rabino o sacerdote,  explique para quien o para quienes trabajan.

Ecumenismo y diálogo interreligioso son claves fundamentales para la paz y la justicia, para vencer los miedos y construir el futuro. Para enfrentar el mal que hoy tiene rostro de odio, de discriminación, de intolerancia, de abuso y atropello contra el hombre, de pobreza y desarraigo, de miserias y egoísmos, de ignorancia y hambre.

* El autor es licenciado en Ciencias Religiosas.

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