Mes de la Biblia. Dios empapelado, punto de encuentro para los creyentes

Por: Felipe Medina

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Las grandes religiones monoteístas como el judaísmo, el cristianismo y el islam tienen como base fundamental de su creencia a las Sagradas Escrituras, o Palabra Revelada por Dios a los hombres, quienes son llamados hagiógrafos o escritores sagrados, sean profetas o historiadores, o simplemente testigos de lo que vieron y escucharon: "eso que hemos visto y oído, se lo anunciamos ahora para que vivan en unión con nosotros como nosotros vivimos en unión con el Padre", dirá el Evangelista Juan en su primera carta 1,3.

Por diversas razones, las iglesias cristianas, incluso la católica celebra durante el mes de setiembre, el mes de la Biblia. Para el mundo católico la dinámica celebrativa de un mes dedicado a la Biblia se centra en la festividad de San Jerónimo, un santo eslavo del siglo cuarto que tradujo la biblia del griego y del hebreo al latín por encargo del Papa Dámaso, conocida como la Vugata Latina o Biblia para el pueblo. Acuñó una frase que llega hasta nuestros días con la misma fuerza de aquellos años, "ignorar las escrituras es desconocer a Cristo".

El mundo evangélico, quienes difundieron la Biblia como única y exclusiva fuente de revelación, celebran el mes de la biblia recordando la edición de la primera biblia en la imprenta de Gutenberg en el año 1455, y la primera edición de la Biblia de Reyna Valera el 28 de setiembre de 1569.

Lo cierto es que estos libros sagrados, cuyo Antiguo Testamento es la base de la fe del pueblo hebreo, donde está contenido su historia, las revelaciones de Dios y la leyes,  motiva año tras año a recordar la centralidad de la Palabra de Dios en la vida de cada creyente. De un Dios que ha hablado y se manifestado al hombre y que hoy podemos buscarlo y oírle leyendo los textos sagrados.
La Biblia se convierte en un punto de encuentro para las religiones del libro, más allá de las construcciones que se fueron realizando en la historia y que generaron divisiones que culminaron en descalificaciones, excomuniones y hasta verdaderas guerras de religión.
Hoy, en general la mirada es diferente, comenzamos a buscar aquellas cosas que nos unen y pueden generar un camino de paz y de convivencia armoniosa frente a nuevos enemigos, muchos de ellos sin rostro que van abriendo otras grietas y dañan el corazón del hombre y su imagen de Dios, atentando directamente contra su dignidad.

En Salta, desde el año 1997, venimos  reuniéndonos un grupo de cristianos, católicos, ortodoxos, pentecostales, anglicanos, hermanos de otras asambleas libres y también miembros de la comunidad israelita de Salta. Todo comenzó   en la perfumería Rubio de la calle Caseros al 600, convocados por inspiración de su propietario que expuso un texto de la Torá y la Biblioteca Provincial que llevó algunos ejemplares históricos del rico patrimonio bíblico que existe en la provincia, con biblias antiguas y ediciones artísticas en los archivos de la Curia Arzobispal, en San Francisco y en Bibliotecas privadas. Con la Sociedad Bíblica Católica Internacional y la Sociedad Bíblica Argentina y la coordinación del Movimiento Ecuménico de Salta, se fue armando cada año estas exposiciones en distintos lugares de la ciudad, bajo un lema diferente centrado en la paz y la necesidad de la tolerancia, el respeto y la amistad, por encima de la diferencias dogmáticas de cada credo.

Salta se adelantó a muchas ciudades del país y fue ejemplo para todas en buscar un camino de comunión, donde las máximas autoridades de los credos desde hace 21 años se reúnen a orar en torno a la Biblia. El Arzobispo de Salta, Monseñor Mario Cargnello acompaña desde el inicio estos encuentros junto al Arzobispo Siluan de la Iglesia Ortodoxa y a Nicolas Drayson, Obispo Anglicano, como lo hiciera su sucesor Monseñor Sinclair se reunieron cada mes de setiembre como testigos de la unidad deseada alrededor de la Escritura Sagrada.  Y es necesario reconocer también  la labor que realizó una misionera evangélica, Sarita Anderson junto a Lucía Solís y Gabriela Carral, en este empeño por reunir a las diversas confesiones cristianas y a nuestros hermanos mayores, los judíos a orar por la paz.

En nuestra ciudad, tenemos un camino realizado de muchos años que representan un esfuerzo concreto, sencillo y a la vez profundo por cerrar las grietas de la historia buscando con un corazón disponible y una mente abierta aquellas cosas que nos unen para trabajar por la dignidad de nuestros hermanos que esperan de la gente que dice creer, un testimonio de unidad. Creemos en el libro sagrado por la vida que hay en él, con la convicción de que los discípulos no escribieron cuentos, sólo pusieron las cosas inspiradas por Dios y fueron testigos: "eso que hemos visto y oído, se lo anunciamos ahora para que vivan en unión con nosotros como nosotros vivimos en unión con el Padre"(I Juan 1,3)

* El autor es Licenciado en Ciencias Religiosas

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