El laberinto de la reconciliación

Por: P. Ignacio Pérez del Viso

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Freud nos adentró en el laberinto del inconsciente y Borges estuvo fascinado con el concepto de laberinto, que aparece muchas veces en sus cuentos. Es una red de túneles de los cuales es casi imposible salir. Y el tema de la reconciliación en la Argentina se asemeja a un laberinto. Cuando la Iglesia lo menciona, merece críticas que nos dificultan encontrar una salida. Incluso nos preguntarnos si existe esa salida, si la reconciliación es posible.

A raíz del reciente fallo de la Corte Suprema en la aplicación del 2 x 1, varios obispos salieron a descalificar la sentencia, como diciendo “ésa no es una salida auténtica”, porque la reconciliación no significa impunidad. ¿Qué camino entonces sería más auténtico?

Pienso que una vía segura es la de las razones humanitarias. Consiste en evitar el sufrimiento de los demás, partiendo de que todos pertenecemos a una misma familia humana. San Francisco de Asís nos amplía el horizonte, contemplando al hermano sol y a la hermana luna. Y las leyes contra el maltrato de animales nacen de esa convicción, de que provocando sufrimiento no crecemos en dignidad.

Donde se aplica la pena de muerte las razones humanitarias imponen límites a la crueldad. Al condenado se le permite la asistencia de un ministro religioso, despedirse de sus familiares, etc. Y se le evita el sufrimiento innecesario. La guillotina fue ideada para lograr una muerte rápida.

La justicia exige que las penas se cumplan, pero a veces se ha indultado a quien padece un cáncer terminal, para que pueda ser acompañado por los suyos antes de morir. Los ancianos y enfermos suelen ser beneficiados con el arresto domiciliario. El oficial nazi Priebke, ejecutor de una masacre, vivía oculto en Bariloche, hasta que fue descubierto y extraditado a Italia. En 1998 fue condenado a cadena perpetua, aunque debido a su avanzada edad se le permitió el arresto domiciliario hasta su muerte.

Las razones humanitarias se aplican a veces en “forma indirecta”. Las mamás de hijos pequeños gozan de un régimen especial en la cárcel, para que la pena no recaiga también sobre el bebé. El más de centenar de nietos recuperados por las abuelas de Plaza de Mayo pueden vivir una crisis al ver que sus padres de crianza, por los que sienten un gran afecto, son juzgados por el delito de apropiación. Pienso que se puede tener una cierta indulgencia con ellos, para no hacer sufrir a los jóvenes, opacando la alegría de haberse reencontrado con su familia.

El cumplimiento de las penas es necesario para la recuperación de los delincuentes. Algún día, en esta vida o después, comprenderán la gravedad de sus delitos. Para ayudarlos en esa recuperación debemos actuar con razones humanitarias. Nuestra Constitución dice que las cárceles “serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos”. Y un camino de reconciliación sería evadirnos del espíritu de “castigo”, laberinto en el que nos extraviamos fácilmente.

* Sacerdote jesuita

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