Miércoles 24.05.2017

La limosna en la Iglesia: "Dar hasta que duela"

Por: Felipe Medina

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Hace unos días un curita del interior bromeaba con lo de la limosna de los domingos en misa, diciendo que un día llegaron al Cielo, Bartolomé Mitre, Julio Argentino  Roca y Eva Perón, y sólo dejaron entrar a Don Bartolomé Mitre. Ante la sorpresa de esta actitud Julio Argentino Roca preguntó, ¿por qué Mitre al Cielo y nosotros no?, a lo que San Pedro respondió: es que Mitre va todos los domingos a misa, haciendo referencia a los billetes de dos pesos que dejan en las colectas y los escasos o inexistentes billetes de cien pesos en las mangas de recolección.

Este cuento o chiste, grafica lo que sucede con nuestros aportes a la iglesia, al sostenimiento del culto religioso y los ministros religiosos,  y a la solidaridad con las obras en favor de los pobres.

La limosna es el acto de dar dinero o bienes a los necesitados como parte de la disciplina religiosa. Varias religiones consideran el acto de dar limosna como una virtud, tal es el caso dentro del cristianismo, el judaísmo, el budismo, el islamismo y el hinduismo. Cada religión tiene sus propias reglas, que se aplican tanto a las limosnas en sí como a quien las da y a quien las recibe
"Limosna" viene del latín "eleemosyna, a su vez del griego "eleemosyne", que quiere decir, 'piedad', 'compasión'; derivado del verbo"eleéin"('compadecerse'). La palabra griega «eleemosyne» proviene de «éleos», que quiere decir compasión y misericordia; inicialmente indicaba la actitud del hombre misericordioso y, luego, todas las obras de caridad hacia los necesitados. Esta palabra transformada ha quedado en casi todas las lenguas europeas.

A fines de este mes vamos a celebrar las tradicionales fiestas del Señor de Sumalao, un Cristo crucificado en Pentecostés, antigua devoción nacida en la Gran Feria de Mulas hace más de 300 años. Un hecho religioso dentro de una gran feria comercial. Imagino a los fariseos de ese tiempo rasgarse las túnicas de punta a punta por el escándalo del dinero en el hecho religioso del Sumalao, igual que en nuestros días. Un recibo de cobro de bendiciones de autos, camionetas y motos desató una gran polvareda como  las carreras cuadreras que se hacían en el Sumalao. Muchos medios de comunicación se hicieron eco del mal llamado escándalo de cobrar los servicios religiosos.

Todo hecho religioso, todo fenómeno religioso como hecho social que es, implica un movimiento económico necesario para su desarrollo. Toda religiosidad popular conlleva un hecho de crecimiento social y económico por la misma interacción de las personas que asisten.

Y todas las religiones se sostienen y desarrollan su labor con el aporte -voluntario u obligatorio- de sus miembros. Los cristianos evangélicos, por lo general, diezman. Ofrecen el diez por ciento de sus ingresos como respuesta consciente de su fe, con un fundamento muy claro en los textos del Antiguo Testamento. Y los católicos, en no pocos casos, le esquivamos a la "manga" en la misa para no aportar. Si fuésemos todos los domingos a misa y aportáramos diez pesos por domingo, nuestra ofrenda no llega ni siquiera a cincuenta pesos, Ni siquiera el uno por ciento de un ingreso promedio de sueldo, ni hablar de diezmo. Pero somos generosos para criticar. Y lo del recibo de la bendición del auto publicado en casi todos los medios de comunicación,  me pareció un gran gesto de transparencia en la administración de los recursos de la iglesia de parte del cura del Santuario del Sumalao. Todo lo demás es "flatus vocis", pura palabrería y mucha ignorancia.
"Dar  hasta que duela", decía la Madre Teresa de Calcuta, dar hasta que duela debería ser nuestro lema con las cosas de la religión, si es que creemos de verdad. La iglesia lleva adelante, como lo hacen también las comunidades evangélicas, muchas tareas sociales en favor de los pobres, de los enfermos, de las personas con adicciones, y eso  se hace con recursos económicos. No existe una religiosidad sin ésta pata tan importante que son los medios económicos. Y cuanto mejor, que haya una gran transparencia en las cuestiones monetarias dentro de las religiones. Para ello, hoy existen en las comunidades parroquiales, los Consejos de Administración Económica que acompañan a los sacerdotes en gastos de culto, de mantenimiento de propiedades y  lugares religiosos, de formación y difusión de la Palabra de Dios, y de los medios de vida de los propios ministros de la iglesia que, según lo dijo el Papa Francisco con su ejemplo y su palabra, deberían ser pobres y austeros.

Limosna es compasión y misericordia. Es un acto de amor que exige generosidad, es una respuesta de fe del que dice ser creyente o fiel de una iglesia. Y si esa iglesia administra los recursos que son de la comunidad, debe hacerlo con una gran transparencia, como un acto de amor a los fieles en general y poner parte de esos recursos al servicio de los más pobres, como lo hacían los primeros cristianos.

* El autor es licenciado en Ciencias Religiosas.

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