El puente de la música

Por: P. Ignacio Pérez del Viso

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La música de Navidad, Año Nuevo y Reyes nos permite olvidar los problemas de cada día, como la batalla campal por las jubilaciones. Pero también puede ayudarnos a enfrentar esos problemas. Para ello, me inspiro en la vida de los guaraníes, de hace más de tres siglos. Los jesuitas fundaron Reducciones en el antiguo Paraguay. No se limitaron a procurarles la subsistencia, enseñándoles a cultivar. Aspiraron a que los indios, salidos de la selva, alcanzaran los niveles culturales más elevados que se conocían en Europa, como en el terreno de la música.

El superior dispuso, en 1609, que a los indígenas se les enseñase canto y música. A mediados de ese siglo, todas las Reducciones tenían coros y bandas de música, con variedad de instrumentos. Los europeos decían que en sus países de origen no había nada superior en cuanto a coros y músicas difíciles de interpretar. En las misas, decía un jesuita, están siempre tocando y cantando desde el principio hasta el fin. Antes del evangelio tocan órganos, arpas y violines. Después cantan, con todos los instrumentos juntos, en castellano, latín o guaraní. Y aprendieron a fabricarlos, incluso órganos. En cambio, en los pueblos de españoles, casi nadie se preocupaba por la música.

Hace cuatro siglos, en 1617, llegó a nuestras tierras un grupo de jesuitas, como el Hermano Berger, con habilidades para la música, la pintura y la arquitectura. Un siglo después, en 1717, llegó otro grupo destacado, con el Hermano Prímoli, gran arquitecto, que construyó numerosas iglesias en Córdoba y en Buenos Aires, así como el cabildo porteño. Para trabajar con los indios no enviaban a jesuitas de segundo nivel, sino a los más capaces. Podríamos aplicar este principio a nuestra época, ya que para trabajar con los pobres deben ser destinados curas capaces. De lo contrario no los ayudarán a salir de su pobreza. Hace pocos días el Papa nombró obispos, en la Argentina, a dos curas villeros, lo que resalta la preparación que se requiere para trabajar en las Villas.  

Volviendo a las Reducciones, encontramos al padre alemán Florián Paucke, que trabajó con los mocobíes en Santa Fe y tuvo que regresar a su tierra cuando los jesuitas fueron expulsados por el rey de España, en 1767. Este gran músico fabricó aquí un órgano con cinco registros. Se lo quisieron comprar en la ciudad, pero no lo puso en venta. Un siglo después de la expulsión, los indios revivían los cantos y danzas que habían aprendido con los jesuitas. En la actualidad, hay todavía pueblos, sobre todo en Bolivia, donde conservan las tradiciones musicales. Los indios no volvieron a la selva. Habían adquirido una cultura, religiosa y artística, que les permitió conservar su identidad. Ellos nos muestran el camino para la Argentina de hoy, con una educación que nos permita disfrutar de la armonía y la paz. La música, en particular la religiosa, es un puente cultural, un patrimonio de toda la humanidad.

* Jesuita. Profesor de Teología.

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