Semana Santa: recobrar la dimensión sagrada de la vida

Por: Felipe Medina

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El Domingo de Ramos dio inicio a la Semana Santa que culmina con la Pascua de Resurrección: La semana más importante en la vida de los cristianos. La centralidad de la fe cristiana se basa en el hecho mismo de la Resurrección de Jesucristo;  "Y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes" (1 Corintios 15, 14), dirá el apóstol Pablo en la carta a los Corintios. Precisamente, toda la predicación de los apóstoles y la formación de las primeras comunidades cristianas se basan en el hecho mismo de la resurrección. Cuando Jesús era traicionado por Judas, entregado al poder político de su tiempo bajo la influencia del poder religioso que agitaba al pueblo judío para pedir su condena, sus discípulos permanecieron en silencio y escondidos por miedo.

Hasta aquí es todo normal, un líder es perseguido, calumniado, detenido, torturado y con un juicio abreviado es condenado injustamente a una muerte humillante. Sus seguidores huyen espantados, tratando de pasar desapercibidos o negándole, como lo hizo el apóstol Pedro. Todos huyeron por miedo, aún aquellos que se consideraban fieles y valientes. La historia se vino repitiendo a lo largo de los siglos. En  tiempos de persecuciones muchos cristianos dieron la vida por su fe, a quienes llamamos mártires y no pocos están en los altares. Pero muchos lo negaron para salvar sus vidas o sus pertenencias.

Cuando éramos niños, allá por los años 60 ó 70 del siglo XX, Semana Santa en Argentina y casi toda Latinoamérica, era semana "santa", se respiraba un clima de religiosidad fuerte, marcada por la música sacra de las radios los días jueves y viernes santo, y la clásica versión cinematográfica en blanco y negro de la "Vida, Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo". Un clima de cristiandad reinaba en el ambiente. El viernes santo se guardaba el ayuno y la abstinencia de carne y se iba al Vía Crucis en un clima de tristeza, como ir a un velorio. Se hablaba de la muerte en general, y de la muerte de Jesús.

Se retornaba a la casa y se esperaba el Sábado de Gloria y Domingo de Pascua. Se juntaba la familia en la mesa con clima de fiesta. Nadie se escondía.

Hoy vivimos en un mundo secularizado y plural. La iglesia católica y las iglesias cristianas en general, viven un clima social o mediático de hostigamiento constante. Algunos miembros de la iglesia católica piensan con mentalidad de cristiandad. Y la sociedad, a través de los medios de comunicación, ofrece múltiples alternativas de dispersión y diversión para esta semana considerada semana vacacional.

No considero que antes era bueno y que hoy es malo. La cristiandad, como doctrina y modo de vida, no fue saludable para las personas en general. Se imponía a todos por igual la vivencia de una religiosidad que no le pertenecía. Y no pocas atrocidades se escondieron en el manejo del poder temporal o social.

Pero, tampoco es bueno eliminar una equilibrada reflexión sobre la existencia humana que es efímera, y poder hablar de la muerte como una realidad que no se puede evitar y que debemos asumirla. Es saludable para todas las personas hacer un alto en el camino para meterse en su propio interior y reflexionar sobre la vida y la muerte, sobre la propia existencia, dónde estamos parados y hacia dónde vamos. Y hablarlo en familia, en grupos de amigos. Un semana que sea santa.

Para los cristianos, semana santa, debería ser Semana Santa, no semana de vacaciones o tiempo libre. Hoy frente a la múltiple oferta de dispersión, los cristianos debemos vencer el miedo a vivir como discípulos de Jesús. Para nosotros, cristianos, es un momento sublime en la vida religiosa, donde el tiempo se detiene, más allá de las horas, los minutos o los segundos. El tiempo detenido se hace memoria e historia. Vivir la semana Santa es recobrar la dimensión sagrada de la vida para renovar el ser personal, familiar  y comunitario. Es un tiempo de regreso a la esencia de nuestra fe y de nuestra existencia. Es retornar a la fuente misma de la fe para encontrar el auténtico sentido de la liberación y del amor ofrecidos por Dios. Si conociéramos el don de Dios, el amor infinito de la Cruz y la fuerza existencial de la Resurrección no andaríamos corriendo en la vida cargados de miedos, vergüenzas o tanto dolor silencioso en el alma.

Cristo murió y resucitó por nosotros.  "Y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes" (1 Corintios 15, 14). Es una semana para ingresar al propio corazón y dejar que Dios nos libre desde allí de tantas cargas inútiles que llevamos por miedo y tristeza.

El saludo muchas veces repetido de Jesús Resucitado a sus discípulos era: "No tengan miedo y alégrense". Felices Pascuas. No tengan miedo, Cristo ha resucitado.

* El autor es licenciado en Ciencias Religiosas.

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