procede del impenetrable chaqueño

Criada para ser princesa Wichi, hizo los votos perpetuos como monja

Miguela Acosta conoció a las Hermanas Obreras Catequistas cuando visitaban su casa dentro de la comunidad Wichi. Tras recibir la primera comunión, con el tiempo surgió la vocación. Su madre la apoyó, aunque ella debía ser mamá y dirigir la tribu.
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El domingo 12 de febrero la hermana Miguela Acosta realizó sus votos perpetuos en la capilla San Rafael Arcángel, ubicada en Miraflores, en el centro de el impenetrable chaqueño. La celebración fue presidida por monseñor Gustavo Montini, obispo electo de Santo Tomé, y concelebrada por el párroco, presbítero José Luis Steeman.

La hermana Acosta pertenece a la congregación de las Hermanas Obreras Catequistas de Jesús Sacramentado, que fundada en Mendoza en 1937, realiza actividades apostólicas en la Argentina, Chile y Paraguay.

Miguela Acosta es de la etnia Wichi. Nació y creció junto a su comunidad indígena de Miraflores y desde niña sintió la vocación de consagrarse a la vida religiosa. En una entrevista, la hermana Acosta explicó que “no fue fácil iniciar este camino”, debido a que, en un principio, su familia no estaba de acuerdo con su decisión. Sin embargo, hoy agradece a sus padres “por haber entendido que la consagración a la vida religiosa era un llamado de Dios”.

La hermana Miguela Acosta recordó: “En muchas oportunidades pasaban por nuestra casa unas monjitas y cuando las veía me llamaba mucho mi atención, por su entrega y su servicio”. Reconoció que “al principio tenía miedo de salir fuera de mi casa y de mi comunidad Wichi, pero cuando recibí la primera comunión, celebración que se realizó en mi casa, fue claro el llamado para servir a Dios y a mis hermanos”.

Relató que para su familia la decisión “al principio fue muy difícil aceptar, sobre todo para mi papá, porque me prepararon para otra cosa: Ser mamá y ser la princesa indígena que tenía que dirigir a toda la comunidad Wichi”.

Sin embargo, fueron su madre y principalmente su abuela quienes la animaron a seguir adelante con este desafío. Hoy reconoce estar “muy contenta de pertenecer a esta congregación”.

Además, destacó que “es lo más grande consagrarse al Señor, no importa el color o la raza, es sólo llevar la fe a nuestros hermanos a través de un carisma”. Aseguró que “es importante vencer el miedo, seguir y perseverar en la vocación. A veces sentimos un llamado pero somos muy cómodos, en vez de responder, quedamos esperando, y la felicidad está cuando se responde”, afirmó.

La hermana Acosta animó a las jóvenes a “que se pregunten por su vocación y que no piensen que nunca vamos a ver a nuestros padres porque siempre vamos a estar cuando nuestros padres nos necesiten, estén enfermos o con momentos de crisis y principalmente vamos a estar acompañándolos y encontrándolos cada vez que recibimos la Eucaristía o participamos de la misa”.

Finalmente, la religiosa expresó su deseo de que “Dios quiera que tengamos muchas vocaciones en esta zona”, y les dijo a las jóvenes y adolescentes que “tienen que animarse y acercarse, vencer el miedo, al igual los jóvenes que sienten el llamado a la vida sacerdotal”.


Fuente: AICA