responsabilizó a "los potentes"

¿Cuál es el mayor deseo del Papa? Poder decir "¡terminó la guerra!"

Francisco recordó cómo su mamá rompió a llorar cuando terminó la Segunda Guerra Mundial. Explicó que la envidia o la avaricia representan la misma guerra que cuando cae una bomba en un hospital, pero una es la semilla y la otra, el árbol.
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El Papa Francisco ratificó su denuncia de un "mundo en guerra" y culpó por la situación a los "grandes y poderosos" que "quieren un pedazo más de tierra", además de responsabilizar a los traficantes de armas.

"Hoy en el mundo hay derramamiento de sangre. Hoy el mundo está en guerra. Tantos hermanos y hermanas mueren, también inocentes, porque los grandes, los poderosos, quieren un pedazo más de tierra, quieren un poco más de poder o quieren obtener más ganancias con el tráfico de armas", denunció el Pontífice durante la misa del jueves a la mañana en la capilla de Santa Marta.

"La guerra comienza aquí y termina allá. Las noticias, las vemos en los periódicos o en los noticieros. Hoy tanta gente muere y aquella semilla de guerra que produce la envidia, los celos, la avidez en mi corazón, es la misma, germinada, hecha árbol, que la bomba que cae sobre un hospital, sobre una escuela y mata a los niños", denunció el Obispo de Roma durante su homilía.

"Es lo mismo. La declaración de guerra comienza aquí, en cada uno de nosotros. De ahí la pregunta: ¿Cómo custodio la paz en mi corazón, en mi intimidad, en mi familia?. Custodiar la paz, no sólo custodiarla: hacerla con las manos, artesanalmente, todos los días. Y así lograremos hacerla en el mundo entero", enfatizó.

En ese marco, el Pontífice sentenció que "la sangre de Cristo es la que hace la paz, pero no la sangre que los traficantes de armas o los potentes hacen que se derrame en el mundo".

Y contó una anécdota de cuando era pequeño: “Recuerdo: comenzó a sonar la alarma de los Bomberos, después de los periódicos y en la ciudad… Esto se hacía para llamar la atención sobre un hecho o una tragedia y otra cosa. E inmediatamente oí a la vecina de casa que llamaba a mi mamá: ‘¡Señora Regina, venga, venga, venga!’. Y mi mamá salió un poco asustada: ‘¿Qué ha sucedido?’. Y aquella mujer, del otro lado del jardín, le decía: ‘¡Terminó la guerra!’ y lloraba”.

Francisco recordó el abrazo de las dos mujeres, el llanto y la alegría porque la guerra había terminado. Y concluyó diciendo: “Que el Señor nos dé la gracia de poder decir: ‘La guerra ha terminado’ y llorando. ‘Ha terminado la guerra en mi corazón, ha terminado la guerra en mi familia, ha terminado la guerra en mi barrio, ha terminado la guerra en mi lugar de trabajo, ha terminado la guerra en el mundo’".


Fuente: Télam / Radio Vaticana