Miércoles 14.11.2018

JUDIOS

El abrazo a los migrantes

La Torá es muy clara respecto de la actitud hospitalaria hacia los inmigrantes, libre de toda discriminación. - Por Tzvi bar Itzjak
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La migración es parte constitutiva del pensamiento religioso y en esto la tradición judía tiene mucho para aportar. A raíz de ello, en 2013, la prestigiosa revista judeo-americana Moment consultó a destacados rabinos.

Para el Rab. J. Marrof, miembro de la Cong. Sefardí Magen David- Rockville, los mandamientos de la Torá con respecto a los extranjeros representan la aplicación rigurosa de los principios de la justicia universal, incluso frente a los celos nacionalistas. Las mentalidades tribales, las lealtades familiares y el temor a lo desconocido no deben interferir con nuestros deberes mutuos como seres humanos creados a imagen de Dios y corresponde a los ciudadanos ignorar las distinciones artificiales de nacionalidad y etnia y tratar a los inmigrantes con el respeto y la consideración con la que Dios nos da derecho a todos.

Por su parte, el Rab. J. Blumenthal, de Shaare Torá Cong. Gaithersburg, sostiene que La Torá en sí misma explicita en el libro de Éxodo: “No oprimirás al extranjero, porque conoces los sentimientos del extranjero, habiéndolo sido en la tierra de Mitzraim”. En ese sentido, tenemos la obligación de garantizar que los inmigrantes sean tratados con respeto, equidad económica y que reciban servicios públicos apropiados e iguales. Además, nuestra experiencia histórica de persecución debería alentarnos a que nuestras naciones sirvan de refugio para aquellos que están oprimidos en sus países de origen. Las leyes producto del prejuicio, o que apuntan o discriminan a los inmigrantes, son contrarias a los valores judíos.


En sintonía, el Rab. M. Feshbach, del Templo Shalom-Chevy Chase, dice que “todo lo que valoramos nos está dado a préstamo” y los que luchan por abandonar el lugar de nacimiento para encontrar libertad, seguridad y oportunidades en una nueva tierra son seres humanos, por lo que no hay “nosotros” y “ellos”. Son hijos de Dios. Son nuestros hermanos y hermanas. Para el Rab. F. Scherlinder Dobb, de Adat Shalom - Bethesda, nuestra historia, nuestros valores y nuestro interés propio deberían apuntar hacia actitudes y políticas abiertas sobre la inmigración. La frase “No te equivoques con el extranjero” representa el precepto de Hajnasat Orjim: el alto grado de la hospitalidad. Las voces tradicionales sugieren fuerte- mente abrir los brazos al inmigrante, tanto de manera personal como política. Debemos trabajar para liberalizar la política y las actitudes de inmigración en cada nación a la que llamamos “hogar”.

Por último, el Rab. S. B. Silvern, de ALEPH-Auburn, nos invita a que aprendamos de la Torá en tanto “habrá una ley para el ciudadano y para el extranjero por igual”. Sostiene, además, que nuestro desafío es determinar cómo podemos expresar esto como un asunto práctico, gobernándonos a nosotros mismos sin crear clases privilegiadas. Como pueblo que sufrió una grave desigualdad, corresponde a los judíos señalar la necesidad de un tratamiento equitativo para todos los que viven en este país.