Una relación cada vez más tirante

El Gobierno ofendido con los obispos, prefiere lejos a la Iglesia

Por: Sergio Rubin

La ministra de Desarrollo Social convocó en un primer momento a los movimientos sociales, pero no a la Pastoral Social. La Casa Rosada estaría molesta por la crítica del obispo Lugones a Vidal en la Semana Social. El aborto como telón de fondo.
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Sergio Rubin

La no convocatoria hasta la noche de este domingo del Gobierno a la Pastoral Social para la reunión que la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, mantendrá este miércoles con los movimientos sociales, pese al pedido expreso de esas agrupaciones, disparó todo tipo de especulaciones. La principal y más inmediata tiene forma de pregunta: ¿Acaso el oficialismo está ofendido con el titular de esa políticamente estratégica comisión eclesiástica, monseñor Jorge Lugones, por cómo la cruzó a la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, durante la reciente Semana Social que la Iglesia organizó en Mar del Plata?

En el panel inaugural –del que también participó, justamente, Stanley-, Vidal destacó al referirse a la situación social la importancia del "hacer y estar”, pero como “hechos concretos. La inclusión –añadió- no es un discurso: al final del día, la discusión sobre la inclusión es: te importa o no te importa, te ocupás o no te ocupás, tan concreto como un plato de comida". Luego, Lugones -tras trazar un severo diagnóstico y decir que “nos duele” la situación de los indigentes que “no tienen comida, ni chances”-, afirmó: “no solo hay que hacer y estar, sino sentir, tener sensibilidad social”.

El día anterior a la apertura de la Semana Social, Lugones ya había calentado el ambiente al dar un aval implícito al paro general que se iba a hacer cuatro días después. Afirmó que la huelga es un derecho reconocido por la Doctrina Social ante situaciones de injusticia. Sus declaraciones generaron opiniones encontradas aún entre los propios obispos, varios de los cuáles se preguntaban sobre la conveniencia de pronunciarse sobre un tema tan político. Y desplazó un pedido clave que hizo en ese encuentro el presidente del Episcopado, el obispo Oscar Ojea: que el ajuste no recaiga en los pobres.

Con todo, la pregunta de fondo que surgía era si la Iglesia le estaba mostrando los dientes al Gobierno por haber habilitado el debate en el Congreso de la legalización del aborto. Al fin de cuentas, Lugones y Ojea forman parte de una conducción de la Iglesia en el país conformada en el plenario de obispos de noviembre pasado en perfecta sintonía con el Papa. Un perfil que se consolidó en los últimos meses cuando Francisco designó a cinco arzobispos, entre ellos a su mejor intérprete, Víctor Fernández, en el arzobispado de La Plata, en reemplazo de Héctor Aguer, y con quienes almorzó la semana pasada en Santa Marta.

Lo cierto es que el secretario de Culto, Santiago De Estrada, viajó al Vaticano hace dos semanas para reunirse con el Papa y tratar de bajar la tensión. Ahora, se sabe que De Estrada le comunicó en ese encuentro que piensa renunciar próximamente porque –argumentó- su compromiso con el Presidente era por un tiempo. Y que así se lo había dicho en marzo al Gobierno y a varios obispos. De todas formas, reconoce que su viaje a Roma fue a título personal, no por pedido de Macri. En la Casa Rosada algunos dicen que viajó sin decírselo al canciller y al presidente, pero él lo niega rotundamente.

En la Iglesia aseguran que, más allá de que sean o no convocados por la ministra Stanley, y del malestar por el avance de la ley del aborto, siempre están dispuestos a contribuir a la paz social gracias a su extendida llegada a los sectores populares. En el Gobierno parecen preferir tenerla lejos.

Clarín y VR