REBELIÓN EN FILANDIA

El grupo "curas arcoiris" reclama que se celebren bodas gay

Unos 70 pastores fomentan los enlaces homosexuales en los templos y polemizan con los sectores más conservadores de la Iglesia Evangélica Luterana, que rechazan la bendición sacramental de las parejas del mismo sexo.
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Casi dos años después de la entrada en vigor de la ley del matrimonio homosexual en Finlandia, un grupo de religiosos popularmente conocidos como los "curas arcoiris" mantiene una pugna contra los sectores más conservadores de la iglesia luterana por su postura en favor de las bodas gays eclesiásticas.

La nueva ley, vigente desde marzo de 2017, obligó a la Iglesia Evangélica Luterana, mayoritaria en el país nórdico, a replantearse su noción de matrimonio y su tradicional rechazo a las bodas entre homosexuales para adaptarse al nuevo marco legal.

Tras un largo debate interno, el sínodo rechazó en mayo pasado modificar su doctrina oficial, según la cual el matrimonio es un sacramento exclusivamente entre un hombre y una mujer, por lo que de momento cerró las puertas a la celebración de bodas religiosas entre personas del mismo sexo.

Esta decisión situó a los pastores luteranos en un limbo en el que, por un lado, tienen oficialmente prohibido celebrar bodas gays, pero por otro cuentan con el respaldo de la ley para hacerlo, aunque por ello puedan enfrentarse a posibles sanciones disciplinarias de su diócesis.

Aprovechando ese limbo, un grupo de pastores progresistas se ha organizado para impulsar desde abajo la modernización de la Iglesia y la aceptación de una realidad social que afecta directamente a parte de sus feligreses.

Conocidos como los "curas arcoiris" -en referencia a los colores del movimiento de homosexuales, transexuales y bisexuales (LGTB)-, este colectivo, al que pertenecen ya más de 70 pastores, ha iniciado una "rebelión" contra sus superiores con el objetivo de normalizar la celebración de bodas gays en los templos.

"Desafortunadamente, las bodas religiosas para parejas del mismo sexo todavía son controvertidas en nuestra Iglesia. Sin embargo, no hay restricciones para este tipo de matrimonios en nuestras sagradas escrituras, en el dogma o en la legislación eclesiástica", afirma el colectivo en su página web.

El grupo, cuyo cometido es ayudar a las parejas gays creyentes a encontrar iglesias y sacerdotes que acepten oficiar sus ceremonias nupciales, lamenta que la Iglesia sea incapaz de comprender la diversidad sexual.

Como parte de este movimiento, decenas de congregaciones de todo el país han decidido ceder sus templos para el uso de todos sus feligreses, lo que en la práctica incluye también las ceremonias entre personas del mismo sexo.

La última en sumarse a esta iniciativa esta misma semana fue la congregación de la catedral de Helsinki, a la que pertenecen, además de la basílica, otras tres iglesias muy populares entre las parejas que quieren contraer nupcias.

Peter Nynäs, uno de estos "curas arcoiris" y profesor de la universidad Åbo Akademi de Turku, explica a EFE que, más que de una rebelión, se trata de ejercer una desobediencia civil contra sus superiores.

"La situación actual hace posible que los ministros realicen una desobediencia civil. Si casan a la gente, será registrado oficialmente como un matrimonio eclesiástico", asegura Nynäs.

Él mismo fue denunciado ante su diócesis por el simple hecho de mostrar abiertamente su disposición a oficiar bodas gais, aunque las autoridades diocesanas aún no han se han pronunciado sobre su caso.

Nynäs está convencido de que la postura oficial de la Iglesia Luterana acabará cambiando, ya que, según un estudio que él mismo dirigió, alrededor del 80 por ciento de los finlandeses es partidario del matrimonio homosexual religioso.

Aunque la Iglesia por el momento ha tomado partido por la vieja doctrina, la decisión no es definitiva y continúa debatiendo el asunto, debido a la resistencia de este grupo de sacerdotes y de muchos otros que les apoyan.

"Una de las consecuencias que están discutiendo es el posible riesgo de que la Iglesia se divida. Algunos grupos fundamentales pueden sentir que no pueden aceptar ser parte de una Iglesia que celebra matrimonios homosexuales", explica Nynäs.

No obstante, él sostiene que para los feligreses de la comunidad LGTB es importante poder celebrar sus uniones en la Iglesia a la que pertenecen, pese a que la nueva ley les permita casarse por lo civil.

"Muchas parejas del mismo sexo quieren que la Iglesia y Dios sean parte de su matrimonio, que lo bendigan con su santa presencia y los apoyen a lo largo de toda su vida. Un matrimonio civil no es lo mismo para estas personas", sentencia.

Fuente: EFE