El Papa, con la vista puesta en la crisis del gobierno de Maduro

Por: Sergio Rubin

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Sergio Rubin

El Papa Francisco inicia hoy una delicada visita de cinco días a Colombia donde intentará hacer un aporte a la reconciliación nacional, cuya traducción política conlleva apuntalar los acuerdos de paz suscritos el año pasado por el gobierno y la guerrilla de las FARC.

Esos convenios quedaron maltrechos luego de que fueran rechazados por una ajustada mayoría en un referéndum que patentizó la gran po- larización entre los colombianos que apoyan las concesiones a la guerrilla y quienes se oponen a su impunidad.

El viaje, sin embargo, tiene otro costado de aún mayor voltaje político: las palabras o los gestos que el pontífice pueda tener respecto de la vecina y convulsionada Venezuela, donde el régimen de Nicolás Maduro sigue arremetiendo contra las libertades y las instituciones, en medio de una situación económica y social cada vez más desesperante.

Y así como no pocos colombianos -empezando por su presidente, Juan Manuel Santos, que tuvo en Francisco un aliado en el proceso de paz- anhelan que el Papa ayude a cerrar heridas de más de medio siglo de violencia y empiece una nueva etapa en el país, muchos venezolanos –comenzando por la maltrecha oposición- tienen la esperanza de que el pontífice le meta presión a Maduro para que se allane a negociar una salida a la crisis.

A diferencia de Colombia, donde el aliento del Papa –y la asistencia de la católica Comunidad de San Egidio- al proceso de paz fue valioso, la participación del Vaticano como facilitador de un diálogo en Venezuela, el año pasado, concluyó en un fracaso porque el régimen no cumplió nada de lo acordado y disparó una protesta de la Santa Sede.

El viernes, en Villavicencio, muy golpeada por la violencia, el Papa presidirá por la tarde un Gran Encuentro por la Reconciliación Nacional, durante el que darán testimonio dos víctimas y dos victimarios. Será en el marco de un oficio litúrgico que oficiará en el parque Las Malocas. En el altar habrá un crucifijo seriamente dañado de la iglesia donde ocurrió la llamada masacre de Bojacá, en la que murieron un centenar de civiles atrapados en el interior del templo.

Previamente, a la mañana, también en esa localidad, celebrará en el predio de Catama una misa en la que beatificará al obispo de Arauca Jesús Jaramillo Monsalve, asesinado por el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en octubre de 1989, además del sacerdote Pedro Ramírez Ramos, ultimado en 1948, durante la revuelta popular conocido como el “Bogotazo”.

Para algunos observadores, la proximidad de Villavicencio con Venezuela sería la ocasión para que el Papa se pronuncie sobre ese país. Está confirmado que los dos cardenales venezolanos estarán con el resto de sus colegas latinoamericanos en un encuentro con Francisco en Bogotá.

Se descuenta que otros obispos y sacerdotes de la combativa iglesia venezolana participarán de las ceremonias del pontífice, además de muchos de los inmigrantes venezolanos que llegaron al país escapando de las terribles carencias y de la opresión.

El Papa llegará a Bogotá a media tarde luego de más de doce horas de vuelo. Pero no tendrá actividad oficial. Al día siguiente se reunirá con Santos y luego con dirigentes políticos y de la sociedad civil. Se descuenta la presencia allí del ex presidente Alvaro Uribe, un abierto opositor a los acuerdos de paz.

En diciembre pasado, Francisco – en un fuerte gesto para apuntalar esos acuerdos, heridos por el referéndum-, había reunido a Santos y Uribe en el Vaticano. Pero no puede decirse que ese encuentro reblandeció al ex presidente. La buena noticia de esta semana es que el gobierno acordó con el ELN –que está llevando adelante su propio proceso de paz- un cese del fuego de cien días que se leyó como un gesto ante la llegada del Papa argentino.

El jueves por la tarde, también en Bogotá, Francisco oficiará una misa en el parque Simón Bolivar "por la paz y la justicia" que se anticipa multitudinaria. Tras su paso, el viernes, por Villavicencio –el Papa siempre dormirá en Bogotá- viajará el sábado a Medellín, donde oficiará una misa en el aeropuerto, entre otras actividades. Y el domingo volará a Cartagena, donde celebrará otra misa en la que hablará sobre las diferencias sociales en Colombia. Al caer la tarde, partirá de regreso a Roma.