Última catequesis antes de la gira

El Papa recomendó no apresurar las oraciones de la misa

El obispo de Roma instó a los sacerdotes a "no ir de prisa" con el rezo de las oraciones propias de la celebración eucarística. "Recemos para que se haga el silencio, porque sin éste, corremos el riesgo de descuidar el recogimiento del alma", observó.
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El Papa Francisco dedicó la catequesis de la audiencia general de este miércoles a reflexionar sobre la misa, y en particular a una meditación sobre el canto del Gloria, frente a unos 7.000 fieles reunidos en el aula Paulo VI.

"Que pueda la liturgia convertirse para todos nosotros en una verdadera escuela de plegaria", dijo Francisco.

"En el rito romano -explicó- las oraciones son concisas pero ricas en significado. Volvemos a meditar los textos, también fuera de la misa, puede ayudarnos a descubrir cómo dirigirnos a Dios, qué pedir, qué palabras usar"

"Podemos decir que el Gloria, cantado o recitado los domingos -excluyendo los del Adviento y la Cuaresma- así como en las solemnidades y fiestas, constituye una apertura de la tierra hacia el cielo, en respuestas al inclinarse del cielo sobre la tierra", observó el pontífice.

Después del Gloria, o bien cuando este no está, inmediatamente después de la acción penitencial, "la plegaria toma forma particular en la oración llamada 'colecta', por medio de la cual se expresa el carácter propio de la celebración, variable según los días y tiempos del año".

"Con la invitación 'oremos' -dijo el Papa- el sacerdote exhorta al pueblo a recogerse con él en un momento de silencio, a fin de tomar conciencia de estar en presencia de Dios y hacer emerger, cada uno en su propio corazón, las intenciones personales con las que participa en la misa".

Francisco también explicó que "el sacerdote la recita con los brazos extendidos: es la actitud del orante, asumida por los cristianos desde los primeros siglos -como atestiguan los frescos de las catacumbas romanas- para imitar a Cristo con los brazos abiertos sobre la madera de la cruz".

"En el crucifijo reconocemos al sacerdote que ofrece a Dios el culto que él ama, es decir la obediencia filial", explicó.

Francisco instó a "no ir de prisa: recemos para que se haga el silencio, recomiendo esto a los sacerdotes. Sin este silencio corremos el riesgo de descuidar el recogimiento del alma".

"El silencio -observó- no se reduce a la ausencia de palabras, sino en el disponerse a escuchar las otras voces: la de nuestro corazón y, sobre todo, la voz del Espíritu Santo".

En la liturgia, "la naturaleza del sagrado silencio depende del momento en que tiene lugar: durante el acto penitencial y tras la invitación a la plegaria, ayuda el recogimiento; tras la lectura o la homilía, es un llamado a meditar brevemente lo que se ha escuchado; después de la comunión, favorece la plegaria interior de alabanza y súplica".

Por lo tanto, agregó, "antes de la oración inicial el silencio ayuda a recogernos en nosotros mismos y a pensar por qué estamos allí. He allí la importancia de escuchar nuestro ánimo para abrirlo luego al Señor".

"Tal vez venimos de días de cansancio, de alegría, de dolor, y queremos decirlo al Señor, invocar su ayuda, pedir que no esté cerca -agregó el pontífice-, tenemos familiares y amigos enfermos o que atraviesan pruebas difíciles, deseamos confiar a Dios la suerte de la Iglesia y del mundo".

"Para ello hace falta el breve silencio antes de que el sacerdote, recogiendo las intenciones de cada uno, expresa en voz alta a Dios, en nombre de todos, la común plegaria que concluye los ritos de introducción, haciendo la 'colecta' de las intenciones individuales".

"Recomiendo vivamente a los sacerdotes observar este momento de silencio, que sin querer corremos el riesgo de descuidar", concluyó Francisco.


Fuente: ANSA