Miércoles 24.05.2017

LA GRAN MEZQUITA DE PARIS

El refugio francés de los judíos en la Segunda Guerra

El imán Si Kaddour Benghabrit no se dejó intimidar por los nazis y ayudó a salvar decenas de vidas.
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-- Por Ricardo H. Elía --

En mayo de 1940, Francia fue ocupada por los nazis. Un gobierno francés colaboracionista se instaló en Vichy. El régimen de esta ciudad trabajó codo a codo con los nazis e inmediatamente comenzó a pro- mover leyes contra los judíos.

La policía de Vichy desencadenó una serie de redadas y arrestos. Numerosos judíos de ambos sexos y de todas las edades fueron enviados a campos de concentración atestados, donde se vieron obligados a vivir en condiciones infrahumanas. El más conocido de estos trágicos episodios fue la Redada del Velódromo de Invierno. El 16 de julio de 1942, a las cuatro de la madrugada, 12.884 judíos fueron arrestados (4.051 niños; 5.802 mujeres; 3.031 hombres) en París. Esta redada representó más de una cuarta parte de los 42.000 judíos franceses que fueron enviados al campo de la muerte de Auschwitz en 1942, de los cuales sólo 811 regresarían al término de la guerra.

En aquellos días aciagos, la Gran Mezquita de París, centro de la comunidad musulmana en Francia, se convirtió en un oasis seguro en la urbe. Construida según los parámetros de la arquitectura islámica marroquí, fue inaugurada en 1926 en el Barrio Latino, en la famosa “orilla izquierda del Sena”.

Al comenzar la Segunda Guerra, su rector era el sheij argelino Si Kaddour Benghabrit (1868-1954), un hombre sabio y moderno que frecuentaba centros culturales y cafés literarios, apodado “el musulmán más parisino”.

En septiembre de 1940, tres meses después del establecimiento del régimen criminal que sofocaba a Francia, los nazis y el gobierno de Vichy comenzaron a sospechar que la gente de la mezquita estaba ayudando a los judíos. Esta situación colocó al rector en una posición muy peligrosa, pero no logró intimidarlo. Por entonces, Salim Halili (1920-2005), un joven judío argelino que había llegado a París a la edad de catorce años para aprender el o cio de cantante, se encontraba desesperado y buscó refugio en la mezquita. Si Kaddour Benghabrit le otorgó sin vacilar un certificado que acreditaba que su abuelo se había convertido al Islam. El rector incluso hizo colocar secretamente una lápida en el cementerio islámico donde figuraba el nombre de la familia de Salim, esperando convencer a los nazis de que éste era musulmán. Esta tradición no era nueva. Los judíos y musulmanes del Norte de Africa habían aprendido a ser hermanos a lo largo de 14 siglos, ayudándose en los momentos dificiles.

Salim Halili logró sobrevivir durante el resto de la guerra dentro de la mezquita aparentando ser musulmán. Otros cien judíos de distintas nacionalidades recibieron ayuda del rector y salvaron sus vidas. Por eso, después de la liberación, el imán Si Kaddour Benghabrit fue condecorado con la Gran Cruz de la Legión de Honor.

En 2008 se publicó el libro La Gran Mezquita de París: Una historia de cómo los musulmanes rescataron a los judíos durante el Holocausto, escrito por Karen Gray Ruelle y Deborah Durland DeSaix. Y en 2011 se estrenó una película francesa, Los Hombres Libres, del director franco-marroquí Ismaël Ferroukhi, donde se destaca el protagonismo del rector de la mezquita, interpretado por el conocido actor francés Michael Lonsdale.

Cita interreligiosa en una mezquita porteña

El Centro Islámico de la República Argentina (CIRA) abrió las puertas de la mezquita Al Ahmad, de la calle Alberti al 1.500, en el barrio porteño de San Cristóbal, para un encuentro interreligioso en el que disertaron el presidente del CIRA, Aníbal Bakir, y los miembros fundadores del Instituto de Diálogo Interreligioso (IDI), el dirigente islámico Omar Abboud; el rabino Daniel Goldman, y el padre Guillermo Marcó. Entre otros, asistieron el rabino Abraham Skorka, el sheij Abdelma- by Elhefnawy y el ex canciller Adalberto Rodríguez Guavarini. Bakir consideró el diálogo interconfesional como un “mandato divino” para musulmanes, cristianos y judíos. Marcó recordó la primera visita del cardenal Bergoglio al CIRA; Abboud señaló la raíz común de estas confesiones y Goldman dijo que la cita fue “religiosamente mágica”.