ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

Francisco, blanco de acusaciones falsas

Por: P. Guillermo Marcó

Ataques al Papa. En su país circuló en las redes una disparatada imputación de esconder en el Vaticano dinero de la corrupción. En sectores ultraconservadores le achacaron encubrir a un cardenal abusador.
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Cuando Jorge Bergoglio se volvió Francisco me explotó el teléfono: ni bien cortaba entraba otro llamado. Llamaron parientes, amigos, ex amigos y hasta desconocidos por la buena nueva de un Papa argentino. De pronto, “todo el mundo” decía que lo había visto o estado con él el en algún momento de su vida. Muchos expresaban, además, su deseo de ir a saludarlo a la Plaza de San Pedro o de asistir a la misa que oficia diariamente en la residencia Santa Marta.

Cuando Jorge Bergoglio asumió el papado cada uno de sus gestos era alabado por la prensa y admirado por la gente. “Renunció a vivir en los apartamentos papales...” “Fue personalmente a pagar la cuenta del hotel donde se alojó...” “Me contestó una carta que le escribí...” “Me llamó por teléfono...” Desde entonces con una extroversión y una sonrisa que no lo caracterizaban en su país, los elogios hacia él estaban a la orden del día.

Conozco a Jorge Bergoglio hace muchos años. Ejercí como su vocero durante ocho años. Siempre le dije lo que pensaba. De frente, no por detrás. Lo defendí en público como en priva- do. Hoy está frente a una prueba como consecuencia de los ataques que recibe en su país y de pequeños pero muy activos sectores de la Iglesia en el mundo. Convendría recordar que calumniar también es un pecado. Y se calumnia cuando se difunden acusaciones incomprobables, mentiras lisas y llanas, en la cloaca que se convirtieron las redes sociales.

Ante todo quisiera aclarar su relación con el dinero. Siempre fue austero: hacía remendar las medias y las camisetas hasta que las hermanas se las tiraban y le compraban nuevas. Cuando viajábamos a Roma lo hacíamos en clase turista y jamás utilizó los pasajes que el gobierno ponía a su disposición. Es una persona que siempre quiso ser pobre por amor a Jesús y su Iglesia. ¿Es creíble que aceptaría dinero de la corrupción kirchnerista? No obstante, le pregunté al fiscal Carlos Stornelli si había una denuncia como circuló y me lo desmintió categóricamente.


Por otra parte, el Papa visitó días pasados Irlanda con motivo del Encuentro Mundial de las Familias sobre el que nada se publicó. Toda la prensa mundial no hacia más que hablar de los vergonzosos casos de pedofilia en ese país. Paralelamente, se conocía una espeluznante investigación por este tipo de delitos de la Justicia de Pensilvania. Ahora, me pregunto: ¿Qué culpa tiene el Papa?

Ninguna. Sin embargo, pide humildemente perdón; habla del tema, no lo esconde; se reúne con las víctimas. Y, por supuesto, avanza en medidas para un combate a fondo contra este flagelo que la Iglesia no afrontó como corresponde y ocultó en el pasado. Por eso, quiero agradecerle su valentía de ponerle el pecho a las balas. Y quiero pedirle perdón por los millones de malidicentes que no hicieron nada por nadie, ni reconocen culpa de nada, como si fueran inmaculados, y lo critican. ¿O no hubo cierta prensa que ocultó masacres? Es fácil sumarse a la masa en el patio del Pre- torio para gritar: “crucifiquenlo”.

Lo conocí a Jorge Bergoglio en otros momentos de prueba y vi como guardaba silencio y confiaba en que la “verdad salga a la luz”. En esas horas -como Jesús en Getsemaní- suelen quedar pocos. Pero estoy seguro de que Dios lo seguirá sosteniendo y que no se dejará doblegar por calumnias y mentiras. Sabemos lo difícil que es su tarea y rezamos para que lleve a la Iglesia a buen puerto.