La cooperativa de recuperadores urbanos El Ceibo, tiene como pilar la inclusión social

La emprendió Cristina Lescano, quien llegó de Trelew durante la hiperinflación de 1989
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Al costado de la colectora de la autopista Arturo Illia, en un camino de tierra perpendicular a la calle Salguero, se levanta un galpón inmenso donde funciona El Ceibo, una cooperativa de recuperadores urbanos que clasifican y enfardan el material que separan empresas y vecinos de barrios de la Ciudad y que luego venden a clientes que lo reutilizan.

Cristina Lescano tenía 36 años cuando en el contexto de la hiperinflación de 1989 viajó desde Trelew —donde vivía con sus tres hijos— a Buenos Aires para buscar trabajo. Cuando llegó, se instaló en una casa tomada de Palermo junto a Martín, el más chico de sus hijos, y otras cuatro familias. “Era horrible vivir así. Esa casa tenía dueño, podía venir de la noche a la mañana y sacarte de ahí”, dice. Formó parte de la primera camada de cartoneros que revolvían la basura en búsqueda de material que luego vendían a depósitos por poco dinero.

​Al principio hicieron un trabajo titánico para concientizar a los vecinos. Se identificaban con pecheras y ellos les entregaban bolsas con cartones, papel, bolsas de nylon, botellas PET, tetra pack y vidrio. En 2003 el Estado les facilitó el galpón, donde clasificaban los residuos y los empaquetaban para venderlo a empresas que lo reutilizaban para la fabricación de productos.

El tiempo les dio herramientas para manejarse mejor y se dieron cuenta de que si vendían lo que recolectaban en conjunto conseguían más dinero. Esa fue la primera semilla de El Ceibo, la cooperativa de cartoneros que lleva el nombre de la flor nacional y popular. De cincuenta personas pasaron a ser cien, de cien a ciento veinte y el crecimiento les empezó a exigir una estructura legal, que encontraron en la cooperativa.

La cooperativa logró la sustentabilidad del negocio a partir del dinero que reciben de las empresas que completan el círculo de reciclaje y el subsidio mensual del Gobierno de la Ciudad.

Actualmente, trabajan 302 socios provenientes de la villa 31, Gonzalez Catán, Villa Fiorito, entre otros, en una jornada de 8 horas que empieza a las 7 de la mañana.