Miércoles 14.11.2018

MUSULMANES - Por Ricardo Elía / Secretario de Cultura del CIRA

La influencia cultural, científica y espiritual del Islam en las Cruzadas

Un análisis que hace a un lado las atrocidades cometidas y rescata los resultados positivos en materia cultural.
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Las Cruzadas se desarrollaron a lo largo de cuatro siglos, desde 1095 con el Concilio de Clermont hasta 1492 con la toma de Granada. Lo que aquí queremos dejar en claro es que las Cruzadas no tuvieron absolutamente nada que ver con el espíritu del cristianismo ni con la Iglesia Católica. Fueron empresas llevadas a cabo por hombres embargados por la codicia y el poder que no se amilanaron en saquear y destruir incluso ciudades cristianas, como Constantinopla en 1204, y cometer las mayores atrocidades utilizando hipócritamente la religión. Por el contrario, queremos rescatar aquí el aspecto positivo de estas expediciones que trajeron aparejado un interesantísimo intercambio cultural.

El erudito francés Pierre Ponsoye (1915-1975) nos dice en una de sus obras: «Sabemos mejor hoy día que en la Edad Media el cristianismo y el Islam no tan sólo se enfrentaron y que, enfrentándose, no tan sólo se combatieron. Señales concordantes y ciertas atestiguan que hubo, entre sus minorías responsables, más allá del anatema y el combate, no sólo intercambios superficiales u ocasionales, sino una conjunción espiritual auténtica en la que la intelectualidad islámica desempeñó, durante siglos, el papel inspirador y guía.»

Historiadores como el obispo Guillermo de Tiro (1130-1185) hablaban de la civilización musulmana con un respeto, a veces con una admiración, que habría escandalizado a los monjes y guerreros de la primera cruzada (1096-1099).
Los médicos cristianos aprendieron de los profesionales musulmanes y la cirugía occidental sacó un gran provecho de las Cruzadas. Paradójicamente, las Cruzadas no sólo no alcanzaron su objetivo sino que también aceleraron la afluencia de ideas orientales hacia Occidente y fueron para Europa un acontecimiento que señaló una época.

Los cruzados después de probar el baño árabe no quisieron renunciar a esos placeres que los europeos habían visto durante mucho tiempo con malos ojos y volvieron a introducir la limpieza en Europa. Las muselinas de Mosul y los baldaquinos de Bagdad hicieron a los europeos conocer toda una nueva variedad de telas para vestir e incluso la palabra algodón proviene del árabe (al-qutun).
Las Cruzadas no fueron importantes por lo que intentaron, sino por los resultados que obtuvieron sin haberlos proyectado. Obligaron a Europa a salir del aislamiento del oscurantismo y abrieron nuevos horizontes a sus hijos.

Los musulmanes, hábiles para adiestrar pájaros, enseñaron a los cristianos el empleo de palomas mensajeras. De manera semejante, los juegos marciales de los musulmanes y los escudos de armas habrían de encontrar eco en los torneos y las figuras heráldicas de la caballería europea.

Escritores como el escocés Sir Walter Scott, en su obra «El Talismán» (1825), reconocen al sultán Saladino (1138-1193) como al modelo del caballero noble y generoso. Él es elocuente, humilde, fuerte y posee todas las virtudes y cualidades: ayuda a los pobres y socorre a las damas.

El filósofo y político francés Jules- Barthelemy-Saint-Hilaire (1805- 1895), Secretario General de la Presidencia de la República (1871-1873), en un libro que escribió sobre el Corán nos confirma que el espíritu caballeresco fue inventado por los árabes musulmanes: «Fue el genio árabe el que trajo la caballerosidad desde sus hogares en Europa [Al-Ándalus, Provenza, Sicilia], lo que ha contribuido en gran medida a dulcificar las costumbres y dar a luz a la cortesía y el respeto por las mujeres. Con el trato con los árabes y con la imitación de éstos, los rudos señores de nuestra Edad Media suavizaron sus costumbres; de modo que los caballeros, sin perder nada de su valor, adquirieron sentimientos más delicados, nobles y humanos, que es muy dudoso que hubiese logrado inspirarles el cristianismo solo, por más benéfico que fuese. Debemos felicitar a los árabes por esta amable invención.»

Al término de las Cruzadas el liderazgo intelectual había pasado de los musulmanes a la Europa Occidental, pero esto no fue tanto el resultado de las cruzadas, sino de la transferencia del saber científico islámico.

Esta influencia trascendental posibilitó más tarde el Renacimiento, la Ilustración y Modernidad en Europa.