JUDAÍSMO -Por Tzvi bar Itzjak

La instrucción como virtud

El estudio no es solo un medio, sino una actitud ética al servicio de la sociedad. El aporte del rabino y de la sinagoga.
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La palabra hebrea “Jinuj” significa educación, formación y aprendizaje. La noción de enseñanza es del orden bíblico (Deuteronomio cap.6). En la tradición judía la concepción de la educación es central, ya que da un sentido hondo de pertenencia e identidad. La alfabetización y el conocimiento a modo de erudición han si- do transmitidos como una virtud de generación en generación. Tomemos ejemplos cotidianos: el rezo diario implica saber leer del libro de oraciones llamado Sidur. La observancia de la pascua judía o Pesaj supone repasar un libro llamado Hagadá, en el cual se narra la historia del mítico éxodo de Egipto. Muchas otras festividades y eventos del ciclo de la vida involucran recitaciones que se llevan a cabo de manera pública. Otro ejemplo: todo joven que celebra su Bar o Bat Mitzva (confirmación de su estado de adultez judía) lo hace leyendo del rollo de la Torá, a la vez que debe mostrar idoneidad para interpretar aquello que realiza. Siendo que se lee la Torá los días lunes, jueves y sábado (shabat), la exigencia de acompañar el significado de las letras y vocablos hebreos termina transformándose en una necesidad y en una experiencia social. En otro orden de cosas, la vida tradicional promueve que para entender la ley se debe estudiar el Talmud y comprender sus argumentos (representa una suerte de enciclopedia judía que incluye normas, historias, relatos y refranes). Cuenta esta maravillosa enciclopedia que el afamado Rabi (rabino) Akiva, era originalmente un simple e ignorante pastor de ovejas, y que se transformó en un erudito siendo ya adulto. Esto indica que toda instrucción es permanente y no distingue edades. Aclaremos que los rabinos no cumplen funciones sacerdotales, sino que son los maestros por excelencia. Las escuelas rabínicas comienzan, por lo menos, hace dos milenios. Los primeros grupos rabínicos se crearon después de la destrucción del Segundo Templo (año 66 d.c.), luego que las batallas contra Roma derivaron en la aniquilación y diáspora de gran parte de la población judía. En ese momento se debió encontrar un modo novedoso de dar continuidad al sistema de valores y creencias, ya que el Templo destruido y las ofrendas que en él se hacían eran el núcleo medular de la vida judía. A partir de ahí cambió la perspectiva, reorganizándose alrededor del estudio y el aprendizaje. Se crearon las casas de formación o Batei Midrash y las sinagogas o Batei Kneset, instituciones que con la misma dinámica funcionan hasta hoy. Aclaremos también que una sinagoga no es un templo, sino un espacio de reunión comunitaria, lugar de encuentro que cumple la función de ser el ámbito en el que se aprende y se celebra. En definitiva, para el judaísmo el estudio no es simplemente un medio, sino un símbolo de ética e integridad que debe transformarse y concretarse como aporte y propuesta para la sociedad.