JUDIOS - Por Tzvi bar Itzjak

La música como un puente hacia la anhelada paz

El notable musicólogo Edwin Seroussi, de la Universidad Hebrea de Jerusalem, está por llegar al país.
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Jerusalén. Orbe sagrado para el judaísmo, el cristianismo y el islam. Ciudad Santa y de conflictos. Fueron varios los años de mi vida en los que caminé por sus calles y elevé mis oraciones en sus recintos. Pero funda- mentalmente gran parte de mi formación académica se la debo a su Universidad, un espacio en la que investigadores y alumnos conformamos una comunidad diversa que intenta, a través del conocimiento, superar los escollos que presenta la coyuntura política de la zona.

La Universidad Hebrea de Jerusalén, fundada en los años veinte del siglo pasado, es una institución que educa para el entendimiento y el diálogo. Albert Einstein dictó su clase inaugural en el año 1921 y, de ahí en más, filósofos de la talla de Martin Buber, humanistas como Guershom Sholem, y 7 premios Nobel forman parte de su historia, transitada en disciplinas que van desde las ciencias duras hasta la investigación en artes.

Quiero hacer referencia en estas breves líneas a la llegada en los próximos días a nuestro país del profe- sor Edwin Seroussi, musicólogo nacido en Montevideo, Uruguay, académico de dicha Casa de Estudios, y cuya área de investigación incluye esencialmente las tradiciones musicales judías y árabes del norte de África y Medio Oriente. Autor de infinidad de publicaciones, reconocido y premiado, Seroussi sostiene la concepción del lenguaje musical como un puente entre vecinos para la paz.

Proveniente de un hogar donde se respiraba arte (su madre fue la reconocida pianista Raquel Bargman), y pretendiendo él mismo ser un destacado violinista, hoy puede dar fe de la importancia de su virtuosismo, después de ser casi 20 años el titular de uno de los departamentos de musicología más notorios del Oriente Medio. Participante y organizador de encuentros musicales interreligiosos, el profesor Seroussi unió docentes desde Marruecos hasta Azerbaiyan en programas de formación en las que cristianos, musulmanes y judíos conviven en el sutil idioma que puede cobijar la paz en el alma de los seres humanos y que ayuda a superar las visiones estrechas. Si los políticos no tuvieron la capacidad de resolver el profundo conflicto a través de los modos formales, si la diplomacia fracasó y las autoridades religiosas no encontraron el método, entonces seamos realistas y pidamos lo posible. Para eso están los artistas. Los músicos, los poetas, los pintores. Pero no como relleno, no como parte de una política cultural. Porque no son simples embajadores de una paz irónica.

A través de una sensibilidad diferente, con armonías disruptivas de otro rango y nivel, ellos son los protagonistas de las soluciones por un mundo de entendimiento. Y asimismo, son los formadores de un respeto, una responsabilidad y una ética de valores que enlazan a los seres humanos por medio de lo más bello que poseemos. De este modo, el arte nos rescata para llegar a la transformación que tanto se anhela. Y aunque todo esto parezca y suene iluso, les aseguro que no lo es.

En ese sentido, la presencia de Edwin Seroussi en nuestro país resulta un gran ejemplo de que el arte es un destello más de una revelación divina.

El profesor Seroussi dictará conferencias del 13 al 16 de agosto. Para mayor información www.betel.org.ar.