los abusos a menores en la iglesia

Los juicios por pedofilia, en vía muerta por presión de conservadores

Se trata del tribunal vaticano creado por el Papa para juzgar a obispos culpables de proteger a curas pedófilos. Quienes acusan de “hundirlo” apuntan contra la Congregación para la Doctrina de la Fe y los adversarios del pontífice. Por Julio Algañaraz.
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Un conocido vaticanista dijo que lo ocurrido “es inaudito”, otro se mostró estupefacto. Ha desaparecido un tribunal vaticano creado en 2015 por el Papa para juzgar a los obispos culpables de proteger a curas pedófilos y no se sabe bien qué pasó. El escándalo hizo erupción con la renuncia de la irlandesa María Collins, abusada por un cura cuando era adolescente, y miembro nombrada por Jorge Bergoglio en la Comision de Protección a los Menores.

La mujer dimitió hace poco acusando a la burocracia de la Curia Romana (el gobierno central de la Iglesia), pero en especial a la poderosa Congregación para la Doctrina de la Fe, de sabotear el trabajo de la comisión. Collins ha entrado en polémica con el cardenal conservador Gerhard Mueller, prefecto de la Congregación y que, además de la defensa de la ortodoxia doctrinaria, se ocupa de los abusos sexuales del clero en todo el mundo. El cardenal Mueller respondió a las protestas de Collins (elogiada por el Papa cuando renunció), que ahora replicó.

En la cadena de denuncias contra los saboteos a la acción de la Comisión Pontificia por parte de la congregación de Mueller y otros sectores de la Curia, Marie Collins plantó una acusación muy grave: el silencioso hundimientro del tribunal que el pontífice argentino ordenó instituir en junio de hace dos años, en una sección en la Congregación para la Doctrina de la Fe, que debía ocuparse del nuevo delito de “abuso de oficio epicopal”. Este delito fue propuesto a Bergoglio por la Comisión para la Tutela de los Menores. Francisco aceptó la propuesta y estableció que fuera un delito canónico el “abuso de oficio episcopal”, en el que caen los obispos que no hayan dado seguimiento adecuado a las denuncias de abusos sexuales por parte de religiosos contra menores o “adultos vulnerables”. Es más, el Consejo de Cardenales (G9) que ayuda al Papa a gobernar la Iglesia había aprobado el informe del cardenal arzobispo de Boston, Sean O’Malley, presidente de la Comisión de Tutela, con la propuesta que Francisco aprobó enseguida y estableció, además, dotar al nuevo tribunal de un arzobispo secretario y los fondos necesarios para cumplir su misión.

En su polémica con Maria Collins, el cardenal Mueller dijo que “era solo un proyecto”. La mujer respondió: “Sus palabras, cardenal, confirman que mi afirmación sobre el tribunal era verdadera: la Comisión pontificia lo recomendó, el Consejo de Cardenales y el Papa lo aprobaron y su congregación luego lo rechazó”.

Pero ¿cómo es posible que una decisión tan importante del Papa haya terminado en una vía muerta? El conocido vaticanista Marco Politi, un admirador de la línea reformista del Papa argentino, muestra en su blog toda su preocupación por lo ocurrido. Allí afirma: “El affaire Collins golpea a la puerta del quinto año del pontificado”, que se inicio el lunes pasado. “El choque se hace cada vez más duro” con sus adversarios y enemigos más conservadores. “La dimisión de María Collins demuestra que los opositores a Bergoglio y su linea reformista pueden también hacer un gol”, señala.

Marco Politi es el vaticanista que calificó de “guerra civil” el conflicto actual en la Iglesia. “Se trata de una guerra de convicciones, apoyada en la interpretación del papel de la Iglesia en la sociedad contemporánea, con una radical diversidad de visión en mérito a la Doctrina y la Pastoral, la Tradición y el Discernimiento. Es de hecho una guerra ideológica”.

Que la Doctrina de la Fe, dirigida por el cardenal Mueller, haya bloqueado y “nulificado” la institución de un tribunal vaticano anunciado oficialmente en 2015, “pone el veto a una iniciativa del Papa de tolerancia cero a los abusos y es un evento inaudito que pone serios interrogantes sobre las relaciones de fuerza dentro de la Iglesia”, escribió Politi.

Son varios los analistas que en estos días esperan que Francisco inicie esta segunda fase de su pontificado con un equipo reformador coherente. Luigi Accatoli, veterano vaticanista del Corriere della Sera recordó que “Francisco desconfía de la Curia y no ha formado una escuadra suya, no delega un poder real a nadie”.

El caso del tribunal “desaparecido” demuestra que las cosas han llegado a un nivel difícil y que es necesario reforzar la organización de la línea reformista, que exhiba a las figuras más representativas que se identifican con la “revolución de la ternura” de la Iglesia “en salida” de Jorge Bergoglio. En el Vaticano un peligro grave es el aislamiento.

Fuente: Clarín