ISLAMICOS

Los rohingyas, un pueblo olvidado

Por: Firas Elsayer (Centro Islamico de la Rep Arg)

La dura realidad de una minoría ignorada por el mundo, que convive con torturas, asesinatos y desapariciones.
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Los musulmanes rohingyas son originarios de Bangladesh. La llegada del Islam a esa región data entre principios del siglo VII y VIII, cuando comerciantes árabes musulmanes se asentaron en el sudeste asiático. Siglos después los rohingyas se trasladaron del antiguo estado de Arakán a Rakhine, segundo estado más pobre de Birmania (Myanmar).
Arakán fue colonia británica entre 1826-1948, y a los rohingyas se les sumaron miles de musulmanes que llegaron desde la vecina India Británica, como mano de obra barata, y muchos de ellos se asimilaron a la antigua población rohingya.

Esta etnia siempre fue considerada ajena a la sociedad birmana. Fueron estigmatizados por ser bengalíes y musulmanes. Después de la Segunda Guerra Mundial, fundaron un estado autónomo en Arakán, pero a partir de la dictadura instaurada en Birmania en 1962 por el general Ne Win, que duró hasta 2012, fueron acosados y reprimidos de manera permanente y sistemática por el ejército birmano.

La represión llegó a su punto máximo en 1978 cuando las desapariciones, las torturas y los asesinatos obligaron a un cuarto de millón de rohingyas a huir a Bangladesh. En la actualidad se calcula que en Arakán habitan unas 4 millones de personas, en su mayoría budistas, siendo un millón los rohingyas. Cerca de otro millón de rohingyas viven ya en países vecinos como refugiados.

Los musulmanes rohingyas tienen prohibido casarse con personas de otras etnias y viajar sin permiso de las autoridades. Viven hacinados en campos de concentración con condiciones de vida infrahumanas, sin ningún apoyo internacional y privados de derechos fundamentales. No pueden tener propiedad, de ningún tipo: tierras, casas o animales.

No pueden tampoco tener más de dos hijos: si una mujer queda embarazada, es obligada a practicarse abortos clandestinos. La política represiva del gobierno birmano permite a las fuerzas de seguridad métodos arbitrarios para el control poblacional, como el registro de hogares, revisión y control de las madres biológicas.

Los índices de enfermedades de los rohingyas son los más altos de Birmania debido a la subalimentación. Numerosos niños y niñas sufren una desnutrición severa.

La actual crisis provocó que los rohingyas, en vez de utilizar la vía de huida a pie por la jungla que los lleva hasta Tailandia, se lancen al mar, poniéndose en manos de traficantes de personas y especuladores de ocasión, que los abandonan en cualquier lugar haciéndoles creer que llegaron al destino acordado. Este mar de Andamán enmarcado entre el sur de Birmania y el sureste del golfo de Bengala, está infestado de tiburones, a la caza de todo lo que flote en sus paradisíacas aguas, incluidos los rohingyas desesperados.

Lo que está sucediendo en Birmania hoy es una tragedia humana que puede calificarse de limpieza étnica y crímenes contra la humanidad.

El ejército birmano, fogueado durante más de cinco décadas de feroces dictaduras militares, es unos de los más criminales del planeta.

En el documento, firmado por, entre otros Premios Nobel de la Paz, el arzobispo Desmond Tutu, los musulmanes Muhammad Yunus y Malala Yousafzai, José Ramos Horta, Oscar Arias y el argentino Adolfo Pérez Esquivel, se denuncia “casas incendiadas, mujeres violadas, niños asesinados y bebes lanzados a fogatas”, mientras “crucialmente, se prohíbe el ingreso de ayuda humanitaria”.

El papa Francisco lamentó el pasa- do 27 de agosto la situación: “Llegan noticias tristes sobre la persecución de la minoría religiosa, nuestros hermanos rohingyas. Quiero expresarles toda mi cercanía. Pidamos todos al Señor que los salve y que suscite hombres y mujeres de buena voluntad que los ayuden y les otorguen ple- nos derechos”.

No es la primera vez que Francisco recuerda el drama de los musulmanes en Birmania. En febrero de este mismo año, con motivo de la Jornada de Oración y Reflexión contra el tráfico de personas, denunció la tortura que padecen los rohingyas “perseguidos por sus tradiciones y su fe musulmana”.

Los rohingyas son el pueblo musulmán que el mundo olvidó. Y la hipocresía de las negligentes organizaciones humanitarias y de las supuestas potencias democráticas hacia los rohingyas es tan patética como su silencio y pasividad. La cantidad de muertos, heridos y desparecidos entre los musulmanes rohingyas desde hace décadas es prácticamente imposible de contabilizar.