un paso hacia la libertad religiosa

Marruecos: ya no será condenado a muerte quien abandone el islam

El Consejo superior de los ulemas abolió la pena capital para las personas que renuncien al islam y puso en marcha un proceso para reinterpretar el Corán. La resolución refleja una postura que había sido apoyada en el ala reformista del mundo islámico.
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La “fatwa” (resolución), emitida por el Consejo superior de los ulemas marroquíes y difundida en “La vía de los sabios”, refleja una postura informal que había sido apoyada y promovida en el ala reformista del mundo islámico según el cual se ocuparía del castigo Dios en el más allá y no el hombre en la vida terrenal. Pero la novedad es que esta postura fue oficializada por primera vez por una institución teológico-jurídica de nivel absoluto. El Consejo superior de los ulemas, presidido por el rey Mohammed VI, es considerado la mayor autoridad religiosa.

La noticia que llega de Marruecos de la abolición de la pena de muerte para quien abandone el islam por otra religión tiene un enorme significado. La “fatwa” (resolución), emitida por el Consejo superior de los ulemas marroquíes y difundida en “La vía de los sabios”, refleja una postura informal que había sido apoyada y promovida en el ala reformista del mundo islámico según el cual se ocuparía del castigo Dios en el más allá y no el hombre en la vida terrenal. Pero la novedad es que esta postura fue oficializada por primera vez por una institución teológico-jurídica de nivel absoluto. El Consejo superior de los ulemas, presidido por el rey Mohammed VI, es considerado la mayor autoridad religiosa. Pero probablemente es más interesante incluso que la “fatwa” misma el proceso del que surgió. 

Los ulemas, efectivamente, interpretaron el texto sacro de una manera innovadora, adaptándolo a los tiempos y utilizando criterios modernos para juzgar los casos de apostasía. Las citas de El Corán sobre las que se han concentraron principalmente las reflexiones son los conocidos versículos que dicen «Quien cambie de religión, mátenlo» y «Quién abandone la religión es aquel que se separa del grupo». Según la interpretación de los expertos marroquíes, las frases deben ser comprendidas en el contexto de guerras que se repetían precisamente en la época en la que el islam daba sus primeros pasos y deben ser interpretadas como indicador del riesgo de que un fiel abandonara no solo una religión, sino un frente para unirse al enemigo: las advertencias de Mahoma tendrían, pues, una connotación más política y estratégica que dogmática. 
 
Este proceso se suma a un recorrido de transformación que se está llevando a cabo en Marruecos y que suscita esperanzas en muchos observadores. En el Código civil se introdujeron mayores derechos para las mujeres, en 2016 se redactó el Documento de Marrakesh en el que se declara que las minorías religiosas deben ser respetadas; a finales de enero de este año llegó la noticia de que el país magrebì volvió a la Unión Africana (Rabat decidió salirse de ella en 1984, como protesta por la admisión de la República Árabe Saharawi Democrática, con la que vive una contienda desde hace décadas, ndr.). 
 
¿Cómo reacciona la Iglesia católica a estas noticias? ¿Cómo vive la relación con el islam en este país que pretende proponerse como de vanguardia en los ámbitos político y espiritual? ¿Cuál es la percepción que tiene de los derechos humanos, civiles y religiosos? Hablamos sobre estas cuestiones con monseñor Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger. 
 
«Seguimos con interés la evolución del debate que puso en marcha la noticia de esta ley en materia de libertad religiosa. Se trata de un proceso que, esperamos, pueda ver un día la luz. Ya es muy buena noticia que se hable de ello, que se trabaje. Para estas cosas, la Iglesia no tiene prisa. Diría que sabemos vivir más en consonancia con el Evangelio cuando las circunstancias parecen menos favorables para el Evangelio y para nosotros». 
 
¿Cuáles son las relaciones entre musulmanes y cristianos en el país, y qué es lo que se hace para el diálogo?  
 
Desde hace mucho tiempo, en este país, la Iglesia eligió como vía principal para instaurar un diálogo auténtico la vida de los creyentes: nuestro compromiso social, nuestro testimonio cristiano, el Evangelio “puesto”, y es una forma de diálogo bastante eficaz. No creo que la Iglesia tenga el mismo prestigio que tiene en Marruecos en ningún país europeo. Y esto, para mí, es una consecuencia directa de ese diálogo de la vida al que me referí. En este sentido, puedo decir que las relaciones entre musulmanes y cristianos en Marruecos son buenas, de mutuo aprecio, de recíproca colaboración. 
 
¿Cuál es la situación de los derechos individuales?  
 
El día en el que en Marruecos haya, además de la libertad de culto (que es bastante amplia), libertad de consciencia o religiosa, será un gran progreso en el reconocimiento de los derechos individuales. Pero el paso más importante y más difícil de dar no es el de la abrogación de los castigos legales, sino el de los castigos sociales y familiares. Hay países de mayoría islámica en el que ese proceso de abrogación ya ha concluido (Senegal, por ejemplo), pero en muchos otros países de fe islámica se trata de un proceso que no parece ni siquiera haber iniciado. 
 
Usted siempre ha estado comprometido en la acogida y en la defensa de los migrantes que pasan por Marruecos tratando de llegar a Europa. ¿Qué le parecen estos dos continentes tan cercanos y tan alejados idealmente?  
 
Pienso en mi país, España, o en Europa. No hay solo una vuelta irracional de la violencia, hay también una vuelta evidente a eso que yo llamo lo anti-persona, lo anti-ser humano como individuo. Una negación clara de los derechos inajenables de cada uno de los seres humanos. Y esto quiere decir que se está volviendo a la ideología fascista, con consecuencias imprevisibles... en realidad, trágicamente previsibles. Lo podemos leer en la historia y podemos volverlo a leer en muchos hechos de nuestros días. 

Fuente: VI