la modificación de la pena de muerte

Saldaño, el argentino condenado a muerte que conmovió al Papa

"Si habré rezado por ese cordobecito", le dijo Bergoglio a la madre de Víctor Saldaño, preso en Estados Unidos. "Lo que esté a su alcance lo va a hacer", salió diciendo la mujer. Dos años después, un cambio en el Catecismo despierta la mirada mundial.
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Para la Iglesia, la pena de muerte es “inadmisible” en todos los casos. Lo acaba de definir el Papa de manera oficial. Un cambio histórico en las enseñanzas católicas, que Francisco meditó por largo tiempo. Al menos dos años, tal vez más. Como atestigua un episodio sugestivo. En junio de 2016, el pontífice recibió en audiencia a Lidia Guerrero, la madre de un argentino que lleva más de 20 años en el corredor de la muerte. En esa ocasión no sólo la abrazó y la confortó, también le anticipó que modificaría el Catecismo.

“La Iglesia católica lucha contra la pena de muerte, este es un caso reconocido por el mismo Estados Unidos en cuanto a las injusticias cometidas, también le sirve a la Iglesia para confirmar cómo se aplica la pena de muerte, que es muy lamentable”, aseguró la señora, familiar de Víctor Hugo Saldaño, enjuiciado en 1996 en dudosas condiciones y que es recordado, desde entonces, como el único argentino condenado a muerte en los Estados Unidos.

Ella habló durante una conferencia de prensa, luego de reunirse con Jorge Mario Bergoglio en el Palacio Apostólico del Vaticano. Era un caluroso sábado romano, 11 de junio de 2016. Entre las varias cosas que ambos se dijeron, el líder católico le anticipó que quitaría la aprobación de la Iglesia a la pena capital. Casi una promesa, que concretó el pasado 2 de agosto ordenando una nueva redacción del número 2267 del Catecismo.  

La modificación es sustancial. Antes, ese apartado indicaba, a la letra: “La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas”. Aunque, a renglón seguido, el mismo número limitaba mucho la aplicación de esta sentencia considerando implícitamente que la misma no era respetuosa de la dignidad de la persona.

Ahora, además de constatar el avance en la comprensión de los derechos humanos y la eficacia del Estado para encerrar a los delincuentes, el nuevo número precisa: “La Iglesia enseña, a la luz del evangelio, que ‘la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona’, y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo”. Una modificación histórica, relacionada -aunque sea en una mínima parte- con el caso Saldaño.

Aquel de junio de 2016 no fue el primer encuentro entre el Papa y la madre de Víctor. Lidia Guerrero ya lo había saludado el 5 de febrero de 2014, durante una audiencia pública de los miércoles en la Plaza de San Pedro. En esa ocasión el pontífice exclamó: “¡Si habré rezado por ese cordobecito!”.

Nacido en la provincia argentina de Córdoba, el 22 de octubre de 1972, Víctor Saldaño constituye un caso emblemático. Arrestado en el estado de Texas en 1996 por su participación en un crimen, fue condenado seis meses después. Desde entonces se encuentra en el corredor de la muerte. Pero en el año 2000 la Suprema Corte de los Estados Unidos anuló la sentencia tras considerar que estaba viciada por discriminación racial. Día tras día espera una ejecución que no llega.

El fallo obligó a reponer el primer juicio y este se realizó en 2004, con una nueva sentencia a muerte. “Estamos seguros que en el segundo proceso se juzgó a un loco”, advirtió Juan Carlos Vega, representante legal de la madre junto a Juan Pablo Cafiero, ex embajador argentino en el Vaticano. 

El abogado se refirió así al impacto mental de tantos años pasados en el corredor de la muerte. Si bien las autoridades judiciales estadounidenses no han permitido realizarle una pericia psiquiátrica a Saldaño, existe el antecedente de un delincuente inglés que establece –sin lugar a dudas- que cuatro años en el aislamiento de la pena capital “quiebran el aparato psicológico”. Saldaño lleva cinco veces más de ese tiempo.

Desde 1998 el caso es analizado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con una denuncia contra los Estados Unidos. Los abogados buscan resultados pronto. Esperan lograr que su asistido sea trasladado a un centro psiquiátrico, que es “el único lugar donde podría estar”. Pero una y otra vez parecen chocar contra un muro de goma, en un estado (Texas) con un largo historial de ejecuciones.

Lidia Guerrero salió animada de aquel encuentro con Francisco de 2016. “Doy gracias al Papa que me otorgó esta audiencia y me brindó su colaboración. Lo que esté a su alcance lo va a hacer porque conocemos su trayectoria y su compromiso con todas las personas que sufren. Me voy muy contenta porque no fue tan protocolar como hubiese sido con otros papas. Es una persona muy humilde, muy sencilla y dulce”, contó.

La madre entregó además una carta a Francisco, en la cual sostuvo que miles de personas en igual situación que Víctor esperan ser tratados humanamente, ser recuperados de un momento de oscuridad, y ganar su alma para la vida.

En la misiva incluyó su clamor de madre: “Su Santidad, Víctor se ha arrepentido, pidió el perdón e implora misericordia. Su estado mental es débil y su insuficiencia intelectual es evidente. Lo que Dios le deje de vida tendría que ser en beneficio de su recuperación. Humildemente Santo Padre, mi hijo ha pagado por lo que hizo y por lo que no hizo. Ruego a Dios que su voz llegue a crear conciencia a favor de la vida de Víctor y que las autoridades iluminadas por la serenidad de espíritu y la razón humana garanticen dignamente la vida de mi hijo”.


Fuente: Vatican Insider