ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA - AUTOR: PBRO. GUILLERMO MARCO

¿Se abrirá a Dios la universidad?

Por: P. Guillermo Marcó

Las casas de altos estudios no deben concentrarse sólo en la inteligencia, sino también en una serie de valores. La reflexión sobre el Creador no puede estar ausente. Y la Iglesia tiene que acercar lo trascendente a los claustros.
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Del 2 al 4 de septiembre se realizó en la ciudad de La Rioja el VI Encuentro Nacional de Docentes Católicos. Cabría suponer que para un encuentro de esta naturaleza se usó como sede una universidad confesional. Sin embargo, la anfitriona fue la Universidad Nacional de esa provincia, con su cuerpo directivo y docente. El rector de dicha casa de estudios, el doctor Alfredo Tello Roldán, fue el anfitrión que reunió a 182 docentes de todo el país, convocados por la comisión de Pastoral Universitaria de la Conferencia Episcopal Argentina, que preside monseñor Roberto Rodríguez, precisamente obispo de La Rioja.
El encuentro -que implicó un diálogo entre Iglesia y Estado- se dio en el marco de un aporte prolongado acerca de nuestra identidad como nación de cara al Bicentenario, que culminará en 2016 en la provincia de Tucumán. La ref lexión giró en torno al lema: “Universidad y Nación: construir en la verdad, la justicia y la amistad social”. Sin dudas estamos apostando al pensamiento de fondo sobre un tema medular para el avance de cualquier sociedad. Se trata, sobre todo, de cómo el pensamiento académico y la enseñan za que desde allí se imparte debe hacerse: no sólo con la  nteligencia, sino con un conjunto de valores que tienen que impregnar la vida de una sociedad, sin que la reflexión sobre Dios esté ausente. Para ayudarnos a pensar convocamos a monseñor Vincenzo Zanni, de la congregación para la Educación Católica de la Santa Sede. Este dicasterio tiene entre sus competencias la de seguir, en primer lugar, el importante trabajo académico de las universidades atónicas, que en el mundo son unas 1.200. Pero también la de sostener el servicio que desempeñan los docentes católicos en las enseñaninstituciones civiles de estudios superiores, así  como acompañar el  debate científico y cultural que en ellas se desarrolla. En su conferencia Zanni nos decía: “El futurólogo americano Peter Drucker escribía en 1997: ‘De aquí a treinta años, los campus universitarios serán reliquias. Las universidades no deberían sobrevivir’ [1]”. No sabemos si las cosas tendrán el destino que hipnotiza Drucker, pero todos constatamos que el debate sobre el cambio de la universidad y su supervivencia – cuanto
menos respecto a su perfil actual – está ampliamente abierto. 
Al mismo tiempo, se debe tener presente la ligazón histórica que existe entre Iglesia y universidad, en la común responsabilidad por el hombre. La Iglesia – unida a la universidad desde los orígenes de ésta – mira hacia ella, también hoy, con especial atención. Está convencida que la fe en Jesús,  eneradora de cultura, lleva en sí misma “la exigencia de extenderse a todos los ámbitos de lo humano y a los diversos sectores del conocimiento, para manifestar aquella luz intelectiva que ilumina (...) las diferentes situaciones en las que se cuestiona el hombre”. Se requiere, especialmente, mirar hacia las sociedades secularizadas y hacia aquellos que no creen, ya que todos están llamados a entrar, de alguna manera, en relación con Dios. Con este propósito, el Papa Benedicto XVI ha añadido una idea nueva, que ya está en fase de realización. Ha dicho el Santo Padre: “La Iglesia debería abrir también hoy una especie de “patio de los gentiles” donde los hombres puedan entrar en contacto de alguna manera con Dios sin conocerlo y antes de que hayan encontrado el acceso a su misterio”. [1] Texto citado por W.Z. HIESCH, L.E. WEBER, Challanges Facing Higher Education at the Millennium, The Oryx Press, 1999, (no se cita la página).