En mayo habrá una visita a Roma

Tras la carta, podría haber una purga en la Iglesia chilena

Los miembros del episcopado están conmovidos por el anuncio de que el Papa ha decidido convocarlos a Roma para dialogar con ellos acerca de los casos de abusos, y la situación de desprestigio generada en torno al obispo de Osorno, Juan Barros.
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Julio Algañaraz

El conocido jesuita chileno Felipe Berríos denunció ayer a una radio de su país que el cardenal emérito Francisco Javier Errázuriz y el nuncio del Papa, monseñor Ivo Scapolo, son dos de los mayores responsables de haber informado mal al Papa sobre la verdad de los graves casos de abusos sexuales cometidos en Chile y encubiertos por las jerarquías.

El cardenal Errázuriz, que fue arzobispo de Santiago y primado de Chile, es uno de los nueve purpurados del G9 que ayudan al Papa en la reorganización de la Curia Romana y la reforma general en la Iglesia. Esta considerado como muy cercano a Jorge Bergoglio. Las alturas del escándalo se advierten en las drásticas decisiones que se anticipan en la curia chilena.

Un plan oficial “de renovación de la Iglesia”, incluiría la expulsión de un grupo de obispos, lo que se considerará cuando los principales prelados chilenos lleguen a Roma, en mayo, para analizar el caso el obispo Juan Barros. Berríos, en especial, se refirió a las denuncias de encubrimiento contra el obispo de Osorno, monseñor Juan Barros, quién por su parte dijo que no ha presentado ninguna renuncia a su cargo al inaugurarse el lunes en Punta de Talca la 115° Asamblea de la Conferencia Episcopal de Chile.

Los 34 obispos presentes están conmovidos por el anuncio de que el Papa ha decidido convocarlos a Roma para dialogar con ellos acerca de los casos de abusos, que han producido un severo desprestigio de la Iglesia y una masiva pérdida de fieles en estos años. Francisco, que viajó a Chile en enero en la peor gira apostólica de su pontificado, defendió durante años la línea oficial de encubrimiento de la Iglesia y el nombramiento de monseñor Barros en Osorno, pese a las denuncias de muchas víctimas de los abusos practicados por monseñor Fernando Karadima en una parroquia de un barrio acomodado de Santiago. Karadima era considerado “un santo” por sus acólitos y mantenía estrechas relaciones con la dictadura de Pinochet.

Finalmente fue procesado y el Vaticano lo encontró culpable. No fue "echado" de la Iglesia con la reducción al estado laical, sino condenado a una vida de aislamiento y penitencia en un convento de la capital chilena, donde se encuentra.

Monseñor Barros, uno de sus más estrechos seguidores, fue acusado por las víctimas de haber presenciado los abusos sexuales de Karadima y no haber hecho nada para evitarlos y hasta de haber participado. Pero el Papa, cuando Barros era el obispo castrense, lo nombró en la diócesis de Osorno. Las altas jerarquías y los obispos defendieron su inocencia. Incluso el Papa fue mostrado en un célebre video diciendole a los fieles que protestaban en Roma, que los autores de las “calumnias” contra Barros eran “los zurdos”.

En sus declaraciones a la radio chilena Duna, el padre Berríos dijo que la carta del Papa reconociendo sus errores y pidiendo perdón, revela que el origen de los abusos sexuales son “el abuso de poder y el abuso de conciencia”. El sacerdote jesuita afirmó que en la Iglesia existen “verticalidad”, “secretismos” y “miedos” que “se deben desmantelar”. “No basta aquí con sacar a personas”, agregó Berríos, “hay que ver qué produce todo esto. Porque el sistema de investigación dentro de la Iglesia es largo y secreto y nosotros los curas estamos cansados de todo esto”. Explicó que tenía la sensación de que el Papa Francisco “llega tarde a este problema”.

En su viaje a Chile, el Papa abrazó en las misas y ceremonias a monseñor Barros que estuvo siempre presente en los ritos. Antes de viajar a Perú, segunda etapa de su gira latianoamericana, Jorge Bergoglio respondió a un periodista que le preguntó sobre el caso Barros. Dijo que “hasta ahora no hay ninguna prueba” y calificó las acusaciones de “calumnias”. En Perú intervino el arzobispo de Boston, cardenal Sean Patrick O’Malley, nombrado por el Papa presidente de la Comisión Pontificia de protección de los menores, que le reprochó esas declaraciones.

El Papa cambió su posición ya en el avión en que regresaba a Roma, cuando dijo a los periodistas que pedía perdón por haber exigido “puebas” a las víctimas y no “evidencias”.

Días después anunció que enviaba al mayor experto en casos de abusos sexuales de la Iglesia, el arzobispo de Malta Charles Scicluma, que investigó las denuncias y le presentó un informe al Papa con los resultados de 66 entrevistas y su opinión en favor de la denuncias de las víctimas.

Ayer, el Papa pidió perdón en una carta y reconoció que había cometido grandes errores, echando las culpas a las jerarquias de la Iglesia chilena que le habían informado mal. Y los obispos de la conferencia episcopal chilena dieron a conocer una declaración reconociendo que no habían “hecho lo suficiente” en la investigación de las denuncias. Otro caso muy grave denunciado es el de los abusos en la congregación de Hermanos Maristas durante muchos años en Chile. Isaac Givovich, victima y denunciante, anunció ayer una nueva querella y dijo que la carta del Papa “es una luz de esperanza”.