la emblemática obra de Leonardo Da Vinci

Un nuevo sistema preservará “La última cena” por 500 años

La instalación concluirá en 2019 y permitirá emitir el triple de aire limpio que el sistema actual. Además, serán mas las personas que puedan ingresar por día. Una alianza entre entidades públicas y privadas financia el proyecto de dos millones de euros.
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¿Cuál es la vida útil de una obra de arte, de los trazos que un artista pintó varios siglos atrás y que la Humanidad pretende conservar como legado? La vida útil de “La última cena”, una de las pinturas más emblemáticas de Leonardo Da Vinci, se extenderá por lo menos quinientos años más. Esa “sobrevida” se dará porque, según anunciaron el jueves en Italia, se instalará un nuevo sistema de climatización que podrá limpiar el aire que circunda a la pintura más rápidamente, y evitará su deterioro. La nueva tecnología emitirá 10.000 metros cúbicos de aire limpio en el tiempo en el que el sistema de climatización actual emite unos 3.500. La llegada masiva del público implica que se multipliquen las partículas de polvo que cada día toman contacto con la pintura, y la deterioren.

El nuevo sistema estará completamente instalado en el convento de Santa María delle Grazie, en Milán, en 2019. Ese año se cumplirán quinientos años de la muerte de Da Vinci, que pintó la obra que se puede ver en el refectorio de esa institución religiosa entre los años 1494 y 1497. Para llevar adelante la mejora tecnológica, el Ministerio de Bienes Culturales italiano invertirá 1,2 millón de euros, mientras que una empresa gastronómica privada aportará otro millón de euros.

Cada año, unas 400.000 personas visitan el fresco en el que Da Vinci plasmó la última cena de Jesús junto a los doce apóstoles, según cuenta la Biblia. El límite diario de visitas es de 1.320 personas, lo que implica que se necesita reservar una entrada con mucha anticipación. La llegada masiva del público implica que se multipliquen las partículas de polvo que cada día toman contacto con la pintura, y la deterioren constantemente. Se trata, además, de una obra que tuvo que ser restaurada en varias oportunidades para recuperar sus colores.

Durante el anuncio de esta nueva instalación, desde la empresa Eataly -que es la entidad privada que ayuda a financiar la iniciativa- aseguraron que, con esta mejora “muchas más personas podrán ver la pintura cada día”.

Darío Franceschini, ministro de Cultura de Italia, celebró la alianza entre entidades públicas y privadas para preservar la obra del artista del Renacimiento y estimó que, así como se triplica el aire limpio emitido por el nuevo sistema de climatización, al mismo tiempo van a triplicarse las visitas al convento de Milán.

En el siglo XV Leonardo pintó “La última cena”, a pedido de la orden de los domínicos ,con una técnica “en seco”, que sólo preveía que hubiera dos capas de pintura sobre la madera sobre la que dejaría estampada una de sus obras más reconocidas. Apeló a esa técnica porque era más rápida, pero ignoró que debajo del convento corría un río que humedecía constantemente las paredes y que absorbería los colores de la obra.

Apenas diez años después de que Da Vinci había terminado con “La última cena” ya comenzaron a evidenciarse los problemas con los colores, lo que implicó varias restauraciones: la última fue en 1999, e implicó retirar capas de pintura previas para que quedara más visible lo que quedaba de la obra original. Eso implicó que las capas originales quedasen más vulnerables al polvillo que circula por el ambiente, y que miles de visitantes acarrean consigo.

La contraprestación que favorecerá a Eataly por su inversión es que, en sus locales gastronómicos no sólo italianos sino de países como Estados Unidos, Japón y Dinamarca, podrán reservarse entradas para ver la pintura y no por 15 minutos, que es el ticket estándar, sino por 50 minutos: algo así como el “campo VIP” de un show de Da Vinci.

Fuente: Clarín