Domingo 14.07.2024

El compromiso cristiano incluye lo político

Por: María Montero

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Existen distintos estilos de vida y a nivel social uno muy difundido es el liberal, en el que cada uno puede hacer lo que quiere. Cada persona crea la verdad y busca realizarse a sí misma en ella. Esto da lugar a una sociedad de verdades relativas, sin valores morales que la rijan. Una noción de libertad que no es constructiva y muchas veces conduce a perder el sentido real de la existencia que es la búsqueda del bien común.

Otro es el estilo de vida materialista y de consumo, derivado del anterior. En este, la persona busca solo su bienestar material. Vale por lo que tiene, no por lo que es. Trabaja para producir, para saciar sus necesidades que se multiplican más y más sin terminar de satisfacerse nunca y allí termina su existencia, en un círculo cerrado de necesidad y consumo. Se ha sistematizado un estilo de vida materialista, sometiendo al hombre al mercado que es como un dios. El mercado y el dinero se transforman en único señor y dueño de la existencia.

Todos estos estilos despersonalizantes y hasta deshumanizantes llevan a la sociedad a su propia destrucción y la destrucción del mundo que está llamado a cuidar y a habitar.

Vivimos tranquilos en medio del barro, nos acostumbramos a la desigualdad extrema, a la destrucción de la persona y del ambiente.

Sabemos que los cristianos nominales son el medio más eficaz para transmitir la incredulidad en nuestra sociedad. ¡Cuánta gente se ha alejado de la Iglesia por ver el modo de vivir de los cristianos!

Sin embargo el compromiso cristiano es otra cosa. No es un estilo individualista sino comunitario. Donde cada uno tiene un lugar, un valor y una dignidad.

La fe no es una parte de la vida, sino un estilo de vida integral, que propone una manera de vivir la familia, la profesión, la política, los bienes, el culto, la interioridad y exterioridad, el vínculo con los demás. No hay partes, no hay dicotomías, hay integridad.

Es por eso que sorprende –y entristece- cuando se acusa a algunas personas, que desde sus más profundas convicciones de fe trabajan en favor de la solidaridad, la búsqueda del bien común, la dignificación de la vida sin distinción de origen, color de piel, nivel económico o social son tildadas de desestabilizantes y partidistas. Y aquí incluyo a sacerdotes y laicos que trabajan y viven en villas y barrios populares ofreciéndose cada día para mejorar la situación de los que más sufren. 

En mi opinión, la misa celebrada recientemente por Monseñor Oscar Ojea, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina para honrar a las cocineras de todos los comedores comunitarios del país es, por extensión, un reconocimiento a todos ellos.

* Periodista