Cuando el presidente más necesitaba su apoyo, el Papa le reprochó el aborto

Por: Sergio Rubin

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Hace tiempo que el Papa viene guardando distancia de la realidad política de la Argentina. El hecho de que sus compatriotas transiten un año electoral es la principal razón de su actitud. No quiere aparecer mezclado -ni que se lo mezcle- con las campañas partidarias. En rigor, es un criterio asumido por la diplomacia vaticana que procuran observar todos los pontífices. Eso no quiere decir que no pueda haber una excepción y haya al menos indirectamente una intervención papal.


Es lo que acaba de ocurrir tras las PASO cuando el arzobispo de La Plata, Víctor Manuel Fernández, criticó duramente al presidente por haber promovido en plena pandemia y en medio de un deterioro social mayúsculo la legalización del aborto -entre otras cosas- en vez de ocuparse de las necesidades de los pobres y de la clase media. En los medios eclesiásticos nadie cree que “Tucho” -tal es su apodo- lanzó el cuestionamiento sin la luz verde de Francisco.


En un artículo que envió al diario La Nación, Fernández -el obispo más cercano a Jorge Bergoglio- atribuye en buena medida la derrota del oficialismo en las internas abiertas a, precisamente, que el gobierno no respondió a las urgencias de la gente. “Lo hemos visto (al presidente) muy entretenido con el aborto, la marihuana y hasta la eutanasia, mientras los pobres y la clase media tenían otras hondas angustias que no obtenían respuesta”, afirma.


La oportunidad del tratamiento del proyecto de legalización de la interrupción voluntaria del embarazo fue la principal objeción de la Iglesia. El gobierno decía que era una promesa de campaña de Alberto Fernández, pero los obispos replicaban que en el medio había irrumpido la pandemia, que golpeaba con más intensidad a los países económica y socialmente más vulnerables, agravado en el caso argentino por una larga cuarentena.

Más aún: la Iglesia a través de instituciones como Cáritas o la labor de los curas villeros -que visitaron al comienzo de la pandemia al presidente y dieron su apoyo a la campaña sanitaria oficial- contribuyeron a paliar las necesidades alimentarias de la gente en medio de la cuarentena. Mientras que el Papa -a pedido de Alberto Fernández- trataba que el FMI fuera más comprensivo con la Argentina en la renegociación de la deuda.

La calificación de “hipócritas” que le espetó el presidente a quienes se oponían al proyecto y la infundada versión que deslizó el gobierno de que Francisco quería que se lo votara de una buena vez y se diera vuelta la página también cayeron como una bomba en medios eclesiásticos locales y en Roma. En fin, el hecho de que la iniciativa legal se haya aprobado en torno a la Navidad les resultó a los clérigos de muy mal gusto.

Pero Alberto Fernandez pareció no comprender hasta dónde se había deteriorado el vínculo con la Iglesia y el propio Papa. De hecho, en el marco de una gira que iba a efectuar en mayo por Europa para pedir apoyo ante la renegociación de la deuda, le solicitó una audiencia al Papa, pese a que El Vaticano trató de desalentarlo por ser este un año electoral. El resultado fue un breve y frío encuentro con el pontífice.

Lo cierto es que hoy, en medio de la pelea con Cristina Kirchner, bien le habría venido al presidente un apoyo del Papa del tipo “hay que ayudar a Cristina”. Claro que ella -también en este aspecto- mostró una mayor capacidad política. Tras la elección de Jorge Bergoglio como pontífice dejó de lado su resquemor y buscó su apoyo. Aunque cometió el error de hacer un uso político abusivo del vinculo.

Más allá del pase de factura por la ley del aborto que constituye el artículo (escrito antes de que estallara el conflicto de Alberto F. con la vicepresidenta), monseñor Fernández deja en claro que lo importante es la situación de la gente. Por eso, le dice al presidente que todavía está a tiempo de revisar su agenda de prioridades “para evitar una debacle que termine dañando aún más a nuestro pueblo”.

Y concluye, profético: “Nuestro pueblo es generoso y capaz de dar otra oportunidad a los que saben volver tras sus pasos y retomar el rumbo.“¿Quiénes no le perdonarían al Presidente el mal paso de la fiestita de Olivos si lo hubieran sentido más cerca de sus reales problemas?”.

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