Domingo 14.04.2024

Entre el cielo y la tierra

La receta que tenemos los cristianos para vivir una vida plena

Por: P. Guillermo Marcó

El Papa Francisco nos recuerda que el camino no es el placer ni el poder, sino el seguir a Cristo, que propone el amor, el perdón y la esperanza.
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El segundo domingo de Pascua -que este año acaba de quedar atrásfue dedicado por San Juan Pablo II a la Divina Misericordia. El Evangelio según san Juan (20, 19-31) nos dice que si creemos en Jesús, el Hijo de Dios, podemos tener vida en su Nombre (v. 31).  Pero, ¿qué significa “tener vida”?

Esta es la pregunta que se planteó y planteó a los católicos el Papa Francisco en su alocución previa al rezo mariano del Regina Coeli el domingo pasado ante la multitud de fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.

El pontífice -a quien se veía de buen semblante y se escuchaba con voz firme- observó en el día más importante del calendario cristiano porque evoca la resurrección de Cristo, que “todos queremos tener vida, pero existen diversos puntos de vista sobre cómo lograrlo”.

Hay quien reduce la existencia a una carrera frenética para gozar y poseer muchas cosas: comer y beber, divertirse, acumular dinero y objetos, sentir emociones fuertes y nuevas, etc.

Este es un camino que a primera vista parece atractivo, pero que no sacia el corazón. No es así como se “tiene vida” porque siguiendo los caminos del placer y del poder no se encuentra la felicidad.

“De hecho -dice el Papa-, quedan sin respuesta muchos aspectos de la existencia como, por ejemplo, el amor, las experiencias inevitables del dolor, las limitaciones y la muerte. Y, además, no se hace realidad el sueño que todos tenemos en común: la esperanza de vivir para siempre, de ser amados sin fin.”

Hoy, el Evangelio dice -señaló el Obispo de Roma- que “esta plenitud de vida, a la que cada uno de nosotros está llamado, se realiza en Jesús. Pero ¿cómo acceder a ella? ¿Cómo experimentarla?”.

Entonces, invitó a los fieles a ver lo que les pasó a los discípulos: “Están atravesando el momento más trágico de su vida. Después de los días de la Pasión, están encerrados en el Cenáculo, asustados y desanimados. El Resucitado -agrega- se presenta en medio de ellos, y, en primer lugar, les muestra sus llagas (cfr. v. 20).

“Son los signos del sufrimiento y del dolor; podrían suscitar sentimientos de culpa, y, sin embargo, con Jesús se convierten en los canales de la misericordia y del perdón”, enfatiza.

“Así -subraya-, los discípulos ven y tocan con la mano la realidad de que con Jesús la vida vence, la muerte y el pecado son derrotados. Y reciben el don de su Espíritu, que les da una vida nueva, de hijos amados, hecha de alegría, amor y esperanza”.

A continuación, Francisco improvisó una interpelación a los fieles: “Yo les pregunto una cosa: ¿ustedes tienen esperanza? Que cada uno se pregunte: ¿Cómo va mi esperanza?”.

“He aquí qué hacer cada día para ‘tener vida’”, asevera y señala que basta con fijar la mirada en Jesús crucificado y resucitado, encontrarlo en los sacramentos y en la oración, reconocerlo presente, creer en Él, dejarse tocar por su gracia y guiar por su ejemplo, experimentar la alegría de amar como Él”, afirmó. Y destacó: “Cada encuentro vivo con Jesús nos permite tener más vida.”

Hacia el final de su reflexión, el Papa volvió a interpelarlos a todos, a animarse a cuestionarse: “¿Creo en el poder de la resurrección de Jesús? ¿Creo que Jesús ha resucitado? ¿Creo en su victoria sobre el pecado, el miedo y la muerte?”.

También inquiere: “¿Me dejo implicar en la relación con Él? ¿Y dejo que Él me empuje a amar a los hermanos y las hermanas, y a tener esperanza todos los días? Que cada uno piense en esto”.

Concluyó invocando a la Virgen María “para que nos ayude a crecer cada vez más en la fe en Jesús resucitado, para que tengamos vida y difundamos la alegría de la Pascua”.