Por: Ricardo Elía
Tulipán es una modificación del vocablo turco otomano tülbend que a su vez proviene del término persa dulband. Ambas palabras significan “turbante” y se deben a la forma de la flor liliácea cuando está cerrada. Los primeros tulipanes salvajes llegaron a Anatolia, más precisamente al sultanato de Rum, en 1225, importados desde el sur de la península de Crimea (Qirim en turco).
Botánicamente el tulipán es la planta entera y lo que vemos arriba con pétalos es su flor. La flor es la parte más famosa y colorida del tulipán, muy apreciada en la jardinería y la decoración. Los musulmanes otomanos tuvieron una particular fascinación por el tulipán.
El tulipán fue el símbolo definitivo del poder, la espiritualidad y la estética del Estado Otomano, mucho antes de convertirse en el emblema de los Países Bajos. Originaria de las estepas de Asia Central, esta planta llegó a Anatolia con la migración de los pueblos turcos y se transformó en un elemento central de su cultura, alcanzando su máximo esplendor durante la denominada “Era de los Tulipanes” (Láleh Devrí) entre 1718 y 1730. Su forma se asociaba visualmente con la estructura de una mezquita, donde los pétalos simulaban la cúpula y las hojas recordaban a los minaretes.
Unos trescientos mil tulipanes fueron plantados en los jardines del Palacio de Topkapi en tiempos del sultán Selim II (r. 1566-1574). Hacia 1554, el embajador de la monarquía de los Habsburgo en Estambul, Ogier Ghiselin de Busbecq (1522-1592), quedó maravillado por la belleza de los tulipanes en los jardines otomanos. Busbecq adquirió varios bulbos y los envió a Viena, desde donde el botánico flamenco Carolus Clusius (1525-1609) los llevó e introdujo con éxito en los Países Bajos, detonando la historia moderna de la flor.
El tulipán es el motivo más emblemático de la cerámica de Iznik (antes Nicea), una de las expresiones artísticas más refinadas del arte otomano (con su apogeo entre los siglos XV y XVII). Inicialmente bicolor (azul y blanco), evolucionó hasta incorporar el característico rojo de Iznik (un rojo tomate en relieve), el verde oliva y el turquesa. Los tulipanes no se dibujaban de forma estrictamente realista; se representaban con pétalos alargados, puntiagudos y gráciles, que a menudo parecían danzar o elevarse con ligereza. A menudo se combinaban con otras tres flores del jardín otomano: el clavel, la rosa y el jacinto.
Los otomanos crearon unas dos mil variedades de tulipán. La afición por ese bulbo era tan importante que el mismo sultán Ibrahim I (r. 1640-1648) creó el cargo de florista en jefe para mediar en las frecuentes disputas entre cultivadores y compradores. Asimismo, el sultán Mehmet IV (r. 1648-1687) nombró una comisión de expertos para que denominara y registrara nuevas variedades de tulipanes de Estambul, así como sus propietarios, con la correspondiente tasación, a fin de controlar el precio de los bulbos. Y para entonces algunas de las variedades más raras alcanzaban precios astronómicos, que una reciente conversión a monedas actuales estimaba en cien mil dólares estadounidenses.
Durante la cresta de la Tulipomanía en la década de 1630, un solo bulbo de una variedad exótica de tulipán llegó a costar lo mismo o más que una casa de lujo frente a los canales de Ámsterdam.
Para los musulmanes otomanos, el tulipán era un símbolo de perfección. La gematría es un método y una metátesis (alternación del orden de las letras en una palabra) que depende del hecho de que cada carácter árabe tiene un valor numérico, cuando la suma de los números de los caracteres que componen una palabra daba el mismo resultado que la suma de los caracteres de otra palabra, que sin embargo no era la misma, se percibía una analogía entre ellas y se considera que deberían tener necesariamente una conexión.
Esta concepción mística de los musulmanes otomanos los llevaba a una interpretación metafísica que les permitía ver una relación íntima entre “Allah” (Dios), “hilal” (luna creciente) y “láleh” (tulipán en turco), ya que estas palabras escritas en árabe todas tenían una ha y dos lam con el mismo valor numérico. Además, cada flor del tulipán crece de un solo bulbo, con un solo tallo y sólo produce una floración, por lo que simboliza la unicidad de Dios.
Sin embargo, recientemente se ha comprobado que el tulipán llegó mucho antes a Europa. Esteban Hernández Bermejo y Expiración García Sánchez, investigadores españoles de la Universidad de Córdoba y la Escuela de Estudios Árabes de Granada, a través de un estudio comprobaron que a través de los turcos selyúcidas el tulipán llegó a Al-Ándalus (Península Ibérica) en la época de los reinos de Taifas (siglo XI). Estos académicos comprobaron que, en la enciclopedia del botánico y médico nacido en Sevilla, Abu Jair al-Ishbili, llamada “Sustento del médico para el conocimiento de las plantas”, donde cita a más de cinco mil especies, se describe al tulipán y su uso ornamental.
Un siglo después, otro sevillano, botánico y geópono, Ibn al-Awwám, en su “Libro de la agricultura” detalla al tulipán pormenorizadamente. Es decir, los andalusíes cultivaban el tulipán cinco siglos antes que los otomanos.
Con entrada gratuita mediante inscripción, este jueves 15 de octubre, a las 19 horas, el profesor emérito de la Universidad de Córdoba, Dr. Esteban Hernández Bermejo, brindará una conferencia, en el Centro Islámico de la República Argentina denominada “Aromas y sabores de Al-Ándalus”, donde explicará los simbolismos de flores y frutas como el tulipán, la granada, el alhelí y muchas otras.
* Secretario de Cultura del Centro Islámico de la Rep. Arg.