Domingo 03.03.2024

La nueva diócesis de Rawson. Un hogar en la estepa patagónica

Por: María Marta Bianco

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Cuando tenía 19 años, el Espíritu Santo me inspiró una canción.

Su letra expresaba una experiencia personal y comunitaria en ese momento de mi vida. La canción "el grano de trigo " se transformó en un canto viajero que trascendió las fronteras y que en la actualidad está presente en todos los cancioneros de las parroquias de nuestro país. Su letra inspirada en la palabra de Jesús atravesó mi vida para siempre.
El grano de trigo que cae en tierra y muere, siempre da fruto. La cruz encierra siempre una experiencia de florecimiento. Mirar la espiga que crece es la tarea permanente de nuestro cristianismo.

El 11 de febrero pasado viví otra experiencia en relación al florecimiento de la cruz. La poética de Dios nunca se detiene. Estábamos en península Valdés, con mayor precisión frente a la isla de los pájaros, a 30 km de Puerto Madryn, en Chubut. Habíamos sido invitados a una misa con el futuro obispo de la nueva diócesis de Rawson que inauguraría su misión apostólica el siguiente sábado 17 de febrero. El padre Roberto Álvarez (el Chobi para los amigos) llegaba junto a miembros de la comunidad de la parroquia Sagrada familia de Madryn, al lugar de la celebración. Arribamos todos juntos, mates al hombro, a una pequeña capilla centrada en el medio de la austera e inmensa meseta patagónica.

Rodeada por el mar de azul profundo y sobrevolada por pájaros que se asomaban desde la isla en la cual el escritor del principito se inspiró para sus dibujos, abría sus puertas de madera lavada por la acción de los vientos a través de sus cuidadoras Margarita y Paola, catequistas del lugar.

El primer pensamiento que tuve fue: ¡cuánta inmensidad interior tenes que tener para sostener la patria en este lugar y el anuncio del evangelio!, ¡que lejano se encuentra este lugar de nuestras pretensiones ciudadanas!

Al entrar a la capilla nos conmovió una escena. Aclaro que el templo fue erigido a unos metros de la antigua capilla que a fines del siglo XIX había sido destruida por un malón de indios Tehuelches. Este pueblo originario estaba en guerra con España y en ocasión de una misa que estaba celebrando el sacerdote Bartolomé Poggio junto a su feligreses, el grupo entró e incendió el sitio con las personas adentro. El padre Bartolomé se constituyó como el primer mártir de la Patagonia.

Volviendo al relato al ingresar al templo vi la cruz, sencilla, sin cristo, iluminada por el intenso sol de la mañana de ese día prístino, en donde en su brazo izquierdo se encontraba un nido cuyo habitante, un pequeño pichón esperaba que su mamá le trajera el alimento en vuelos reiterados que ante nuestra mirada atónita de producían una y otra vez.

En la cruz un nido.

Mientras las guitarras se acomodaban para ensayar los cantos de la misa que comenzaría luego de una hora y media, ya que se tuvo que esperar que las hostias vinieran desde Puerto Pirámide transportadas por Leonardo, uno de los diáconos permanentes de la futura diócesis, yo no podía dejar de mirar la cruz y tratar de conectarme con su mensaje.

En ese lugar, abonado por la sangre del martirio, la cruz era un lugar de vida.

Esa diócesis nueva de Rawson que daría luz el sábado 17 de febrero del año 2024 se constituiría como un nido de abrigo, como iglesia que abrace la fe del pueblo de Chubut.

Nunca habia vivenciado tan de cerca el sentido del dar la vida para la fecundidad de la iglesia. Una iglesia viviente, que a diferencia de un monumento de mármol muerto, es hogar, casa, nido, para todos aquellos a los que jamás le ha preguntado quiénes son ni de dónde vienen, gratuitamente recibiéndolos para compartir el pan y la alegría. Una iglesia que integra, una iglesia de puertas abiertas con todos y para todos adentro, como dice Francisco, nuestro papa. Esta nueva diócesis de Rawson cumple la promesa de Dios que se expresa en Isaías 43,19 :"abriré caminos en el desierto y ríos en la estepa"... Y me anima en lo personal a confiar en que siempre la cruz florece en las generaciones venideras a pesar de la muerte y del dolor. Gracias Señor por hacerme testigo de esta experiencia.

*Psicóloga.
 Parroquia Santa Ana y San Joaquín, Villa del Parque, CABA