Jueves 13.06.2024

Entre el cielo y la tierra

El santo que ayuda a encontrar el amor en tiempos de desencuentros

Por: P. Guillermo Marcó

A San Antonio de Padua -cuya festividad se celebra el 13 de junio- se lo invoca para hallar objetos perdidos, pero también para conseguir un vinculo afectivo verdadero y duradero.
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Es reconfortante conocer la vida de los santos. Como la de Fernando de Bulloes y Taveira de Azevedo -a la sazón san Antonio-, que nació en 1195 en Lisboa. Sus padres eran muy ricos y querían ver a su hijo triunfar en la alta sociedad. Él, en cambio, quería ser pobre por amor a Cristo y por eso a los 25 años se hizo franciscano y tomó el nombre de Antonio.

Antonio era un gran predicador. Tenía una voz clara y fuerte, un aspecto imponente, una memoria prodigiosa y un profundo conocimiento de las Sagradas Escrituras, cuyos versículos citaba de memoria. El espíritu de profecía lo acompañaba y tenía un extraordinario don de hacer milagros.

Enviado como misionero por numerosas ciudades de Italia y Francia, tenía que predicar al aire libre porque la cantidad de gente que atraía no entraba en las iglesias. Convirtió a muchos, sobre todo con su buen ejemplo. Cuentan que una vez mientras rezaba en su cuarto del convento se le apareció Jesús niño, le puso las manitos en el cuello y lo besó. Antonio recibió esta gracia extraordinaria que lo mantuvo encendido en el amor a Jesús.

Cuando se enfermó se retiró a un monasterio en las afueras de Padua, donde murió a la edad de 36 años, el 13 de Junio de 1231. Treinta y dos años después sus restos fueron trasladados a Padua. Cuando abrieron el ataúd, la lengua se conservaba incorrupta, mientras que el cuerpo estaba desintegrado.

Sucedieron muchos milagros por su intercesión después de su muerte. Aún hoy en día lo “llaman el santo de los milagros”. E incluso se lo invoca para recuperar los objetos perdidos a partir de una historia que se le atribuye estando en Bolonia como maestro. Un día uno de sus alumnos le robó su libro de Salmos. Antonio no sabía si lo había perdido o se lo habían robado, pero apeló a la oración para recuperarlo. Finalmente, el ladrón se lo devolvió. El libro se conserva en el convento franciscano de Bolonia. Actualmente, somos muchos los creyentes que le rezamos al santo  para encontrar objetos perdidos. ¡Doy fe de su eficacia!

Si de encontrar lo que se busca afanosamente se trata, dice la tradición que una joven no encontraba nadie que la quisiera de verdad. Quería encontrar esa persona y para llamar la atención del santo puso su imagen cabeza abajo. Sin duda llamó su atención porque consiguió lo que quería. La letra de una popular canción recuerda sus poderes: “Pedile a San Antonio que te mande un novio... Todos los Domingos... Todos los Domingos...”

En estos tiempos de relaciones tan fugaces, de Inteligencia Artificial y de tantos sitios para conseguir pareja, muchas personas se desaniman y piensan que no podrán encontrar el amor. El amor es riesgoso, hace sufrir. En general las personas se sienten vulnerables y no quieren ser lastimadas. Sería bueno confiar en la Providencia y rezarle a través de San Antonio para conseguir un vínculo que sea más verdadero y duradero. Aunque también se le puede rezar cuando se pierde el sentido del amor, por ejemplo ante una crisis de pareja o durante una separación.

En la Argentina hay muchos templos dedicados a san Antonio y su imagen con el niño Jesús en brazos en recuerdo de la visión está presente en muchas iglesias. Pidámosle con fe que interceda por nosotros ante Dios, para que nos ayude a sondear nuestros corazones, nos dé la claridad para obrar lo mejor, nos muestre el camino del perdón y nos otorgue la fuerza para aceptar la realidad desde la cosmovisión cristiana.