Domingo 14.04.2024

Desde el fin del mes de Ramadán miramos la celebración de Pesaj

Por: Claudio Epelman

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Una oportunidad de vislumbrar la paz

Hoy termina el mes de Ramadán, sagrado para los musulmanes, y uno de los momentos más importantes del calendario islámico. Hace más o menos un año -variaciones del calendario lunar mediante- me sentaba a reflexionar sobre la coincidencia de esta fecha con las celebraciones de Pascua y Semana Santa. Una coincidencia que nos invitaba a compartir nuestras costumbres y tradiciones. Un año después, cuando las celebraciones, producto de la diferencia del calendario solar y lunar, se alejaron en el tiempo, y  todavía faltan algunas semanas para el comienzo de Pesaj, el escenario es distinto. Y como una oportunidad de reflexión, una vez más me permito estos párrafos para reflexionar sobre ello.

Este año estas fechas tienen, para ambas comunidades, un sabor amargo. Los rehenes aún cautivos y la guerra son una realidad dolorosa e innegable. Se han cobrado demasiadas vidas inocentes a ambos lados de la frontera. Mientras acentuar las diferencias y el alejarse parece la respuesta obvia a tanto dolor, quizás sea mejor buscar exactamente lo contrario.

Para el conocido filósofo y pensador Yuval Noah Harari, ante un horizonte que se ve oscuro, la distancia se vuelve un elemento fundamental. Los miles de kilómetros que nos separan del Medio Oriente hacen que nuestra experiencia de este conflicto sea distinta. Nuestra perspectiva es otra, indefectiblemente. Y por eso también es distinta nuestra posibilidad.

Hoy por hoy, quienes están en el foco del conflicto solo pueden pensar en el día a día. Pedirles otra cosa sería ignorar el trauma cotidiano al que se enfrentan. Aquí, entonces, a la distancia, es donde podemos pensar en el mañana, y conservar la esperanza -o la certeza, animándonos al optimismo- de que llegará el momento de la reconstrucción. Somos, en cierta forma, quienes tenemos más oportunidad de ver luz al final de este oscuro túnel.

Salvaguardar los espacios de encuentro y respeto mutuo  que con tanto esfuerzo hemos construido a lo largo de los años, es un paso fundamental, aún en tiempos de dolorosas diferencias. Aún cuando el entendimiento no es la norma sino la excepción.

Compartir tradiciones, saludarnos en nuestras fiestas es tan solo el comienzo  de un esfuerzo mayor por entendernos y aceptarnos, incluso con nuestras más profundas diferencias. La humanidad ha demostrado en repetidas ocasiones su capacidad para superar momentos de gran adversidad a través del diálogo y la empatía.

La historia nos ha enseñado que los periodos de paz no son fruto de la coincidencia ni la providencia divina. Más de una vez adjudiqué una importante parte de estos procesos a las valientes decisiones de los líderes que hacen a un lado las diferencias para centrarse en el futuro. Pero como sociedades, también podemos inclinar la balanza en este sentido, cuando conjuntamente vemos más allá de nosotros mismos, y de nuestros conflictos inmediatos, también construimos paz.

Como director ejecutivo del Congreso Judío Latinoamericano, he tenido la fortuna de trabajar codo a codo con líderes de diversas comunidades. Estas interacciones me han enseñado que, a pesar de nuestras diferencias religiosas, culturales o históricas, compartimos aspiraciones similares: el bienestar de nuestras familias, la prosperidad de nuestras comunidades y el deseo de un mundo más justo y equitativo.

En este sentido, el diálogo interreligioso no es solo deseable, sino imprescindible. Los puentes que construimos hoy serán los caminos por los cuales transitaremos hacia un futuro de paz. Por eso, es esencial que sigamos promoviendo espacios de encuentro y diálogo, que permitan no solo conocer nuestras similitudes y respetar nuestras diferencias, sino entender la pena que aflige al  otro.

La celebración de fechas sagradas, ya sea Ramadán, Pesaj o Pascuas, nos recuerda que, más allá de nuestras creencias específicas, todos buscamos la luz en momentos de oscuridad, la esperanza en tiempos de desesperanza. Y en este difícil contexto, el mensaje de paz, reconciliación y fraternidad que emana de estas celebraciones es más relevante que nunca.

Si estas líneas fueron una reflexión personal, las cierro con una invitación al lector a hacer lo propio y pensar sobre el papel que cada uno de nosotros puede jugar en la construcción de ese futuro mejor. No subestimemos el poder de los pequeños gestos de amabilidad y respeto. En tiempos de incertidumbre, son ellos los que nos recuerdan nuestra humanidad compartida y la posibilidad de un mundo donde la paz no sea la excepción, sino la regla.

Al concluir este mes de Ramadán y mirar hacia las próximas celebraciones de Pesaj, que nuestro compromiso con la convivencia y el respeto mutuo se renueve. Que podamos ser constructores de puentes en un mundo que, a veces, parece empeñado en levantar muros. Que la luz de la esperanza que podemos encender juntos ilumine nuestros caminos hacia un futuro de paz y más entendimiento. Eid al fitr mubarak!

* El autor es Director Ejecutivo del Congreso Judío Latinomericano