Por: Alejandro Fernández
Inteligencia Artificial; multimillonarios con empresas más poderosas que países completos; posthumanismo y frente a todo este contexto, la respuesta que encuentra la Iglesia Católica está en “El Señor de los Anillos”, la famosa trilogía de J.R.R. Tolkien.
135 años después de la Rerum Novarum de Leon XIII, su sucesor en este siglo, Leon XIV publicó Magnifica Humanitas un 25 de Mayo de 2026.
La Doctrina Social de la Iglesia, ese compendio de sabiduría acumulada de la tradición cristiana que se propuso dialogar con los “problemas nuevos” de su tiempo, vinculados al trabajo, la industrialización, la clase obrera, la tecnología y la máquina facilitando la producción y el “progreso”, los cambios migratorios que esto implicó para millones de personas en el mundo que dejaron la vida campesina para poblar las ciudades en donde las fábricas funcionaban.
Esa misma realidad que, por ejemplo, conmovió a Don Bosco, un santo callejero que recorría las calles de Turín viendo cómo la juventud campesina migrante y empobrecida era la mano de obra barata de esta nueva sociedad industrial, descartada fácilmente cuando ya no servía y criminalizada hasta el punto de poblar las cárceles. Este genio educador, Juan Bosco, ensayó una respuesta que embistió contra todo ese clima de época aportando la mirada del evangelio, trayendo esperanza y respuestas concretas a través del Oratorio Salesiano, desde lo educativo hasta el contrato de trabajo para aprendices de oficios, que elencaba una serie de derechos de los jóvenes trabajadores a respetar.
En ese mismo ambiente de época León XIII -que conoció y promovió el proyecto del santo de los jóvenes- canonizó (volvió canon) la posición de la Iglesia respecto de cuestión social poniendo al frente la dignidad humana, el bien común como valor limitante y que daba un encuadre apropiado al hasta entonces único y totalizador principio de la propiedad privada.
Hoy, nuestro Papa León XIV, continuando el legado del Papa Francisco, escribe una encíclica de similar calibre a la del otro León, que propone desarmar la Inteligencia Artificial en cuanto instrumento de unos pocos multimillonarios y Empresas Privadas para imponer su dominio incluso por sobre los Estados-Nación y dándole el lugar que corresponde: una herramienta que debe estar al servicio de la Dignidad Humana, la Justicia Social, y el Trabajo como ocasión de realización del Sueño de Dios para el ser humano.
Lo interesante de esto es que la potencia de este documento está en ponerse a la vanguardia del diálogo y la discusión entre las posturas humanistas y post humanistas, y posicionando a la humanidad como de una dignidad superior a cualquier instrumento artificialmente creado, dado su lugar como creación de Dios.
Está discusión que ocurre al ritmo de guerras en todos los continentes, amenazas de extinción y promesas de colonización de otros planetas, es tan material como espiritual: la batalla es por el alma de la humanidad.
En ese juego de “proyectos de humanidad” algunas empresas han tomado el nombre de figuras literarias del universo de “El Señor de los Anillos”, la obra culmen de Tolkien: tal es el caso de Palantir (que eran las “piedras videntes” de la Tierra Media, capaces de observar acontecimientos lejanos y compartir información a distancia), la empresa de Peter Thiel -el empresario que hoy asila el Gobierno de Milei en la Argentina- o Anduril (era la espada de Aragorn, reforjada a partir de Narsil)
Para que quede claro cuánto está jugando en ese tablero geopolítico y global, el Papa León cita al mismo Tolkien, una persona creyente y católica y que ha afirmado la inspiración cristiana detrás de la ética de su obra. ¿Qué fragmento cita? Una frase que sale de la misma boca del Mago Gandalf: en el 213 de MH dice: “«No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza».¹⁸⁷ La civilización del amor no nace de un gesto único y espectacular, sino de una suma de fidelidades pequeñas y tenaces, que hacen frente a la deshumanización. Por eso vale la pena detenerse y considerar algunos aspectos de cómo, cada uno en su ámbito, podemos colaborar en su construcción. Sin pretender agotar el tema, propongo cinco vías de responsabilidad cotidiana y pública: desarmar las palabras, construir la paz en la justicia, asumir la mirada de las víctimas, cultivar un sano realismo y relanzar el diálogo y el multilateralismo”.
Donde otros eligen nombrarse como objetos instrumentales que otorgan poder, el Papa elige la palabra de un Mago que se sacrifica El mismo para salvar a la Comunidad del Anillo.
En tiempos de Torres de Babel que pretenden jugar a ser dios, se nos invita a Recomenzar haciendo el bien posible desde el pequeño lugar que nos toque, sabiendo que la Salvación suele venir de donde nadie lo espera: es la sabiduría de los pequeños… la que busco Gandalf en los Hobbits, o Don Bosco en los jóvenes de Turín.
* Profesor de Filosofía y Cs. de la Ed. y Lic. en Gestión Educativa.