La respuesta que elijo dar ante el aborto

Por: Viviana Endelman Zapata

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Elegí sumarme a un servicio de ayuda que tiene a la mujer y su hijo por nacer en el centro de todo su trabajo. Si bien la tarea que viene realizando hace más de 30 años no depende de la aprobación o desaprobación de una ley, o un protocolo, me siento interpelada a renovar la respuesta de la que quiero ser parte hoy.

Un primer aprendizaje, que se hace certeza para continuar, es que ofrecer opciones ayuda, pero siempre, siempre, desde una realidad: le pertenecen al otro las respuestas con las que decida vivir.

Y entonces, podría decirse, allanemos todos los caminos. Si la opción es seguir con el embarazo, que acuda a tal programa, y si la opción es no seguir, que acuda a las facilidades (como hemos escuchado estos días). Sin embargo, en la práctica, esto no parece perfilarse tan así, tan simple. Hay algunas cuestiones a considerar.

Una es la cuestión de la reversibilidad y la posibilidad de transformación de lo que entra en juego en cada una de las opciones.
La realidad nos muestra que las situaciones que hacen pensar en el aborto como opción (desde el querer más íntimo al condicionante más externo) pueden tener posibilidad de modificación, generalmente trabajando en ello. El resultado de un aborto, en cambio, no tiene retorno.
 
En este sentido, aparece un dato contundente de la realidad, que nadie inventa; simplemente, existe: la cantidad de mujeres y varones que declaran un querer volver atrás, al momento anterior al aborto, expresando a través de los años que si hubieran sabido, si hubieran tenido, si hubieran, si hubieran, si hubieran...

También son reales, nadie inventa, quienes agradecen haber seguido adelante con el embarazo, a pesar de (y atravesando) las dificultades, las dudas, la falta de un querer inicial, la sorpresa angustiante, el temor a que se trunquen proyectos, la misma soledad... Puedo compartir, con total sinceridad, que de todos los casos que me han tocado acompañar, solo recuerdo uno donde la mujer se reprochaba el haber seguido adelante con el embarazo. Se trataba de una mujer que había sufrido una violación, que estando en el lugar donde le practicarían el aborto, sintió que ella y ese bebé se merecían algo mejor y se fue, buscó ayuda para dar en adopción y se la hicieron tan complicada, que llegó a expresar “al final hubiera sido más fácil abortar”.

Estas experiencias muestran la lógica de dar el máximo de información, el máximo de posibilidades, para que lo que ha hecho pensar en el aborto tenga oportunidades de transformación, de superación. Dar el máximo de facilidades en lo que puede revertirse.

Ciertamente, no todos nos sentimos invitados a ello. Sin embargo,  al menos debiera ser considerado válido, y hasta conveniente, que  se trabaje en esa línea. Que no se la descalifique bajo el supuesto de injerencia, intromisión, o hasta de delito.  Y, claro, que tampoco ese trabajo se convierta en una causa que contabiliza éxitos, sino que sea el ofrecimiento respetuoso para allanar el camino de otras opciones posibles.

Dar opciones ayuda. Ni hablar cuando se trata de afrontar lo inesperado, lo adverso, o hasta cuando la decisión que se ha tomado o está por tomarse implica tanto de uno mismo (y en este caso, además, implica a otro que, se reconozca o no, se consideren sus derechos o no, ha empezado a existir).

Si esas opciones no se hacen visibles y alcanzables, parecerá que queda un único camino, el que, justamente, no tiene retorno. El aborto podría convertirse en una especie de nueva presión, sumada a las que ya se tuvieran en tal caso. Por más que se repita que allanarlo no es obligar, reconozcamos, al menos, que: si está ahí, y además las opciones no aparecen (o no se las deja aparecer), será cuestión de más peso avanzar con la práctica legal en su plazo, a riesgo de apurar el proceso de decisión y hasta, incluso, dejar poco espacio para las dudas mismas.

De alternativa (que en sí misma, podría cuestionarse) poco le quedará al aborto si es presentado como “lo que hay que hacer” y “los profesionales y todas las instituciones tienen que garantizar”. 

Es dudoso, al menos, si tener al alcance, tan facilitada y allanada la práctica del aborto (por si no deseo continuar, por si creo que no podré), no terminará promoviéndolo, ya que es difícil decidirse a superar las situaciones iniciales. El esfuerzo relacional que supone un embarazo podría verse debilitado ante esa facilitación.

Y esto parece tener su lógica, si reconocemos que tenemos tendencia a evadir las respuestas más complejas, que implican tales esfuerzos de superación para la persona ante esa nueva relación y para los que podrían acompañarla, que implican proteger las oportunidades de vida de las generaciones futuras, además de hacerlo en la generación actual.

A pesar de todo lo expresado, alguien podría preguntarme por qué no aceptar, sin más, que se legalice el aborto para los que decidan ir por ese camino, para volverlo “seguro”. Lo más contundente que tengo para decir, en este punto, es que elegí acompañar para que pueda evitarse. Podría acudir a diversidad de argumentos, pero comparto el más propio, aquel en el que creo y me convoca. Decidí vivir con esta respuesta, ser parte de esas facilidades para sortear lo necesario y apostar a la relación. Esto es para mí más vital que declararme en favor o en contra. Eso es lo que ofrezco.

También ofrezco el respeto a quienes elijan en otra dirección. Es la base desde la cual quiero estar, con generosidad y sin manipulación,  al servicio de esa nueva relación que convoca a la mujer a un especial protagonismo y se vuelve espejo del estado de sus relaciones anteriores y presentes, como de sus recursos personales o familiares para vivir esta transformación.
Claramente, es más difícil cuidar vínculos que individuos, cuidar a todas las generaciones a la vez, cuidar sin descuidar, fortalecer las relaciones en conflicto. Es más difícil no dejar a nadie en situación de desventaja. Pero también es cierto que es posible. Y esto nos desafía, de base, a garantizar el cuidado integral de la mujer embarazada y su hijo en gestación, posibilitando dar alcance al varón padre. Esta garantía es pieza clave en orden a la toma de decisiones responsablemente libres. Ofrecerla se hace necesario. En fin, es la respuesta que elijo dar.

* La autora es Lic en Comunicación Social. Master en Desarrollo Humano. 

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