Lunes 27.05.2024

Los rollos del Mar Muerto. Una contribución al diálogo interreligioso

Por: Adolfo Roitman

Comparte

A finales del mes de abril arribé a la ciudad de Buenos Aires, invitado por el flamante Instituto Universitario Isaac Abarbanel, perteneciente al Seminario Rabínico Latinoamericano “Marshall T. Meyer”, en calidad de profesor visitante. El propósito era brindar unas conferencias en marcos académicos diversos, en mi condición de curador de los rollos del Mar Muerto y director del Santuario del Libro, en el Museo de Israel en Jerusalén. La visita fue apoyada generosamente por la Universidad del Salvador y la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Entre estos marcos, se destacó mi presencia en la Facultad de Filosofía, Historia, Letras y Estudios Orientales de la Universidad del Salvador. En esa oportunidad brindé dos conferencias magistrales. La primera de ellas se llamó “Juan Bautista, Jesús y Pablo. Los esenios y los orígenes del cristianismo”. En la misma presenté una reseña sobre las noticias de los esenios presentes en la literatura antigua (Filón de Alejandría, Flavio Josefo, Plinio el Viejo y Dion Crisóstomo) y los hallazgos arqueológicos y textuales en Qumrán, un sitio localizado en la orilla noroccidental del Mar Muerto, con el objetivo de iluminar tradiciones neotestamentarias asociadas con las figuras estelares del cristianismo antiguo.

La segunda presentación se tituló “Los rollos del Mar Muero y su contribución al diálogo interreligioso”. En la misma presenté a título general la historia del descubrimiento de estos renombrados manuscritos antiguos, como así también describí los distintos tipos de escritos hallados en las cuevas de Qumrán entre los años 1947-1956, junto con una reseña de los contenidos centrales de los mismos. El objetivo en este caso fue demostrar que los rollos de Qumrán fueron un factor importante, por no decir fundamental, a punto tal que la Iglesia Católica proclamó la declaración de Nostra Aetate el 28 de octubre de 1965 afirmando: «Como es, por consiguiente, tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos, este Sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos, que se consigue sobre todo por medio de los estudios bíblicos y teológicos y con el diálogo fraterno». Una prueba concreta de ello fue que, en ocasión del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre el Estado de Israel y el Vaticano en diciembre de 1993, y a pedido de la Santa Sede, una exhibición de los rollos del Mar Muerto fue instalada en una sala próxima a la Capilla Sixtina, mostrando así el origen común del judaísmo rabínico y el cristianismo.

A manera de resumen puedo afirmar, que estas exposiciones sobre los temas referidos, como así también otras pronunciadas en la Feria Internacional del Libro, el Seminario Rabínico Latinoamericano, la Universidad de Buenos Aires (Facultad de Filosofía y Letras), la Universidad de Hurlingham y la Universidad Católica Argentina (Facultad de Teología), le permitieron al público general en la materia conocer el aporte fundamental que hicieron los manuscritos de Qumrán para el estudio de la sociedad, la literatura y la religión del antiguo Israel en la época greco-romana.

Pero a la par de esta dimensión intelectual y académica, creo que mi visita a Buenos Aires tuvo también otro beneficio no menos importante, a saber: promover lazos de fraternidad y tolerancia entre instituciones y hombres de buena voluntad, encontrando en la espiritualidad y sabiduría del pueblo judío de la antigüedad un mensaje relevante, en una época diezmada por la violencia, la sinrazón y los extremismos.

* Arqueólogo. Experto en Religiones Comparadas.