No esperes que el mundo mejore. Toma la iniciativa

Por: Arieh Stokman

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En este Shabat 24 de setiembre del año 2022 del calendario gregoriano, 28 del mes de Elul de 5782 del calendario hebreo, leemos en la Torá la parashá (sección) Nitzavim (estar de pie) (Deuteronomio 29:9 – 30:20)

Algo notable ocurre en la parashá de esta semana en la que casi imperceptiblemente, se cambiaron los términos de la existencia judía, teniendo implicancias de transformación de vida para todos nosotros. Moisés renovó el pacto con Dios.

Puede no parecer importante, pero lo fue.

Hasta ahora, en la historia de la humanidad tal como la relata la Torá, Dios hizo tres pactos. El primero, fue con Noe y a través de él, con toda la humanidad. El pacto de la solidaridad humana. Según los sabios, consta de siete preceptos, el más famoso de los cuales es el de la santificación de la vida humana: “Quien derrame sangre del hombre, su sangre será también derramada por el hombre, porque Dios creó al hombre a imagen suya” (Genesis.9: 6)
El segundo, fue con Abraham y sus descendientes: “Tenia Abram noventa y nueve años, cuando Dios se le apareció y le dijo: Yo soy el Dios de las Alturas. Camina en Mi presencia y se perfecto. Yo estableceré Mi alianza entre Yo y tú y te multiplicaré más y más. Abram cayó rostro en tierra, y Dios le habló así: Esta es Mi alianza que voy a pactar contigo, tu serás el padre de una multitud de naciones. No te llamaras más Abram sino Abraham pues te tengo destinado a ser padre de una multitud de naciones. Yo te hacer crecer sin límites, de ti saldrán naciones y reyes, de generación en generación. Pacto Mi alianza contigo y con tus descendientes después de ti, esta es una alianza eterna. Yo seré tu Dios y, después de ti, de tu descendencia. (Genesis 17:1/7)
Eso transformó a Abraham en el padre de una nueva fe, que no sería la fe de toda la humanidad, sino que se esforzaría por ser una bendición para toda la humanidad: “A través de ti, todas las familias de la tierra serán bendecidas.”

La tercera fue con los hijos de Jacob en los tiempos de Moisés, cuando el pueblo se paró frente al Monte Sinaí, escuchó el Decálogo y aceptó las condiciones de su destino como “un reino de sacerdotes y una nación santa.” Pero, ¿quién inició estos tres pactos?, Dios.

No fue Noe, ni Abraham ni Moisés. Fue Dios el que propuso el pacto con la humanidad.
Sin embargo, se percibe un cambio cuando trazamos la trayectoria de estos tres eventos. A Noe, Dios no le pidió ninguna respuesta específica. No hubo nada que él tuviera que hacer para mostrar que estaba de acuerdo con los términos del pacto. Supo que había siete reglas que gobernaban un comportamiento humano aceptable, pero Dios no le solicitó ningún gesto positivo que lo ratifique.
A través de todo el proceso Noe permaneció pasivo.
A Abraham sí le pidió Dios una respuesta. “Dijo Dios a Abraham: Guarda Mi alianza, tu y tus descendientes después de ti, de generación en generación. Esta es Mi alianza contigo y con tu raza después de ti, que ustedes deberán guardar todo varón entre ustedes será circuncidado. Ustedes cortaran el prepucio y esta será la señal de la alianza entre Yo y ustedes. En adelante y para siempre, todo varón entre ustedes deberá ser circuncidado a los ocho días después de su nacimiento… Esta alianza Mia grabada en la carne de ustedes es una alianza perpetua” (Genesis 17:9/13)

La palabra hebrea para la circuncisión es Milá pero al día de hoy se la denomina brit milá o simplemente, brit que obviamente es la palabra hebrea que denomina pacto. Dios nos pide, por lo menos a los varones judíos algo: una ceremonia de iniciación.

A los hijos de Jacob en el Monte Sinaí Dios les pidió mucho más. Les pidió que lo reconozcan como único y soberano legislador. El pacto del Sinaí no vino con siete preceptos como los de Noe o un octavo como el de Abraham sino con 613.
Los hijos de Jacob debían incorporar la conciencia de Dios en cada aspecto de sus vidas. Por lo tanto, al avanzar los preceptos Dios pidió cada vez más cosas a Sus socios, o para expresarlo en forma algo distinta, Él les confirió responsabilidades aún mayores.

Otra cosa ocurrió en el Sinaí que no había pasado antes. Dios le dice a Moisés que anuncie la naturaleza del pacto para ver si el pueblo está de acuerdo. Lo afirman en no menos de tres veces: “Todo el pueblo a una voz contestó: Haremos todo lo que Dios ha mandado…” (Éxodo. 19:8) “… Contestaron de una sola voz: Nosotros cumpliremos con todo lo que Dios ha dicho” (Éxodo. 24: 3) “Y el pueblo dijo:’ Todo lo que ha hablado Dios haremos y obedeceremos’” (Éxodo. 24: 7)” Dios sólo anunció los Diez Mandamientos después de que el pueblo señaló que había dado su consentimiento a ser ligado por Su palabra.

Dios no impone su mando por la fuerza. En el Sinaí la construcción del pacto fue mutua. Ambas partes debían estar de acuerdo.

O sea que el rol humano en la confección del pacto fue creciendo a lo largo del tiempo. Pero en esta parashá lo lleva a un nivel superior.
Moisés, aparentemente por iniciativa propia, renovó el pacto. “Aquí están todos hoy, en presencia de Yahvé, su Dios, sus jefes, sus tribus, sus ancianos, sus oficiales, todos los hombres de Israel con sus hijos, hijas y esposas. También el forastero que vive en tu campo para cortar la leña o para acarrear agua. Ha llegado la hora de entrar en la Alianza de Yahvé, tu Dios, mediante el juramento. Él quiere hacer de ti su pueblo y ser, El, tu Dios, como te lo dijo y como lo juró a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob”. (Deuteronomio. 29: 9/12)

Esta fue la primera vez que se renovó el pacto, pero no la última.

Los términos de la historia judía estaban por pasar de la iniciativa Divina a la iniciativa humana. Eso es lo que estaba preparando Moisés para los hijos de Jacob en el último mes de su vida. Es como si hubiera dicho: hasta ahora Dios ha conducido y ustedes lo han seguido. Ahora Dios les está entregando a ustedes las riendas de la historia. De aquí en más, son ustedes los que deben conducir. Si sus corazones están con Él, Él estará con ustedes.

Pero ustedes ya no son niños; son adultos. Un adulto aún tiene padres, como los niños, pero la relación con ellos es diferente. Un adulto sabe lo que es el peso de la responsabilidad. Un adulto no espera que otro dé el primer paso. Esa es la significación épica de Nitzavim, la parashá que está casi al final de la Torá y que leemos casi al terminar el año
Es como prepararse para un nuevo comienzo, donde actuamos para Dios en lugar de esperar que Dios actúe para nosotros. Fue un momento de transformación de vida. Toma la iniciativa. Es eso lo que estaba haciendo Moisés en el último mes de su vida, en esa larga serie de discursos públicos que componen el libro de Deuteronomio, culminando con la gran ceremonia de renovación del pacto en esta parashá.

Deuteronomio marca el fin de la niñez del pueblo judío. De ahí en más, el judaísmo se transformó en el llamado de Dios a la responsabilidad humana. Para nosotros, la fe no consiste en esperar a Dios.

La fe es la realización de lo que Dios espera de nosotros. “Y ahora, Israel, ¿Qué es lo que Adonai tu Dios demanda de ti? Sino que venerar a Adonai tu Dios, encaminarte por todas Sus Sendas, amarlo, y servir a Adonai tu Dios, con todo tu corazón y con todo tu ser.” (Deuteronomio 10:12)
En el momento que nos toca vivir, con muchas dificultades importantes que no he de enumerar, porque “a buen entendedor, pocas palabras”, la Torá nos esta enseñando que “basta de esperar que alguien nos resuelva los problemas”, hace mucho tiempo que estamos esperando la era mesiánica que no llega, somos nosotros, los seres humanos, que debemos tomar la sartén por el mango y hacer lo que debemos para vivir como Dios manda.
La política, la economía y la tecnología nos están manejando, nos estamos olvidando de escuchar para aprender valores morales, estamos contactados y a veces nos olvidamos de la letra de un tango que se llama “Cambalache” y que nos ayudaría a producir cambios para no repetir lo que allí se canta.

Ahí está la idea transformadora: cuando estés angustiado porque alguien no ha hecho por ti lo que piensas que debería haber hecho, cambia la situación y haz algo por él. No esperes que el mundo mejore. Toma la iniciativa. El mundo nos está esperando.

Amanda Adriana Arimayn. Arquitecta
Arieh Sztokman. Rabino

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