Por: Ricardo Elía
En 2026 se celebra el 900 aniversario del nacimiento de Averroes y el Año Internacional de Averroes en junio en París, organizado por el Instituto Cervantes (España). También habrá a lo largo del año conferencias en Córdoba, Madrid y Marrakesh (lugar de su fallecimiento).
Hace nueve siglos vivió en Al-Ándalus (España musulmana) Abu l-Ualid Muhammad Ibn Ahmad Ibn Rushd al-Hafid (“el Nieto”, comparándolo con su abuelo, al-Yidd), célebre en Occidente como Averroes. Nació en Córdoba en 1126, y murió en Marrakesh, hoy Marruecos, en 1198. Ibn Rushd significa en árabe ‘El Hijo de la Rectitud o de la Sensatez’. Este nombre, lleno de significación religiosa, fue adoptado por su familia al convertirse al Islam en el siglo IX.
La época de Averroes es trágica y emprendedora a la vez. Se van a producir la segunda (1146) y la tercera cruzadas (1191) y entre medio la reconquista de Palestina y Jerusalén por el sultán Saladino en 1187. Será precisamente en este tiempo cuando se produzca uno de los fenómenos más apasionantes de la historia: la transmisión del conocimiento científico y técnico del Islam, que había sido el mundo avanzado durante la Alta Edad Media, hacia el Occidente que empezaba a despegar, hacia la Europa que preparaba el Renacimiento gracias a los aportes de los sabios del Islam.
Averroes va a vivir la penúltima época dorada de al-Ándalus, antes de la eclosión final del sultanato de Granada. El pensador cordobés conoció el tiempo en que el mediterráneo occidental se gobernaba desde el palacio de los califas almohades en Marrakesh o desde la residencia de sus gobernadores en Sevilla. Cuando las universidades europeas todavía empezaban a funcionar, —la de Bolonia será fundada en 1157 y la de Oxford seis años más tarde—, los patios de las mezquitas de al-Ándalus acogían a los más prestigiosos maestros de todo el mundo conocido: en filosofía, matemáticas, química, astronomía, medicina y todas las ciencias que componían el saber de aquel tiempo. A esta época dorada que supone el califato almohade responde la figura y la obra del cordobés Averroes.
Jurisprudencia
Su abuelo Abu l-Ualid Muhammad Ibn Rushd al-Yidd (1050-1126) y su padre Abu-l-Qasim Ahmad Ibn Muhammad Ibn Rushd (1094-1168) fueron famosos juristas musulmanes y los qadí al-qudát (juez de jueces) de su época en Córdoba.
Averroes heredó la profesión y fue designado juez de jueces de Sevilla (1169) primero y luego de Córdoba (1180).
Medicina
Además de teólogo y jurista, Averroes fue un experimentado médico. Averroes fue el primero que advirtió que nadie se contagia dos veces de la viruela (los inicios de la inmunidad), y que comprendió el funcionamiento de la retina (un avance crucial en los estudios oftalmológicos). Entre 1163 y 1169 hay que situar la composición de su gran obra médica, Este trabajo está dividido en siete partes: la anatomía, la fisiología, la patología, la semiótica, la terapéutica, la conservación de la salud y la medicación. En el Libro VII, Averroes recomienda entre diversos alimentos los huevos duros y dice sobre el aceite de oliva: «Engrasa el hígado y es muy apropiado para el organismo por el conjunto de su naturaleza, por eso en nuestro país [Al-Ándalus] no se cuecen las carnes sino con él» Allí, además de exponer 300 medicamentos simples, demuestra su predilección por la medicina preventiva y la herbolaria e incorpora las investigaciones del persa ar-Razi (864-925) y del andalusí Avenzoar (1191-1162) del que fue discípulo.
Astrónomo y geógrafo
Averroes contradice a Aristóteles y critica las lagunas y errores en que incurrió el Estagirita, «… hasta el punto de que sus ideas sugirieron posiblemente a Copérnico la necesidad de explicar los movimientos de nuestro sistema planetario de modo distinto al aristotélico-tolemaico y de que un discípulo directo de Averroes, Alpetragio (m. 1204), propusiera una nueva teoría al respecto. Incluso Averroes creía con razón que el mundo habitado continuaba al sur del Ecuador, y estas ideas tal vez impulsaron a circunnavegar África en uno y otro sentido. Lo confirma el historiador y sociólogo Ibn Jaldún (1332-1406) en su obra principal «Al-Muqaddimah»: «Según la opinión de Ibn Rushd, la región ecuatorial es habitada, y las comarcas localizadas al sur de ella, guardan las mismas condiciones que los países que se dilatan al norte del Ecuador; y que, por tanto, ha de tener esa región austral la población que corresponde a las regiones boreales
Pensamiento político
Cuatro años antes de su muerte, en 1194, Averroes escribirá el «Comentario a la República de Platón», una obra eminentemente política. Según Averroes, «Para adquirir su perfección, un individuo concreto necesita de la ayuda de otras gentes. Por eso el hombre es por naturaleza político». Por eso afirma que: «No existe peor mal en el gobierno social que aquella política que hace de una sola sociedad varias, al igual que no hay mayor bien en las comunidades que aquello que las reúne y unifica. Por esto se dice que la unión de los hombres tiene sus ventajas y que nada hay que produzca mayores males y confusión en la sociedad que cuando un individuo dice algo concreto: “esto es mío y eso no lo es”.» Igualmente, describe la naturaleza del despotismo: «Respecto a lo referente al pueblo, los señores oligárquicos no tienen otra intención que la de servirse de él para sus personales intereses»
Así, juzga a los sistemas políticos de su tiempo como timocracias en el mejor de los casos, y como oligarquías, demagogias y tiranías en los más de ellos. «No hay peor condición que la del tirano» escribe reiteradamente.
En su «Tratado decisivo acerca de la concordancia de la revelación y la sabiduría», Averroes realiza una defensa fundamental de la armonía entre la filosofía (razón) y la religión (revelación). Su tesis central, a menudo resumida como “la verdad no teme al pensamiento” o “la verdad no puede contradecir a la verdad”, argumenta que el estudio filosófico no solo está permitido, sino que es obligatorio para quienes tienen capacidad intelectual.
Su sociedad modelo sería aquella en la que se realizara libremente el orden necesario, en la que no se distinguiera lo mío de lo tuyo, y en la que nadie se considerase ajeno a la comunidad de todos los hombres y las mujeres.
Asimismo, Averroes destacará la importancia de la mujer en una sociedad justa y virtuosa: «Si la naturaleza del varón y de la mujer es la misma y toda constitución que es de un mismo tipo debe dirigirse a una concreta actividad social, resulta evidente que en dicha sociedad la mujer debe realizar las mismas labores que el varón, y así podrían ser guerreros, filósofos, jefes, etc. Del mismo modo, cuando algunas mujeres han sido muy bien educadas, no ha resultado imposible que lleguen a ser filósofos y gobernantes.»
Averroes es el primero —y el único— de los pensadores de su tiempo (musulmanes, cristianos, judíos, etc.), que reivindica los derechos inalienables de las mujeres.
Juan Vernet Ginés (Barcelona, 1923-2011), arabista e islamólogo de la Universidad de Barcelona, afirma que «Averroes es posiblemente el español que mayor influjo ha ejercido a lo largo de la historia sobre el pensamiento humano. Debió tener una memoria privilegiada puesto que sus biógrafos aseguran que se sabía de memoria no sólo el Corán sino también los manuales jurídicos del Islam y las principales obras de Aristóteles.»
Averroes considera que la ley islámica obliga al estudio racional, que lo define como inferir lo desconocido a partir de lo conocido. Averroes argumenta que la Revelación exhorta al estudio racional y a la reflexión sobre todos los seres y como prueba cita varios versículos o aleyas del Corán en los que se anima a estudiar la creación y se elogia a aquellos que meditan sobre la creación de los cielos y de la tierra: «En la creación de los cielos y de la tierra y en la sucesión de la noche y el día hay, ciertamente, signos para los dotados de intelecto, que recuerdan a Dios de pie, sentados o echados, y que meditan en la creación de los cielos y de la tierra» (El Corán, 3:190-191).
El razonamiento es una actitud muy ponderada por el Corán. Por ejemplo, refiriéndose a los hipócritas, dice: «Sus disensiones internas son profundas. Los creéis unidos, pero sus corazones están desunidos. Es que son gente que no razona» (El Corán, 59:14).
En una de sus obras, el polímata cordobés revela un importante aspecto de su pensamiento: «La religión particular de los filósofos consiste en profundizar el estudio de todo lo que existe; pues no se sabría rendir a Dios un culto más sublime que el del conocimiento de sus obras, que nos conduce a conocerlo en toda su realidad.».
Frente a las actitudes de sus contemporáneos conocidos por los nombres latinizados de Avempace y Abentofail, que creían más fácil alcanzar la verdad y la felicidad por medio de la vida solitaria, apartados de la sociedad corrupta e indiferente, Averroes piensa en futuro basándose en la cosmovisión aristotélica que considera que el hombre es un animal ciudadano, por lo cual la comunidad social multiplica las experiencias, aumenta la amplitud del saber, hace crecer la inquietud por la ciencia y facilita los hallazgos de la mente humana. El hombre ha sido creado para saber y se perfecciona por el saber. La felicidad humana, por tanto, consiste también en la sabiduría, cuya última y definitiva significación es el salto de la materia al espíritu, y cuya coronación es la identidad del conocimiento con la forma de la cosa conocida.
Averroes afirma que las verdades metafísicas pueden expresarse por dos caminos: a través de la filosofía y a través de la religión (como se refleja en la idea esencial de los libros de la revelación). Aunque en realidad Averroes no propuso nunca la existencia de dos tipos de verdades, filosófica y religiosa, sus ideas fueron interpretadas incorrectamente por los pensadores cristianos, que las clasificaron de «teoría de la doble verdad».
Para el polígrafo cordobés sólo existe una verdad, pero dos medios para alcanzarla, la fe y la razón, y ambas son autónomas, pero no contradictorias, y se complementan. La diferencia está en el modo de llegar a ella según la capacidad y preparación de cada persona.
El filósofo francés y profesor de la Sorbona Etienne-Henry Gilson (1884-1978) opina: «Averroes dice que, en el Profeta (Muhammad), fe y razón, religión y filosofía coinciden».
Las ideas de Averroes fueron incorporadas a la gran obra de su compatriota, el filósofo judío cordobés en lengua árabe Maimónides (1135-1204), —médico personal del sultán Saladino— he hicieron filosofar al teólogo cristiano Tomás de Aquino (1224-1274). Ese fue el origen del surgimiento de la filosofía en la Europa cristiana y la aparición del averroísmo que anticipó el movimiento racionalista europeo y el pensamiento moderno.
Hacia 1270, el sabio franciscano inglés Roger Bacon (1214-1294), llamado el Doctor Mirabilis, perseguido por sus ideas renovadoras, dijo: «La filosofía de Averroes tiene actualmente el sufragio unánime de los doctos». Tampoco debe extrañar el elogio del poeta florentino Dante Alighieri (1265-1321) y su conocimiento del pensamiento averroísta en la Divina Comedia donde escribe: «Averroes, el que hizo el gran comentario (de Aristóteles)» (Infierno IV, 121-144).
A principios del siglo XVI, Averroes se enseñaba en Padua, gracias al humanista Pietro Pomponazzi (1462-1525).
Averroes en el Vaticano
La Escuela de Atenas (pintada entre 1510 y 1511) es la pintura más famosa del artista Rafael Sanzio (1483-1520). Representa la Filosofía, a través de una escena en la que se narra una sesión entre los filósofos clásicos. En una sección del fresco está Averroes con un turbante verde observando a Pitágoras, que está escribiendo un libro. A su lado, de pie están la filósofa y matemática Hipatia de Alejandría y el filósofo Parménides de Elea. Que un filósofo musulmán haya tenido su lugar en obra semejante, en el corazón del Vaticano (Palacio Apostólico), habla de la importancia del legado de Averroes a la humanidad.
Las enseñanzas filosóficas de Averroes no sólo influenciaron a los pensadores alto y bajomedievales —incluso al barcelonés judío Hasday Crescas (1340-1412), sino también a humanistas renacentistas como el cardenal Nicolás de Cusa (141-1464), Pico della Mirandola (1463-1494), Erasmo de Rotterdam (1466-1536), Michel de Montaigne (1533-1592), Giordano Bruno (1548-1600), y a los filósofos racionalistas del siglo XVII, como el francés René Descartes (1596-1650), el holandés judío Baruj Spinoza (1632-1677), el inglés John Locke (1632-1704) y los alemanes Immanuel Kant (1724-1804), Gotthold Ephraim Lessing (1729-1781) y Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831).
Claude Cahen (1909-1991), arabista e islamólogo de la Universidad de Estrasburgo y la Sorbona de París, finaliza una de sus obras diciendo «… el Occidente no puede olvidar que ha aprendido a pensar con Avicena y Averroes.»
Y dos últimos pensamientos de Averroes que todos nosotros deberíamos tener siempre en cuenta: «Cuatro cosas no pueden ser escondidas durante largo tiempo: la ciencia, la estupidez, la riqueza y la pobreza»; «Las ideas tienen alas, y nadie puede impedir su vuelo».
* Secretario de Cultura del Centro Islámico de la Rep. Arg.