Martes 16.06.2026

El Papa ha desaparecido

Por: Dolores Aleixandre

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Este título es también el de un librito delicioso de G. Bessière que leí allá por los años 70: un papa recientemente elegido, agobiado por el peso y el protocolo de su cargo, decide desaparecer del Vaticano, se pone a trabajar como taxista y manda este mensaje a la Curia romana: “Sigo siendo el Papa. Estén atentos a las noticias”.

Lo he recordado a propósito de la venida de León XIV a España y trato de imaginar cómo vivirá él por dentro esa manera irremediablemente cronometrada y diseñada hasta el último detalle. Hace poco vi una foto suya de cuando todavía no era más que el agustino Robert Prevost, misionero en Perú: sonreía junto a un amigo, los dos montados en unas viejas motocicletas en una calle llena de charcos.

Ajeno, pobrecillo, a lo que en un futuro no muy lejano le estaban esperando la Guardia Suiza, el papamóvil, los guardaespaldas, las aclamaciones, las pancartas y las banderitas.
No me extrañaría que sintiera algún tipo de resistencia a viajar sin apenas margen de elección y con todo previsto. Me acuerdo de un viaje a Perú en el que visité el Cuzco y me organizaron una visita guiada para ver iglesias barrocas del s. XVII con un grupo de japoneses que hacían fotos con frenesí.

Si me hubieran dejado elegir, me habría sentado tranquila a ver atardecer en aquel paisaje espectacular y, por eso, pienso que a lo mejor el Papa, si pudiera organizarse a su manera, elegiría por ejemplo moverse por el Museo del Prado a su aire, pasear por la playa de la Barceloneta o comerse un bocadillo de calamares en la Plaza Mayor de Madrid.
Es evidente que no puede porque su vida está ex-propiada y el pack del servicio que ha asumido incluye la pérdida de la libre disposición del propio tiempo, dejar de lado planes y renunciar a muchos proyectos personales. Por eso tenemos que agradecerle de corazón que esté ahí, “que no desaparezca”, y extender también el agradecimiento a otros muchos hombres y mujeres de vida expropiada dentro de la Iglesia.

Creo que de ellos diría san Ireneo lo mismo que de Jesús: que son caro oblita sui, gente olvidada de sí misma.

* Religiosa del Sagrado Corazón de Jesús (España)
cf. Vida Nueva N° 3460