El Papa y la Iglesia argentina deján atrás un año muy difícil

Por: Sergio Rubin

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Por motivos diferentes, el papa Francisco y la Iglesia católica en el país dejan atrás un 2018 por demás complicado. El flagelo de los abusos cometidos por miembros del clero acechó al papa en el sexto año de su pontificado como en ninguno de los anteriores, al punto que el modo en que afronte este problema marcará a fuego su gestión. Por su parte, la Conferencia Episcopal debió pilotear el debate sobre la legalización del aborto, que derivó en pedidos de “separación” Iglesia-Estado y campañas de “apostasía colectiva”, y hechos como la misa en Luján pedida por gremios opositores, que dispararon acusaciones de politización.

Apenas comenzado el año, en enero, Francisco debió afrontar un complicadísimo viaje a Chile, sacudido por los casos de abusos, que –mal asesorado- lo llevaron a cometer el traspié de defender al entonces obispo de Osorno, Juan Barros, acusado de haber encubierto al tristemente famoso sacerdote abusador Fernando Karadima, del cual fue, años atrás, directo colaborador. Ya en el vuelo de regreso debió pedir disculpas ante las evidencias y a su vuelta a Roma ordenar una investigación de un delegado papal, que debió escuchar muchas otras denuncias.

Tras un informe demoledor de su enviado, el arzobispo Charles Scicluna –el máximo experto en el tema de la Iglesia- Francisco convocó a El Vaticano a los obispos chilenos para analizar una respuesta contundente y, en un hecho sin precedentes, todos terminaron renunciando. Media docena de dimisiones fue aceptada. Además, invitó a las víctimas más emblemáticas a Roma para escuchar directamente de ellos su testimonio.

En agosto, llegó su viaje a Irlanda -uno de los países donde los casos de abusos cometidos por miembros del clero fueron más numerosos- para presidir el Encuentro Mundial de las Familias. Un país que poco antes había aprobado en un referéndum la legalización del aborto, tras ser hasta no hace mucho una de las dos naciones más católicas de Europa, junto con Polonia. Francisco hizo dos veces en ese país un solemne pedido de perdón –en el segundo detalló varias situaciones, incluso explotación de mujeres carenciadas por parte de monjas- y se reunió con víctimas.

El final de ese viaje le deparó un escándalo cuando un puñado de medios católicos muy conservadores difundieron una carta de un exnuncio en Estados Unidos, monseñor Carlo María Viganó, en la que acusaba a Francisco de haber encubierto al abusador cardenal Theodore Mc Carrick, exarzobispo de Chicago. Con el paso del tiempo, quedó claro que la denuncia no tenía fundamentos, que Viganó no está en todos sus cabales y que fue usada por los sectores más tradicionalistas para atacar su pontificado. Pero el mal trago para el Papa fue evidente.

Finalmente, y al tiempo que la Justicia norteamericana daba cuenta de más casos de abusos ocurridos en las últimas décadas en la Iglesia de los Estados Unidos, Francisco decidió convocar para febrero a una inédita cumbre de presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo con el fin de definir nuevas líneas de acción frente al flagelo, que se sumarán al protocolo y otras medidas que en su momento Benedicto XVI y Francisco fueron elaborando. Recientemente se pidió que antes de esa cita, en cada país, los Episcopados escuchen a víctimas de abusos.

En cuanto a la Iglesia en la Argentina, la habilitación del debate por la despenalización del aborto que dispuso el presidente Mauricio Macri en febrero sorprendió a los obispos. Pero, al igual que un sector del Gobierno, pensaron que el proyecto no pasaría por la Cámara de Diputados y por eso no se involucraron en demasía y dejaron a los llamados grupos “provida” ocuparse del tema. Tras su aprobación en la cámara baja y su pasaje al Senado, salieron a jugar fuerte con declaraciones, misas y reuniones con senadores. A lo que se sumó la ofensiva evangélica.

Si bien el proyecto fue rechazado, los cuestionamientos a la Iglesia de quienes están a favor fueron -y siguen siendo- muy fuertes. El reclamo de “separación” Iglesia-Estado obligó a los obispos a renunciar –aunque gradualmente- al aporte del Estado, que este año rondó los 130 millones de pesos, apenas el 7 % del presupuesto de la institución eclesiástica, pero de gran significación política. Ahora, el Gobierno y el Episcopado avanzan en la definición de mecanismos para que esa suma sea reemplazada por la contribución de los fieles.

En otro plano, la misa por “paz, pan y trabajo” que el arzobispo de Mercedes–Luján, Agustín Radrizzani, ofició en octubre frente a la basílica ante sindicalistas perseguidos por la Justicia como Hugo y Pablo Moyano y notables exponentes del kirchnerismo, disparó una ola de acusaciones de partidización. De poco sirvieron las aclaraciones de Radrizzani. Y tampoco sirvieron mucho las del Episcopado en cuanto a que el Papa no estaba detrás de la organización de ese oficio.

En junio, el titular de la Pastoral Social, el obispo Jorge Lugones, había dicho en un encuentro de la Iglesia en Mar del Plata que no bastaba “estar y hacer” ante el drama de la pobreza, sino también “sentir”. Así, cruzó a la oradora anterior, especialmente invitada, la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal. El episodio llevó a varios obispos a disculparse con Vidal. Por otra parte, en el Gobierno vieron la mano de Lugones detrás de la entrega por parte de una multisectorial de un crítico diagnóstico económico y social, que ocurrió a principios de diciembre.

En la tradicional visita de la cúpula del Episcopado al presidente de la Nación para transmitirle los saludos navideños, parecieron limarse asperezas. Por lo pronto, un diálogo que iba a durar media hora se prolongó más del doble. Con todo, está claro que la Iglesia seguirá en el nuevo año advirtiendo sobre la creciente pobreza que patentizó el último informe de la UCA. Pero sabe que deberá afrontar los cuestionamientos de parcialidad política y las duras críticas de los más fervorosos defensores de la despenalización del aborto, un asunto que volverá.

¿Acaso el Papa y la Iglesia argentina imaginaron que 2018 sería para ellos tan difícil?

Fuente: TN

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