Miércoles 22.05.2019

JUDAISMO - AUTOR: TZVI BAR ITZJAK

Actitud ante la adversidad

El “mencht”, en la tradición hebrea, es una persona empeñada en aportar a la construcción de una sociedad mejor a pesar de un contexto negativo.
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La t raducción literal de “mentch” es “persona”. Pero es mucho más que eso.
Es Persona con mayúscula. Palabra proveniente del idish, intenta definir a alguien que  piensa y actúa de modo de querer tornar el mundo más rico en justicia, bondad y compasión. Todos los seres poseen el potencial para tornarse “mentch”. El “mentch” no nace. Se hace por si mismo.
Según el judaísmo, cualquier persona es capaz de practicar el bien, ser justo, y tener  compasión. Según el Talmud, todas las personas nacemos con la capacidad de ser buena o mala gente. Pero “mentch” es la posibilidad de practicar una actitud buena y  positiva cuando las circunstancias justificarían plenamente que actúes de modo negativo. Practicar el “mentch” significa no especular en tu propio beneficio sino en beneficio del bien y la armonía.
Para ejercer el mal siempre existe en nuestra conciencia un argumento que lo racionalice y lo justifique, pero cuando uno reconoce que en determinadas  circunstancias es capaz de obrar tanto mal como bien, teniendo la sensibilidad
de juzgar sus propias acciones conduciéndolas hacia un comportamiento que valore la  vida, eso significa tener un comportamiento “mentch”.
En cuanto al ser justo, creemos que en nuestra alma se aloja el ser, el “yo”, que es| un “objeto” interno. La literatura de autoayuda se basa en esa idea, sosteniendo que todo lo que debemos hacer es mirar nuestro interior para encontrar la perfección. Pero este concepto es errado porque lo justo no se vincula con un trabajo interno, aislado del mundo que nos rodea. Y porque el “ser” humano, el “ser” justo, no es un objeto. Es un verbo, un proceso, una acción a través de la cual hoy puedo tornarme más justo que ayer, y mañana más justo que hoy.
Y por último: Tener compasión es la habilidad del “mentch”. Es la etapa en que, aunque nos crean tontos, damos un salto más allá y reconocemos que el otro es tan imperfecto como uno, pero que tiene la misma capacidad de transformarse y perfeccionarse. Compasión no es lástima, sino la altura para ver las cosas con armonía, delicadeza y hasta buen humor. Si los sabemos combinar con sensibilidad y sabiduría daremos con la fórmula, según la tradición judía, para que la vida sea más feliz.