JUDIOS

AMIA: una obra solidaria que la pandemia potenció

La mutual duplicó la ayuda económica, la comida se reparte en viandas y la capacitación laboral es a distancia.
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En este periodo de emergencia sanitaria, la Asociación Mutual Israelita Argentina ofrece su acompañamiento a través de distintas propuestas. “Es momento de atender la emergencia con todos los recursos humanos, físicos y monetarios en la contención que esta situación merece –afirma Daniel Pomerantz, director ejecutivo de la AMIA- y por suerte la institución está muy sólida, viene de muchos años de una administración muy eficiente en sus recursos”.

En diálogo con Valores Religiosos, Pomerantz señala que, desde la primera semana de cuarentena, revisaron todos los programas sociales para reconvertirlos. Tras hacer un análisis de los destinatarios y el nivel de contacto, evaluaron las posibilidades logísticas e incluso pidieron que cada sector de la asociación hiciera llegar sus necesidades para establecer los criterios de trabajo. Lejos de bajar los brazos, redoblaron sus esfuerzos para que nadie se quede sin asistencia. “Se planeó un apoyo integral a las familias porque muchos son cuentapropistas o pequeños comerciantes –explica-. Incrementamos de inmediato los presupuestos en subsidios y pasamos de 1.000 a 2.000 personas que los reciben mensualmente”.

Algo que siempre ha sido destacado de la AMIA es el servicio de empleo, que incluye orientación ocupacional y capacitación, de la que participan 15.000 personas por año. En este momento estos cursos son a distancia y es sorprendente la cantidad de personas que se inscriben, mucho mayor a los que optaron anteriormente por la modalidad presencial. Por eso, Pomerantz vaticina que seguramente esta práctica continuará cuando termine la pandemia, sin dejar de lado los cursos presenciales.

Otro de los servicios que se modificó fue el Centro Integral de Adultos Mayores, un espacio de socialización que brindaba las tres comidas diarias. Si bien los encuentros quedaron suspendidos, las viandas se envían a diario a los hogares. “En cuanto a la actividad recreativa –agrega-, transmitimos por Facebook o WhatsApp clases de yoga y otros ejercicios para que la gente siga vinculada”.

La institución también cuenta con gran variedad de actividades gratuitas online, como cursos de cine y teatro. Según Pomerantz, esto permite bajar el costo y subir la cantidad de asistencia, pero reconoce que es diferente a lo presencial por los vínculos que se generan.

Entre sus programas sociales, la AMIA tiene una orquesta infantojuvenil de la que participan chicos que viven en barrios carenciados de Capital Federal y del conurbano. Antes, eran retirados de sus casas para cursar en la asociación, pero hoy reciben clases individuales a distancia. “Durante el año, tenemos unas 3500 personas por mes que participan en programas sociales. El desafío –opina- es encontrar un equilibro para que no modifiquemos el sentido de la propuesta, sino que sumemos nuevos públicos que no pueden acercarse”.

La AMIA tiene contacto con otras organizaciones judías y participa del programa “Seamos uno” junto con la comunidad católica, evangélica y algunas empresas. De esta manera, Pomerantz considera que  se preparan para el futuro: “Las consecuencias no terminan con la pandemia. No tenemos clara la evolución del sistema económico, pero sabemos que va a ser una crisis muy profunda”.