Una ciudad rinde homenaje a su patrona

Avellaneda: El Concejo Deliberante dedica sesión especial a la Virgen

En su primera visita desde que llegó a la diócesis, el obispo Marcelo Margni participó del encuentro con referentes del gobierno municipal y la legislatura comunal, e instó a aprender a mirar desde el lugar de “los últimos, los pobres, los indefensos”.
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El obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Marcelo Julián Margni, participó por primera vez desde que llegó a la diócesis, de la sesión extraordinaria del Concejo Deliberante. Fue con motivo de las fiestas patronales de la ciudad de Avellaneda en honor de la Virgen María bajo su advocación de Nuestra Señora de la Asunción.

Delante de referentes del gobierno municipal y la legislatura comunal, el prelado expresó algunas ideas sobre el misterio que la Iglesia celebra el 15 de agosto y su disponibilidad para “todo lo que podamos emprender juntos, desde nuestros respectivos lugares, en favor de una vida mejor y más digna para nuestro pueblo”.

Tras explicar el significado del lema “Él (Dios) miró con bondad mi pequeñez... Elevó a los humildes”, hizo algunas sencillas reflexiones sobre la mirada del Padre y la nuestra. “Ante esta mirada compasiva de Dios se desvanecen la resignación y el desaliento, y María puede cantar a viva voz que es precisamente en la pequeñez —la suya y la de su pueblo— donde Dios viene a poner su morada y hace germinar nuevos comienzos”, puntualizó, e indicó: “Es precisamente en este punto donde, creo, la mirada de Dios pueda interpelar también nuestra mirada”.

“No pretendo ni me corresponde a mí -siguió el obispo- proponer diagnósticos ni soluciones técnicas. Y ciertamente no es algo que pueda esperarse de quienes tenemos responsabilidades en comunidades religiosas en el marco de una sociedad democrática y plural como la nuestra, cada vez más diversificada y diversa”, aclaró, y enfocó: “Lo que quisiera expresar ante ustedes es más bien una humilde reflexión como creyente que, como dije antes, precisamente por ello es también consciente de su pertenencia a una historia común, a la vida y el destino de nuestro pueblo”.

Monseñor Margni señaló que se trata de una “mirada que haga posible una realidad más humana, más humanizada”, o por el contrario, diferenció, “puede ser una mirada que nos condene a la parálisis, la desconfianza recíproca y finalmente a la desesperanza”.

El obispo reconoció que “llegamos a nuestras fiestas patronales en medio de tempestades” y profundizó: “Nuestra fragilidad —la de cada uno y cada una, la de nuestro pueblo, la de nuestro mundo— está al descubierto. La palpamos en torno a nosotros y en nosotros mismos. Y si se hace sentir la tentación de la indiferencia, la resignación y el desaliento, tanto más el canto de la Virgen deja resonar de nuevo esta certeza: Dios mira con bondad nuestra pequeñez y precisamente allí, en esta pequeñez nuestra y de nuestro pueblo, hace germinar nuevos comienzos”.

“La mirada de Dios, en este sentido, invita a asumir también nosotros un modo de mirar, de mirar a los demás, de mirarnos como pueblo, que convierta nuestra vulnerabilidad en desafío solidariamente asumido y la carencia en proyectos capaces de curar la desesperanza, el cansancio y el abatimiento”, propuso.

“Pero una mirada así sólo es posible si renunciamos a anteponer los intereses propios y los de ‘los nuestros’, y aprende a mirar más bien desde el lugar de los últimos, los pobres, los indefensos”, subrayó. También afirmó que esta fiesta patronal de Nuestra Señora de la Asunción se celebra “en un escenario desafiante y complejo”.

“Como creyente, como pastor de esta Iglesia diocesana de Avellaneda-Lanús, como miembro de este pueblo, no puedo dejar de pensar también que ese escenario sea al mismo tiempo una llamada a mirada nueva, actitudes nuevas, compromisos nuevos, que comenzando desde los últimos, hagan germinar un porvenir de esperanza para todo nuestro pueblo”, concluyó.

Fuente: AICA