LA PRESENCIA ARGENTINA

Cánticos y mucha emoción

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La presencia argentina en la Jornada Mundial de la Juventud realizada en Madrid no pasó desapercibida. Ni por el número -unos 10.000 entre inscriptos y los que se sumaron espontáneamente-, ni por su contagioso entusiasmo, fácilmente identificable por las banderas celestes y blancas que agitaban por todos lados: en las calles, en los colectivos y subtes, en los actos masivos. Y si bien los argentinos vivieron con intensidad cada momento de esa jornada, todos coinciden en que fue particularmente tocante la misa que se celebró para la delegación argentina en la iglesia madrileña de Santa Mónica. Luego de que se fueron concentrando en las cercanías entonando cánticos, unos 2000 jóvenes desbordaron el templo.
La celebración comenzó con el ingreso de la Virgen de Luján, tan cara al sentir de los argentinos. En las intenciones se rezó por la patria, las familias y los jóvenes en situación de riesgo. El obispo Raúl Martín, delegado para la Pastoral Nacional de Juventud, que presidió la misa, evocó la figura de otro argentino, el recordado cardenal Eduardo Pironio, gran impulsor de las Jornadas Mundiales de la Juventud.
Entre los ocho obispos que concelebraron, se contaba el de San Isidro, Jorge Casaretto, activo organizador de la Jornada Mundial de la Juventud que
el Papa Juan Pablo II encabezó en Buenos Aires en 1987. Y que congregó a una multitud en la Avenida 9 de Julio, siendo la primera que se realizó
fuera de Roma.
En aquel encuentro, el “himno” había sido el tema “Un nuevo sol”, que los jóvenes volvieron a entonar en Santa Mónica, sin poder evitar que la  emoción los embargara.