Celebrar con la esperanza de construir juntos el país

Por: Rodrigo Zarazaga

Lección. La pandemia expuso nuestra historia de fracasos. El nacimiento de Jesús puede ayudarnos a salir adelante.
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Tras sus pasos, las tragedias dejan a la vista sus despojos. La que estamos viviendo expone toda nuestra historia de fracasos junto con las heridas que abrieron. Las estadísticas, como la enfermedad, parecieran ensañarse con los más vulnerables. El 40% de los argentinos vive en la pobreza. Más descorazonador aún, el 56% de los menores de 14 años crece en esa condición y más de un millón de estos niños no alcanza a cubrir la canasta básica alimentaria. El 75% del desarrollo residencial en el conurbano bonaerense se concentra en countries y en sus más de 1400 villas y asentamientos; exacto reflejo de nuestra creciente desigualdad. Ante este escenario podemos preguntarnos: ¿se puede celebrar la Navidad?

Ciertamente podemos intentar hacerlo desde la negación. Podemos convertirnos en ciegos ante las realidades de los otros y entregarnos al consumismo propio de los guetos narcisistas. Un consumismo que no está hecho solo de fuegos artificiales y regalos, sino también de todos los lugares comunes que confirman al propio gueto: celebrar culpando a los otros de los fracasos colectivos y propugnar su eliminación como única vía de progreso. Se puede celebrar la Navidad así, es cierto; pero no es cristiano ni conducente; el otro siempre se niega a desaparecer.

Existe otra manera de celebrar la Navidad y es desde la esperanza que nos trae un Dios que se hace cargo de la humanidad con todas nuestras debilidades. “El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz”, dice Isaías. El niño nacido en un humilde pesebre puede iluminar nuestras tinieblas, nuestro escepticismo, nuestra tragedia. Desde la reconciliación, a la que nos lleva descubrir que Dios puede habitar en cada uno de nosotros, podemos salir del propio yo, de nuestros guetos, e ir al encuentro del otro, especialmente del que más sufre. Celebrar en la esperanza de que podemos ser juntos. Creyentes y no creyentes somos capaces de esta fe en los otros que nos lleva a salir de nosotros mismos para construir un país más equitativo.

Esta esperanza tiene su dimensión utópica; supone soñar un Cielo, y, por esto, en ocasiones, puede parecernos mera fantasía. La decepción es capaz de hundirnos en el escepticismo y llevarnos a repetir los credos del fracaso. La imposibilidad de un Cielo clausura, en este caso, cualquier celebración. Ayuda entonces ver que, en medio de una realidad muy cruda, existen también experiencias en las que nos encontramos y construimos una sociedad más justa. Miles de referentes sociales empujan, con escasos recursos, comedores y centros comunitarios que asisten a sus vecinos y construyen comunidad. Más de 5000 voluntarios repartieron, en medio de la pandemia, 60.000.000 de raciones de comida del programa Seamos Uno. En esta iniciativa pudimos articular lo mejor de cada sector, público, privado, iglesias y sociedad civil, para atender a los más necesitados durante la cuarentena. Son muchos los que eligen pasar la Nochebuena de manera solidaria con los que están solos o con los que menos tienen. Si somos capaces de entender que estamos en el mismo barco y que para construir una Argentina más justa e igualitaria debemos salir de nosotros mismos; entonces, hay razones para celebrar la Navidad.

* El autor fue uno de los organizadores del proyecto “Seamos Uno” que repartió un millón de cajas con alimentos y productos de limpieza.