Miércoles 23.06.2021

ya eran diocesanos en el país

Chile: El Papa nombra a dos obispos tras renuncias de 2018

Jorge Vega Velasco pasará de Illapel a Valparaíso y Guillermo Vera Soto, de Iquique a Rancagua. Ambas diócesis tenían administradores apostólicos a raíz de la dimisión en bloque del Episcopado chileno por la crisis de abusos hace tres años.
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La Santa Sede anunció este martes la designación de obispos en Chile para dos diócesis sede vacante desde que renunció el episcopado en bloque por el escándalo de abusos.

Los nombrados son Jorge Vega Velasco, actual obispo prelado de Illapel, que será obispo de Valparaíso; y  Guillermo Vera Soto, actual obispo de Iquique, quien pasará a ser obispo de Rancagua. Ambas diócesis tenían administrador apostólico desde junio de 2018 cuando el Papa Francisco aceptó las renuncias de varios obispos en medio de la aguda crisis originada por las denuncias de abusos sexuales y encubrimientos.
 
En ese contexto Pedro Ossandón, obispo auxiliar de Santiago, asumió como administrador apostólico en Valparaíso y ahora regresa a su cargo de origen, mientras en Rancagua asumió como administrador otro auxiliar de Santiago, Fernando Ramos, quien fue nombrado arzobispo de Puerto Montt y reemplazado por el actual obispo de San Bernardo, hasta ahora.

Jorge Vega Velasco

Nació en Santiago en junio de 1957. A los 20 años ingresó al noviciado de los Misioneros del Verbo Divino (SVD) donde emitió sus votos solemnes en marzo de 1983. Al año siguiente fue ordenado sacerdote y a los pocos meses enviado como misionero a Angola, en África, donde permaneció por 14 años en ministerios parroquiales y como rector de un seminario diocesano. En 1999,  regresó a Chile donde desempeñó cargos relacionados con las misiones, incluso director nacional de las Obras Misionales Pontificias entre 2003 y 2010. En febrero de 2010, el Papa Benedicto XVI lo nombró obispo prelado de Illapel, fue consagrado el 17 de abril de 2010 y tomó posesión de la prelatura el 30 de abril de 2010, en el 50º aniversario de esa jurisdicción eclesiástica.

Guillermo Vera Soto

Nació en Isla de Maipo, localidad cercana a Santiago, en junio de 1958. Hizo sus estudios primarios y secundarios en su ciudad de origen e ingresó al Pontificio Seminario Mayor de Santiago. Fue ordenado sacerdote el 12 de junio de 1982. Incardinado en la diócesis de Melipilla, fue párroco, decano, encargado diocesano de Pastoral familiar y miembro del Consejo de Gobierno de su diócesis. En abril de 2003, el Papa Juan Pablo II lo nombró obispo de la entonces prelatura territorial de Calama y recibió la ordenación episcopal el 31 de mayo de 2003. El 20 de febrero de 2010 la prelatura de Calama fue elevada a diócesis con el nuevo nombre de “San Juan Bautista de Calama”, siendo nombrado Vera Soto su primer obispo. En febrero de 2014, el Papa Francisco lo nombró obispo de Iquique y asumió dicha diócesis el 29 de marzo de 2014.

Con estas designaciones la prelatura de Illapel y la diócesis de Iquique quedan sedes vacantes.

Con olor a oveja

En parte de su saludo a la iglesia de Valparaíso, el obispo Vera dice: “Estoy consciente que me incorporo a un caminar que ustedes, como Iglesia, ya vienen haciendo desde hace muchos años, pero que al unirme a ese caminar eclesial asumo un papel importante en la marcha: ser un pastor que anima, guía y protege. Para que esto sea posible, buscaré hacer vida en mí lo que el Santo Padre el Papa Francisco nos ha pedido a los pastores: ser un pastor “con olor a oveja”.

Por su parte, el próximo obispo de Rancagua dice en parte de su saludo a esa iglesia: “quiero llegar hasta ustedes como padre, pastor, hermano y amigo para que juntos podamos seguir caminando por el sendero de la Fe que tantos pastores y fieles han ido construyendo desde los inicios de la evangelización hasta ahora en esa hermosa zona y ya casi centenaria diócesis”.

También el administrador apostólico de Rancagua, Juan Ignacio González, difundió un saludo al nuevo obispo en el que le dice que “llega a una diócesis que ha sido probada por sufrimientos fuertes, que el paso del tiempo, el trabajo arduo de todos y, particularmente, la gracia de Dios, van permitiendo dejar atrás, para caminar en el anuncio misionero del Evangelio”.

Con estos nombramientos ya no quedan sedes vacantes originadas en el momento más agudo de la crisis de la Iglesia chilena, cerrando un proceso marcado por el largo período de espera y el silencio pontificio después de su dura intervención ante todos los obispos chilenos en mayo de 2018.


Fuente: Vida Nueva